PRÓXIMAS ACTIVIDADES


* CONTACONTES:

Històries de Nasrudín, riure i pensar amb Nasrudín, a càrrec de Halil Bárcena.

20-11-2017 a les 18'00 h.

Biblioteca Marià Vayreda, Pati 2, Olot.


* CONFERÈNCIA:

"Què és el sufisme?", a càrrec de

Halil Bárcena.

Casal Marià, Passatge Bisbe Guillamet 7, Olot.

20-11-2017 a les 20'00 h.

¡... Eyval·lah ...!

AVISO PARA NAVEGANTES

Amigas y amigos:

Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del místico persa Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví, en nuestro ámbito cultural.

Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro Institut. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.

Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam espiritual, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la
sunna muhammadiana, con lo que no es de orden terapéutico, ni pertenece a la categoría de la auto-ayuda, el crecimiento personal, el coaching u otros sucedáneos.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan semanalmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.

Para cualquier tipo de consulta o información, no duden en poneros en contacto con nosotros, a través de nuestra dirección de correo electrónico: sufismo786@yahoo.es

También nos pueden encontrar aquí:

Reciban un cordial saludo derviche, sean quienes sean y lo que sean, estén donde estén, y muchas gracias por su visita. Pero, antes de concluir, una advertencia importante: tal vez el nuestro sea el único blog sufí del mundo en el que se escribe acerca del noble y caballeresco deporte del rugby (y del deporte tradicional en general). Por consiguiente, quien tenga excesivas manías al respecto no hallará aquí su lugar.

¡Huuuuuuu ... !

Halil Bárcena
Director de l'IES

Yâ man Hû...!

Yâ man Hû...!

CONTACTO

Si está interesado en los contenidos del presente 'blog',
póngase en contacto con el 'Institut d'Estudis Sufís' aquí:

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cuentos: La humildad


La humildad




Un joven aspirante a derviche se dirigió un día en estos términos a su pîr o maestro espiritual:
- Amado maestro, deseo que me enseñes la humildad.

Y esta fue la respuesta del pîr:
- No, no puedo hacerlo, porque la humildad es maestra de sí misma. Se aprende mediante su propia práctica. De tal manera que si no la puedes practicar tampoco la podrás aprender.


La humildad, como el amor o la generosidad, no se puede enseñar. Se aprende a ser humilde siendo humilde, igual que se aprende a amar amando. Y lo mismo sucede con el arte o la espiritualidad. En el camino interior todo se puede aprender y nada o casi nada es lo que se puede enseñar.



Halil Bárcena

Halil Bárcena, el meu Nadal


El meu Nadal






1. ¿Què és el Nadal per a tu?

Halil Bárcena: El Nadal fou quelcom, però ja no és res, tret d’un record, bell record, d’infància. El Nadal fou l’espai de la màgia i la il·lusió. Al Nadal venien els Reis, que eren mags i eren d’Orient, i portaven regals, no molts, és cert, però més que suficients, si tenim en compte que la meva fou una infància de força privacions. Però, insisteixo, d’això ja fa molts i molts anys. Els temps canvien i amb ells els sentiments. I ara, per a mi, el Nadal és les vacances d’hivern, un temps propici per a viatjar.

2. ¿Com el celebraràs?

H.B. Com ha estat costum en els darrers anys, força anys ja, aprofitaré les vacances nadalenques per a viatjar lluny, molt lluny, on el temps és benigne i convida a somniar. És a dir, faré el mateix que fan tants i tants catalans, viatjar. Però, si us plau, que ningú no es confongui, perquè viatjar no és fugir, viatjar és... ¡viatjar! Això sí, la nit de Reis, sigui on sigui, hi haurà regals. I és que és tan bonic donar, quelcom que els Reis, que eren mags i venien d’Orient, ens ensenyaren fa molt i molt de temps. I això alguns no ho hem oblidat.

(Entrevista realitzada per Mireia Rourera per al diari en català Avui, 25-12-2010, p. 27)

Cine: "Poesía" de Changdong Lee



La poesía de Poesía,

film del coreano Changdong Lee



Lili Castella





La historia de Mija Yang es una historia aparentemente anodina e insignificante. Mija es una señora dulce y llena de delicadeza a la que le gusta llevar sombreros floreados y vestir ropa elegante, vive en una ciudad coreana de provincias con su nieto adolescente, y trabaja asistiendo a un anciano impedido y malhumorado. Un día, sin embargo, la vida de Mija empieza a cobrar una intensidad inusitada puesto que se ve enfrentada a asumir un anhelo y un reto. El anhelo es aprender a escribir poesía, y el reto, asumir que su nieto participó en un acto de terrible violencia que llevó al suicidio a una compañera de colegio. De esto trata Poesía (2010), película dirigida por el cineasta coreano Chandong Lee, autor también del magnífico guión del film.

Pero, volvamos a Mija y la primera clase de poesía a la que decide asistir. Ese día, el profesor explica algo que Mija no olvidará jamás. Afirma el profesor que para escribir poesía tan sólo una cosa es necesaria: aprender a ver. Pero, ¿ver qué? Todo cuanto nos rodea, por cotidiano o feo que pueda parecernos. Y es así como el anhelo y el reto a los que se enfrenta nuestra protagonista empiezan a dialogar entre sí hasta hacerse uno. El anhelo de Mija por ver es limpio y sincero, puesto que quiere verlo todo, le guste o no, le duela o no. Y, así, empieza a ver las hojas mecidas por el viento y el laboratorio en el que los adolescentes violaron a la niña, las flores rojas y el río al que la niña se arrojó, el sabor del fruto maduro y el dolor de la madre de la niña. Ver la realidad tal cual es, se vuelve para Mija en centro irrenunciable e insobornable. Tener dicho centro otorga a la Sra. Yang, tan aparentemente frágil y delicada, una fuerza inusitada. No proyecta su dolor sobre nadie, no rehúye nada, no juzga nada ni a nadie: sólo ve la realidad y actúa en consecuencia, como corresponde. En palabras del gran maestro sufí Abû Madyan (m. 1198) “Cumplir plenamente lo que corresponde a cada momento significa controlar los movimientos interiores y cumplir con lo que exige la realidad de cada instante” [1]. Es decir, existe un actuar que no nace de la mirada superficial sino del ver en profundidad, que no nace del pesar o de la alegría, de lo que a uno le gusta o le disgusta, sino de lo que exige la realidad: es, pues, un actuar desde el centro obejtivo.

Y continúa Abû Madyan: “¿No sabe acaso el ‘ârif [hombre de conocimiento] lo que el instante le reclama? Cada momento le solicita con una forma distinta de obediencia a Dios” [2]. El actuar al que se refiere el maestro andalusí no es un actuar en función de la moral, siempre rígida y estática. Ello lo sabe bien nuestra protagonista, que, guiada únicamente por el ver, transgrede los principios morales que hasta el momento habían regido su conducta, de modo que no duda en mentir, complacer sexualmente a su paciente o incluso hacer detener a su nieto. Y todo ello lo hace con dulzura, sin juzgar, por amor y compromiso a la verdad de lo que ve.



En el actuar de quien ve, nada es lo que parece. Nada es más doloroso ni desgarrador para Mija que no encubrir a su nieto y denunciarlo. Pero Mija parece comprender que hay algo sagrado y un enorme respeto a la realidad y a los demás, en dejar que cada cual asuma sus pruebas. Por esto es absolutamente conmovedora y tierna, por lo que tiene de cotidiana e íntima, y sin embargo poética, la escena en que Mija, sabiendo inminente la detención, comprueba, como si de un ritual de limpieza se tratara, que no quede ni el más mínimo rastro de suciedad en los pies de su nieto.

La lucidez de quien ve y comprende, tiene un alto precio. En el caso de Mija es hacerse uno con el destino de la niña que murió. Mija, que no asiste a la última clase de poesía pero deja un precioso ramo de flores en la mesa del profesor (el agradecimiento… ¡siempre el agradecimiento!), ha sido la única del grupo capaz de escribir un poema. Pero no es la voz en off de Mija quien lo lee, sino la de la niña.

Notas:
(1) y (2) Sheij Ahmad Al- ‘Alâwî, El fruto de las palabras inspiradas. Comentario a las Enseñanzas de Abû Madyan de Sevilla, Córdoba: Almuzara, 2007, pp. 355-356.


Lili Castella
es licenciada en Derecho. Pianista y rebabista del grupo 'Ushâq. Coordinadora de activdades del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Jafar Panahi, condenado



En defensa de Jafar Panahi



Halil Bárcena






Uno de los cines más creativos e innovadores que se está haciendo en el mundo, desde hace ya unos cuantos lustros, es el iraní; y ello a pesar de las condiciones tan adversas impuestas por un régimen de religiosos iluminados empecinados en hacer la vida imposible a un pueblo culto y de fértil profundidad histórica que, sin duda, se merecería algo mucho mejor. Pero eso es lo que ocurre cuando los religiosos pretenden dirigir desde el poder el destino de las personas y de los pueblos. La última mamarrachada del regimen iraní le ha tocado en suerte al afamado cineasta Jafar Panahi, director de El círculo, León de Oro en el festival de Venecia del 2000, y Offside, Oso de Plata en el festival de Berlín del 2006, dos largometrajes extraordinarios. El caso es que un tribunal iraní lo ha condenado, junto al también cineasta Mohamed Rasulov, a seis años de prisión, acusado de preparar un film en contra del actual presidente de la República islámica, Mahmud Ahmadineyad. Sin embargo, todo el mundo sabe que el verdadero crimen de Panahi no es otro que el apoyo prestado, meses atrás, a la oposición democrática iraní en su denuncia del tongo electoral producido en las últimas elecciones presidenciales, en las que se impuso Ahmadineyad de forma un tanto irregular. Esperamos y deseamos que tanto la oposición interna iraní (Abbas Kiarostamí, padre del cine iraní contemporáneo ya se ha pronunciado a su favor) como la presión internacional surtan efecto y Panahi sea liberado en breve.

Salud y meditación en TV2


Salud y meditación en televisión



No es muy frecuente que las televisiones se preocupen por temas relacionados con la espiritualidad y, menos aún, que se invite a hablar a alguien desde el sufismo, una tradición de sabiduría que tiene tanto que decir al respecto. Es cierto que, a lo visto, la única puerta de acceso a lo espiritual en nuestro entorno, al menos la más habitual, es la de la salud o la terapéutica. Es decir, si algo cura es reconocido, dado el valor supremo que nuestra sociedad concede al hecho de encontrarse bien. Así, corremos el peligro de que las grandes tradiciones de sabiduría orientales (zen, yoga y sufismo, pongamos por caso) sean reducidas a meras terapias en nuestro occidente de hoy, tan desorientado y tan desmantelado axiológicamente hablando. El pasado día 22 de diciembre, en el programa "Para todos la 2", del segundo canal de TVE, emitido desde los estudios de Sant Cugat para todo el Estado español, tuvo lugar una tertulia sobre salud y meditación, en la que participaron la Dra. Gloria Borràs, ginecóloga y experta en yoga; Natalia Caycedo, psiquiatra, hija del Dr. Alfonso Caycedo, creador de la sofrología; y Halil Bárcena, director del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona. Si deseas ver lo que allí se dijo, aquí tienes el vídeo:

lunes, 20 de diciembre de 2010

Tener un centro



Tener un centro


Halil Bárcena





Tener un centro. Así titula el metafísico musulmán Fritjof Schuon uno de sus libros, a mi modo de ver, más sugerentes y aguijoneadores. Según Schuon, ser una persona normal es ser homogéneo, y ser homogéneo es tener un centro. "El hombre normal", prosigue Schuon, "es aquel cuyas tendencias son, si no completamente unívocas, al menos concordantes, es decir, suficientemente concordantes para poder vehicular ese centro decisivo que podemos denominar el sentido del Absoluto o el amor a Dios". Tener un centro, algo tan difícil y poco común en nuestra atribulada, descentrada y dispersa contemporaneidad, constituye la preocupación mayor del sufismo.





Es preciso recordar que tener un centro en modo alguno significa estar siempre bien. Y es que tener un centro es totalmente independiente del pesar y la alegría. Quien tiene un centro, quien descubre y habita para siempre en el centro de su centro, ve pasar ante sí tanto la primavera como el otoño, y puede hacerlo con lágrimas en los ojos o con una dulce sonrisa de felicidad en sus labios, pero, más allá de las emociones puntuales, el centro no se pierde jamás. Y es que poco importa que uno se halle dilatado, expandido y contento (a dicha fase los sufíes la denominan bast) o que, por el contrario, alguien se encuentre contraído y pesaroso (qabd, en el lenguaje técnico sufí). En otras palabras, el centro, que en el plano físico podríamos localizar por debajo del ombligo, en el vientre, ahí donde los japoneses sitúan el hara y desde donde danza el derviche mevleví, se halla más allá de las circunstancias precisas, ya sean estas dulces o amargas, y de cualquier contingencia.

La primera labor a realizar cuando uno se inicia en la senda sufí (¡algo válido para cualquier actividad vital!) es colocar correctamente el eje de coordenades. Expresado en términos marineros, sería saber por dónde sopla el viento. Y es que el viento sólo es favorable cuando el rumbo está bien marcado. Sin embargo, en modo alguno es suficiente con esto. El paso siguiente es tener un centro, pero para tenerlo es preciso hallarlo previamente. Descubrir el centro requiere dos cosas: primero, una comprensión intelectual clara de qué es el centro y de qué hablamos cuando hablamos del centro; y, en segundo lugar, un trabajo práctico específico que incluye también la corporalidad, tal como, por ejemplo, llevan a cabo los derviches mevlevíes en su aprendizaje de la danza circular, una de cuyas finalidades es, justamente, descubrir el centro, que se halla en la región umbilical, y fundirse en su quietud vibrante.



Sumergirse en el descubrimiento del centro constituye un paso mucho más serio, comprometido y determinante de lo que uno pudiera imaginar a priori. Y es que tener un centro y habitar en él comporta haber desplazado el centro vital desde el que uno es. Tener un centro significa haber dejado atrás todo egoísmo, para residir en la presencia de lo único que verdaderamente es real y que reside más allá de las trampas que el ego nos impone. Por consiguiente, trabajar por descubrir y tener un centro no es un juego que se realice dos veces por semana, en sesiones de mañana o tarde, como hoy se publicitan tantas cosas en el supermercado espiritual occidental. Tener un centro es una labor de años. Dice Mawlânâ Rûmî (m. 1273): "Se necesitan años para que el rubí obtenga del sol su color, su brillo, su esplendor". Años y mucha determinación y lucidez, puesto que los años, sin más y por sí solos, no garantizan jamás nada.

Es preciso saber qué se está construyendo y sobre qué se está construyendo, si bien a veces el camino interior no sea sino echar abajo todo constructo egoico que hayamos podido edificar. Dicho sin embudos, la querencia más o menos volátil por la poesía (¡tan embriagadora, como dicen algunos cursis y esnobs!) de Rûmî, el gusto por la música sufí, el interés por las (mal llamadas) danzas sufíes, un cierto gusto por lo alternativo (desde la alimentación y la forma de vestir, a ciertas ideas perversamente bienintencionadas), todo eso no es suficiente (¡me atrevería a decir que es contraproducente incluso!) para hollar la senda sufí de manera firme y real. Sobre toda esa serie de vaguedades (que en el peor de los casos no pasan de ser modas) propias de un instante histórico como el presente, tan fluctuante y enfermizante débil, tan carente de solidez y firmeza, no se puede asentar nada consistente que nos permita alzarnos por encima de los caprichos y cortedad de miras de nuestro ego. Al fin y al cabo, todo eso no dejan de ser entretenimientos, como pudieran ser otros. Como mucho llegan a convertirse en formas cultas y espirituales (que en algunos casos quedan muy bien) de perder el tiempo. Pero, nada de eso ayuda a descubrir y tener un centro.



Tener un centro exige fortaleza personal, pero sobre todo vaciamiento. Quien aspire a tener un centro ha de vaciar su mente, su corazón y... ¡la agenda! Tenemos, digámoslo así, muchos (¡demasiados!) centros (¡que además nos descentran más y más!), pero no un centro. Y el caso es que sin este centro, el único que cuenta y el único que merece ser llamado centro, no hay nada que hacer en nada, no ya en el ámbito espiritual, sino tampoco en el vital, si es que ambos se pueden deslindar tan fácilmente. Tener muchos centros y una agenda de relaciones y actividades llena puede convertirnos en hombres (o mujeres) poderosos, pero sólo quien tiene un centro se convierte en un hombre (o mujer) de poder.

Volviendo a Schuon, podríamos afirmar que quien posee un centro, el ser humano homogéneo, según su propia terminología, es una persona madura espiritual y vitalmente hablando, alguien capaz de producir y ofrecer los frutos (¡los más dulces!) de su recuperada unidad. Al fin y al cabo, la inmadurez, que no siempre tiene que ver con la edad, aunque durante la juventud esto aún no se puede comprender en su totalidad, no es sino una forma de concebir las cosas basada en la ignorancia de las leyes de la vida. A mayor abundamiento, sólo tener un centro otorga paz, la gran paz interior de quien se sabe uno unificado, y habitado por el mismo dinamismo vital que anima a las rosas, los océanos y las estrellas que pueblan las noches despejadas. Alguien, además, que posee un centro es siempre digno de confianza, a diferencia de quien está disperso y descentrado. Y lo es puesto que significa que no carece de eje interior. De ahí que en presencia de alguien que tiene un centro uno pueda sentirse por momentos en paz, o lo que es lo mismo, centrado.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Firâsa, una mirada penetrante


Firâsa,
una mirada penetrante



Halil Bárcena







Las hagiografías sufíes, que alimentan buena parte de la piedad popular islámica, recogen a menudo numerosas karamât o acciones extraordinarias, milagrosas podríamos decir incluso, llevadas a cabo por aquellos que el Corán denomina awliyâ' o amigos íntimos de Al·lâh, es decir, los maestros sufíes realizados, mal llamados santos sufíes, puesto que en la espiritualidad islámica no existe algo parecido a la santidad, tal como se conoce, por ejemplo, en la tradición cristiana. Según los primeros tratadistas sufíes, Hujwîrî (m. 1071) por ejemplo, todo el sufismo reposa sobre la wilâya o proximidad (en tanto que intimidad) a la divinidad. El walî (pl. awliyâ'), esto es, el amigo íntimo de Al·lâh, es alguien que dada su naturaleza espiritual se dice que vive bajo una protección especial. Dicho de otro modo, el walî y, por extensión, el sufí realizado, no es un hombre poderoso, ya que nada posee, pero sí es un hombre de poder Afirma el texto alcoránico de los que viven en la proximidad divina: "Ciertamente, los amigos de Al·lâh no experimentan temor alguno y no estarán tristes" (10, 62).

De entre los poderes atribuidos a los awliyâ', recogidos en las obras hagiográficas sufíes, destacamos lo que en árabe se conoce como firâsa, que la islamóloga Annemarie Schimmel tradujo por "cardiognosia" o lectura del corazón. En efecto, el sabio sufí, en virtud de su proximidad a Al·lâh, esto es, de su grado de desarrollo espiritual, es capaz de ver en el interior del corazón del discípulo (o de cualquiera que se muestre ante él). Los primeros tratadistas sufíes aseguraban que el verdadero sufí es capaz de ver más allá del velo de las apariencias dado que, como afirma Mawlânâ Rûmî (m. 1273): "Ese ve gracias a la luz de Al·lâh, pues ese es el medio para saber lo que se oculta bajo la piel" (Masnaví I, 3520-21 ).





No cabe duda que el lenguaje de las hagiografías sufíes está profundamente mitologizado, lo cual puede confundir -¡hasta extraviar!- al lector laico de hoy. Pero, hay algo en el concepto de firâsa que debe ser retenido, más allá de su presentación en tanto que milagro, aspecto éste que nos interesa bien poco. En otras palabras, el sufí es quien ve de verdad, quien posee la capacidad de penetrar la realidad con su mirada. Dado que se ha vaciado, que vive desposeído de sí mismo, el sufí, cuando mira, ve la realidad, cosas y personas, tal como son. La del sufí es una mirada que no juzga, sino que describe lo que hay, más allá de las simples apariencias, en las que se enreda y enzarza la mirada vulgar; la suya es, pues, una mirada objetiva, y ya se sabe que ser objetivo es morir un poquito a sí mismo.

El ser interior del sufí es como un espejo bruñido, de tal modo que los hechos, cosas y personas se reflejan en él tal como son. De ahí que al sufí no se le escape nada. Ese y no otro es el secreto, el milagro incluso, que se esconde tras la mirada del sufí, que ve porque en su interior no hay nada, con lo que todo puede reflejarse en él sin distorsión alguna. Por el contrario, quien vive enredado en la maraña de sus emociones cambiantes es incapaz de ver nada, más allá de la corteza de las cosas, pues sus ojos están enturbiados. La mirada del sufí es penetrante, de acuerdo, pero ¿es triste también? A veces, podría serlo; y la razón es que él es el único capaz de ver la necedad humana tras el velo de las falsas apariencias, el fondo de egoísmo e hipocresía que subyace a tantos actos bienintencionados, tantas palabras grandilocuentes e hinchadas de trascendentalismo (¡amor, amistad, espiritualidad, sin ir más lejos!), pero a la postre hueras. Es de suponer que por todo ello un viejo derviche persa, cuyo nombre tanto da ahora, dijera una vez que ver es sufrir. Y es que el precio de la visión, el de la lucidez implacable, es muy alto.

Dîwân de Hal·lâj (14)



Dîwân de Hal·lâj (m. 922)






14
1. Els secrets íntims que guarda són l’intèrpret del meu cor
quan es troba amb el teu cor en el secret.

2. Però, ¿què succeeix al secret del meu cor,
que per a ell cobejo el secret del teu? (1)

3. ¿I què passa amb els negocis,
que se’m mana d’acomplir-los quan ja ha conclòs el meu
destí?

4. I a la paciència de la meva paciència, ¿què li passa,
que se’m mana de tenir-ne quan tant escasseja en mi?


Notes:
(1) El poeta juga en els dos primers versos del poema amb el doble significat del mot àrab sirr, que vol dir ‘cor’ i ‘secret’.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

Libros: Jack London


Jack London
El lobo de mar
Madrid, Alianza Editorial, 2008



Bajo la apariencia de un simple libro de aventuras, El lobo de mar, de Jack London, esconde la trepidante historia de lucha y pasión de dos individuos que caminan por sendas opuestas. Uno es Humphrey Van Weyden, un caballero idealista y refinado, crítico literario de oficio, que es recogido de un naufragio por una goleta dedicada a la caza de ballenas y que acaba siendo uno de sus marineros. El otro es Lobo Larsen, capitán de dicha goleta, hombre brutal y a la vez cultivado, que ama los retos y está dotado de una inteligencia instintiv, así como de una fuerza descomunal. El encuentro del protagonista con este verdadero animal de mar y la lucha frente a las adversidades a las cuales deberá enfrentarse este intelectual no acostumbrado a las inclemencias de la vida marinera, será para él una suerte de zur-hané [literalmente "casa de fuerza"; arte marcial persa, muy apreciado por los derviches orientales] que lo llevará a fortalecerse e ir más allá de sus limitaciones. Del mundo de las ideas y las elucubraciones mentales, este hombre aterrizará sin haberlo previsto, ni tampoco deseado, en el mundo real, muchas veces cruel y despiadado, pero a la vez intenso y sorprendente. La dureza de las circunstancias que han modelado el carácter de Lobo Larsen, llevándolo hacia la oscuridad, hará que se desvanezca la debilidad del protagonista, que acabará convertiéndose, gracias a la intervención del amor, encarnado en Maud Brewster, una mujer fuerte y al tiempo delicada, en un lúcido y apasionado hombre de acción. Además de algunos diálogos entre los protagonistas, que no tienen desperdicio, el libro que reseñamos tiene todos los ingredientes para atrapar al lector: amor, amistad, lucha por la supervivencia, intriga, combate entre el bien y el mal, el mar y la vida marinera como escenario épico. Al mismo tiempo, los personajes están verdaderamente muy bien construidos. Descoloca especialmente la creíble fascinación que suscita en Hump y en el propio lector la figura diabólica de Lobo Larsen, representación del poder en estado puro, sin haber pasado por el tamiz del amor. Pepa Torras i Virgili

viernes, 17 de diciembre de 2010

Shab-i 'arûs 2010



Shab-i 'arûs - 2010

"Shab-i 'arûs" - "Noche de bodas" de Mawlânâ Rûmî
(17 de diciembre de 1273 - 17 de diciembre de 2010)




Cada diecisiete de diciembre, los derviches mevlevíes, y con ellos todos los amigos de Mawlânâ Rûmî del mundo entero, celebramos "Shab-i 'arûs", la "Noche de bodas", es decir, el día de la muerte de Rûmî, ocurrida un atardecer rojizo del mes de diciembre, en el que el maestro persa de Konya (Turquía) marchó a fundirse para siempre con la inmensidad. Yâ Hazrat-i Mawlânâ! Haqq dost! Yâ man Hû! Hûuuuu .......!


"Nuestra muerte es la noche de bodas
con la inmensidad de lo que es.
¿Cuál es su secreto? "Al·lâh Ahad",
"Sólo Él es, el Único".
Para aquél que reside en Su luz,
la muerte no es sino un regalo"

(Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî, 1207-1273)

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Shams y Rûmî, dos océanos


Shams y Rûmî,


encuentro de dos océanos



Halil Bárcena





El 5 de diciembre de 1244, Shams-é Tabrîzî, el (in)esperado derviche errante que en apenas tres años transformó de raíz la vida hasta entonces sobria y ordenada de Mawlânâ Rûmî, desapareció, muy problamente, asesinado a manos de un puñado de discípulos del propio Rûmî, entre ellos su hijo menor Alâ'oddîn, celosos del influjo que aquel derviche un tanto extravagante, en cuyo interior convivían primavera y otoño, el león y la gacela, ejercía sobre el que entonces era el polo religioso y espiritual de tantos hombres y mujeres en la ciudad de Konya. Y es que, en efecto, Shams abdujo de tal forma al maestro persa de Konya que no es que le cambiase la vida, sino que se la tomó por completo y hasta las últimas consecuencias. Pero, no queremos referirnos en estas líneas al final trágico de Shams, sino, al contrario, al principio de todo, al encuentro entre esos dos océanos de la espiritualidad islámica, como son Shams y Rûmî, tal como fue plasmado por un miniaturista otomano anónimo de mediados del siglo XVI, en una deliciosa miniatura, reproducida en el encabezamiento del presente texto, que forma parte de una hagiografía de Mawlânâ Rûmî, depositada en la biblioteca del museo del Topkapi, en Estambul.

En la imagen, pueden apreciarse dos mundos hasta entonces bien distintos, cara a cara, enfrentados entre sí: por un lado, el de Mawlânâ Rûmî y, por otro, el de Shams-é Tabrîzî. Rûmî ocupa la centralidad de la imagen, a lomos de su mulo, símbolo de quien ha alcanzado las más altas cotas del saber religioso y también espiritual. No en balde, por aquel entonces, la autoridad de Rûmî era reconocida no tan solo en el campo del fiqh o jurisprudencia islámica, es decir, la ley religiosa exotérica, sino también en el de la teología mística. En la imagen, Rûmî se nos presenta enturbantado y elegantemente vestido, a la manera otomana. En cierto modo, se trata de un hombre poderoso, y, como tal, va acompañado de un puñado de discípulos, también enturbantados, que llevan bajo sus brazos un libro, se supone, religioso. Dicho mundo, el del Rûmî juez y profesor de teología, pero también reconocido maestro sufí, es un mundo sobrio y ordenado, culto y respetado, es cierto, pero, a la postre, muy convencional. El suyo, además, es un mundo circunscrito a la letra y a un saber estereotipado, cuyo alcance apensas si roza la corteza de los corazones.



A su izquierda, a pie, esto es, a ras de suelo, aparece Shams, cuya presencia es abrumadora como un sol radiante (¡shams significa en árabe, justamente, sol!) o un león salvaje. Su tocado y sus ropas son las propias de un qalandar o derviche errante, es decir, alguien al margen de las convenciones sociales y religiosas de la época. Como es costumbre en los qalandares, Shams luce además un pediente en la oreja, símbolo mayor de la libertad espiritual para el dervichismo qalandar, así como tatuajes y un amuleto al cuello. Un detalle más: el rostro de Shams aparece rasurado, signo externo de la rebeldía qalandar, a diferencia de Rûmî, quien presenta la barba propia del docto y piadoso musulmán. En resumen, la imagen de Shams no es la de un hombre poderoso, sino la de un hombre de poder.

La miniatura que estamos comentando recrea el instante más trascendental en la vida de Rûmî: el encuentro con Shams, la figura más influyente en la biografía del maestro persa de Konya, encuentro acaecido el mes de octubre de 1244, cuando Rûmî tiene treinta y siete años, mientras Shams está ya en la sesentena. Según narra la propia tradición mevleví, ciertamente muy mitologizada (de hecho existe más de una versión del mismo hecho), en dicho encuentro Shams le espetó la siguiente pregunta a Rûmî: "¡Oh, guía de los musulmanes! ¿Quién era más elevado, Bayazîd Bistâmî o el profeta Muhammad?"; pregunta que hendió la consciencia de Rûmî como una daga bien afilada, desencadenando su catálisis espiritual. Evidentemente, la pregunta punzante de Shams tenía menos que ver con el estado espiritual del profeta del islam y de Bistâmî, el gran polo espiritual del sufismo embriagado y amoroso persa, que con el grado de madurez espiritual del propio Rûmî, algo que a algunos estudiosos del sufismo les ha costado una enormidad llegarlo a comprender.





Es interesante leer el testimonio del propio Mawlânâ, a propósito de lo que la pregunta de Shams provocó en él. Esto es lo que cuenta el maestro persa de Konya: "Los siete cielos se colapsaron y cayeron sobre la tierra. Un violento fuego incendió todo desde mis entrañas hasta mi cerebro, desde donde vi ascender el humo hasta el mismísimo trono divino". Lo cierto es que tras el encuentro con aquel derviche errante tan solar y tan de fuego, Rûmî no volvería a ser jamás el mismo; o mejor aún, después de Shams, Mawlânâ llegó a ser lo que en verdad era y había sido siempre. En ese sentido, Shams no actuó sino de catalizador que liberó al ebrio qalandar que Mawlânâ llevaba dentro, en los pliegues más íntimos de lo más íntimo de su ser. Porque, en efecto, eso era lo que Mawlânâ atesoraba en su interior. Soltân Walad, el hijo mayor del maestro persa de Konya y verdadero artífice de la tarîqa mawlawiyya, la escuela sufí de los derviches giróvagos, herederos del legado espiritual de Rûmî, explicaba en estos términos la transformación sufrida por su padre, tras el encuentro con Shams: "El amor hizo del digno juez un poeta, el antes asceta se convirtió en un loco. Había bebido de un trago un vino que no era de uva: su alma había tragado la vendimia de la luz".

Y el propio Mawlânâ explicó así dicho suceso fundamental con Shams, el sol persa de Tabrîz, que acabó por desencuadenarle el alma: "Era un asceta, me hiciste un poeta, mi vida se hizo bohemia, me hiciste un buscador de vino. Me encontraste sereno, como un pilar de la fe, y me convertiste en el juguete de los niños del barrio". En definitiva, el grave y serio hombre de religión y maestro moderado de la vía espiritual sufí, que por aquel entonces era Mawlânâ, acabó por convertirse en un loco qalandar, amante de la divinidad; en un poeta entregado a la música y la danza derviche del giro, por obra y gracia de aquel derviche censurable venido de la ciudad de Tabrîz. Y, de hecho, ese es el Rûmî que conocemos, el hombre que pasó del estado de sobria madurez al de total calcinamiento en las brasas del amor místico. Y es que, con Shams, Mawlânâ cruzó heroicamente un puente, el que conduce de la falsa seguridad al de la perplejidad, de la dualidad a la mirada unificada y unificadora de la realidad, del saber libresco al conocimiento gustativo de la divinidad.

Acabemos estas líneas con una última reflexión acerca del talante de Shams-é Tabrîzî, un hombre volcánico y de frecuentes erupciones, según cuentan las crónicas de la época. Shams era un derviche cortés y caballeroso, afecto a las reglas de la futuwwa o caballería espiritual sufí. Sin embargo, en tanto que derviche comprometido con la vía, exigía a los hombres rectitud, fuerza y objetividad. Y ya se sabe que ser objetivo significa morir un poquito a sí mismo. También exigía entrega y generosidad. A ojos de Shams, los tibios debían ser vomitados. Su grado de exigencia era extremo. Y es que el aspirante de la vía interior ha de estar dispuesto a venderlo todo por una copa de vino. De ahí su condición heroica. Y Mawlânâ fue un héroe, por supuesto. Con todo, la severidad de Shams, como la de otros grandes maestros espirituales, fue una severidad, digámoslo así, redentora. El sol a la vez quema y cura.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Adiós a Enrique Morente



Adiós a Enrique Morente


Halil Bárcena





Hoy, mientras me dirigía a ofrecer una conferencia sobre sufismo me he enterado de sopetón, a través de la radio del taxi (¡que, por fortuna, no era la COPE!), de la muerte, a los 67 años de edad, del cantaor Enrique Morente, una voz y una personalidad únicas e irrepetibles en el mundo del flamenco. Con Morente se nos va uno de los grandes del cante jondo, fiel a la tradición y, al mismo tiempo, un serio innovador. Y es que sólo quienes saben bien de dónde vienen pueden transitar nuevas rutas, jamás antes exploradas por nadie. No hace mucho, el crítico Diego A. Manrique decía de Morente que se trataba del Van Morrison del flamenco; y algo de ello hay, incluso hasta una cierta retirada física. Algunas semanas atrás, este blog le dedicó algunos textos al gran cantaor granadino. El músico azerí Alîm Qasimov decía que "para ser músico hay que tener un fuego que te quema por dentro". Pues bien, Morente era uno de esos artistas inmensos a los que el fuego de la creación les devora por dentro. Hoy es un día muy triste para todos los amantes del flamenco. ¡Qué triste y frío está siendo este mes de diciembre! Vaya desde aquí nuestro más sentido adiós a uno de los más grandes del cante de todos los tiempos.

Y aquí un par de ejemplos para el recuerdo del arte flamenco del maestro Morente cantando en Catalunya:
http://www.youtube.com/watch?v=z2USsNMO14k

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cuentos: El bueno, el generoso y el sabio


El bueno, el generoso y
el sabio






En una jânaqa, un maestro sufí les explicaba a los discípulos y amigos allí reunidos, durante un sohbet:
- Un hombre bueno es aquel que trata a los demás como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso, por su parte, es aquel que trata a otros mejor de lo que él esperaría ser tratado. Pero, un hombre sabio es quien sabe de qué manera él mismo y los otros deberían ser tratados; de qué manera e incluso hasta qué punto.

Alguien entre los presentes (dado a juzgar y clasificar, a lo visto), preguntó:
- Pero, maestro, ¿qué es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

El maestro, sin apenas pestañear, contestó:
- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado todo el día con ser bueno o generoso. Sólo estás obligado a hacer en cada momento lo que es necesario.

No es la mano la que es generosa, sino el ojo, la vista. Lo único que importa en el camino interior es ver, para discernir; y el sabio es el que ve. Quien ve, el sabio, el hombre de conocimiento, actúa más allá de cualquier juicio. Hace en todo momento lo que tiene que hacer, lo que hay que hacer.


Halil Bárcena

jueves, 9 de diciembre de 2010

Actitudes sufíes


Actitudes sufíes



Halil Bárcena




Lo hemos dejado escrito ya con anterioridad en otros lugares: más que de escuelas o turuq sufíes en bloque, preferimos hablar de actitudes o sensibilidades sufíes precisas. Y es que el llamado sufismo de escuela hace tiempo que da muestras de un franco agotamiento. Además, los tiempos no están como para encerrarse en los límites estrechos de una sola visión, por muy fina que ésta sea. Hoy, que el mundo se ha vuelto tan y tan complejo (el ser humano también), no basta con un solo punto de vista para comprender el alcance real de los fenómenos que están sucediendo ante nosotros. Ni el budismo o el islam, pongamos por caso, son suficientes por sí solos para aprehender la complejidad de nuestra atribulada contemporaneidad. Tampoco las gastadas ideologías laicas lo son. Pero, no nos desviemos de nuestro tema y volvamos a lo que hemos dado en llamar actitudes o sensibilidades sufíes, que es lo que aquí en verdad nos preocupa ahora.

A mi modo de ver, existen tres actitudes sufíes, provenientes de otras tantas turuq o escuelas sufíes históricas, que hoy debieran de forma parte inextricable de todo camino sufí serio, al menos tal como aquí lo concebimos. Así, en cuestiones de adab o educación espiritual, se ha de ser un meveleví. Nadie como los amigos y seguidores del poeta persa Mawlânâ Rûmî (m. 1273) han destacado en cuestiones de etiqueta, es decir, en el saber hacer y el saber estar, prueba irrefutable en este caso de un profundo saber ser y no de ninguna pose externa. Pronto, los mevlevíes comprendieron la importancia no sólo del "qué", sino también del "cómo". Y es que lo que llama poderosamente la atención, lo que verdaderamente arrebata y conmueve de un mevleví no es tanto lo que dice, sino cómo dice lo que dice.

Respecto al dhikr o práctica del recuerdo y la presencia divina, núcleo vertebrador de la práctica sufí, se ha de ser un naqshabandí. Evidentemente, nos referimos aquí a la naqshabandiyya que recibe el propio Bahâoddín Naqshaband (m. 1390), heredera, entre otras, de la gran tradición yasawí centroasiática, y no a sus formas posteriores, mucho más politizada y apegada al formalismo religioso islámico que a sus verdaderas raíces espirituales. Por lo tanto, estamos aludiendo a la naqshabandiyya anterior a lo que Annemarie Schimmel denomina la "reacción naqshabandí" del indio Ahmad Sirhindí (m. 1624), paladín de la sobriedad y la ortodoxia, frente a toda contaminación externa o bien shi'í. Sea como fuere, la primigenia naqshabandiyya se ocupó del dhikr de forma impecable, primando, sobre todo, el llamado dhikr jafí o del corazón, que no es sino la forma silenciosa de practicar el dhikr sufí, poniendo la atención sobre manera en el despertar y activación de los latâ'if o centros sutiles del cuerpo humano.


Y, por último, en el mundo, se ha de ser un malâmatí, alguien que vive no ya en el anonimato, sino del anonimato, y fuera de todo elogio o pretensión espiritual. Los malâmatíes, cuyas raíces deben ser buscadas en la ciudad persa de Nishabûr, allá por el siglo IX, advirtieron enseguida que el mayor peligro del camino es el propio camino, o mejor dicho, creerse alguien importante que está realizando un camino interior único, cuyo compromiso y entrega es sin parangón. Llevada, incluso, hasta sus extremos, la actitud malâmatí roza lo irreverente y, a veces, puede resultar provocativa. En su empeño por huir de todo halago o autocomplacencia espiritual, el malâmatí puede pasar, justamente, por lo contrario, alguien alejado de lo espiritual, pero todo en él, sin embargo, posee una intencionalidad educativa, para consigo mismo y para quienes permanecen a su lado, algo no siempre fácil y cómodo.

Resumiendo, pues, las tres actitudes sufíes citadas: en adab, como un mevleví; en el dhikr, como un naqshabandí; y en el mundo, como un malâmatí. Y nada más, que no es poco.

Poetas: Kabîr

1
No vayas al jardín florido, no vayas, ¡oh, amigo!En ti están el jardín y sus flores.Inclínate sobre el loto de los mil pétalos y contempla allí la Infinita Belleza.

2
Kabîr dice: Si te sumerges en el océano de vida, vivirás en el país de la suprema felicidad. ¡Qué frenesí de éxtasis contiene cada hora! El adorador exprime y bebe la esencia de las horas. Vive con la vida de Brahma... Digo la verdad porque acepté la verdad en mi vida. Estoy consagrado a la verdad porque ahuyenté lejos de mí todas las falsas apariencias.




3
¡Sutil es el sendero del amor! No hay en él preguntas ni silencios; toda criatura se aniquila a sus pies, se hunde en el gozo de buscarlo a Él, se sumerge en las profundidades de su amor como el pez en el agua. El enamorado siempre está dispuesto a ofrecer su vida en servicio de su Señor. Kabîr revela el secreto de ese amor.

4
Si no conoces a tu propio Señor, ¿de qué te enorgulleces? Renuncia a toda elocuencia. Jamás te unirán a Él las simples palabras. No te dejes engañar por el testimonio de las Escrituras. El amor difiere mucho de la letra, y el que con toda sinceridad lo busca, lo encuentra.

5
El arpa difunde una suave música y la danza continúa sin danzantes. La música se toca sin tañerla; se escucha sin oídos, pues Él es el oído y Él escucha. La puerta está cerrada; pero el incienso está en el interior y nadie ve la cita. El sabio comprende estas palabras.


(Kabîr, Poemas místicos. 100 poemas de Kabîr, Barcelona: Obelisco, 2000)







Kabîr (Benarés, 1440 – Maghar, 1518). Poeta, músico y místico indio de ecos sufíes. De padres musulmanes, fue discípulo del santo hindú Bhakti Ramananda, hecho éste insólito, dado que por aquel entonces un gurú hindú no aceptaba estudiantes musulmanes. La tradición legendaria cuenta que Kabîr (grande en árabe), el tejedor iletrado, fue la excepción, al encontrar un camino personal harto creativo con el que vencer todas las objeciones. Hombre de actitudes derviches malâmatíes, rechazó credos, denominaciones, ascetismos y religiones, llevando la filosofía mística india, fecundada por el misticismo sufí, a un nuevo rumbo. Su colección de poemas, reunida por sus discípulos durante el transcurso de su vida, constituye una de las obras maestras de la literatura espiritual universal.


Sección coordinada por Pepa Torras i Virgili

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Dîwân de Hal·lâj (13)



Dîwân de Hal·lâj (m. 922)







13

1. El secret íntim dels cors batega fort, amagat
en un racó de l’horitzó celeste on brilla una llum difusa.

2. I com és això? Perquè el com es coneix per l’aparença,
però l’interior de l’invisible té el rostre amagat en l’essència
i per l’essència.

3. Les creatures, quan cerquen, s’extravien com cecs en la
fosca,
i no coneixen sinó indicis obscurs (1).

4. Mitjancant conjectures i imaginació s’encaminen a la
veritat,
i amb el cor delerós confien al cel llurs secrets.

5. El Senyor roman amb ells en cada acte,
investint en tot moment llurs estats interiors.

6. I no se n’allunyarien ni el breu instant d’un parpelleig
si sabessin que no s’aparta mai d’ells.

Notes:

(1) Vers inspirat en l’anomenada aleia de la foscor (Alcorà 24, 40), que evoca la ignorància humana del misteri diví.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Un ejemplo malâmatí


Un huequecito en la pared



Lili Castella







La malâmatiyya, singular forma de sufismo calificado por algunos como una suerte de “sufismo más allá del sufismo”, nació en el siglo IX, en la ciudad jorasaní de Nishabûr. Tan rica, espiritualmente hablando, como poco conocida en Occidente, la malâmatiyya, según explica Halil Bárcena en su libro El Sufime, no es una escuela sufí, en el sentido clásico del término, sino una tendencia o actitud espiritual, un estilo de hacer camino interior o incluso una categoría psicológica. Y es que los derviches malâmatíes “haciendo gala de una fina agudeza, parten del hecho de que en el camino espiritual no hay velo más difícil de descorrer que el de la vanidad y la autocomplacencia, frutos del elogio de la gente y de la propia voluntad de complacer a los demás” [1]. Los malâmatíes, desde su radical libertad interior y desde su compromiso absoluto con la verdad, fueron conscientes bien pronto de las trampas del propio ego y no dudaron en denunciar, al precio que fuera, “con una lucidez y rectitud implacables, las formas más diversas de autocomplacencia y exhibición espirituales” [2].

En este contexto recogemos la conmovedora historia de Nafiz Uncu relatada por Kudsi Erguner, célebre intérprete de ney, la flauta derviche de caña, en su libro La fuente de la separación. Viajes de un músico sufí [3], recientemente reseñado en este mismo blog. Cuenta Erguner que Nafiz Uncu, en la primera mitad del siglo pasado, era una de las figuras más queridas del tekké [4] uzbeko del barrio de Üskudar, en la parte asiática de Estambul. Nafiz Uncu, que en su juventud había sido uno de los cantantes más célebres de Estambul, poseía una voz bellísima que tenía enamorada a toda la ciudad, a tal punto, que, siendo Nafiz imam de Yeni Cami, la mezquita que se encuentra en la plaza de Üsküdar, la gente se agolpaba en ella para escucharle recitar el Corán o la llamada a la oración. Nafiz, no obstante, veía en la fama una trampa peligrosa, de modo que hizo voto de perder su voz. Relata Erguner que cuando conoció a Nafiz, éste tenía una voz que apenas le permitía hablar.


Nafiz Uncu, que vivía con una gran discreción, no faltaba nunca a las reuniones musicales del tekké. Se sentaba siempre en el mismo sitio, contra la pared, llevando el ritmo de la música con la cabeza, lo que le provocaba darse ligeros golpes contra la pared en la que, a causa de la constante repetición de su vaivén, se había formado un huequecito que nadie se atrevía a restaurar, como forma de respeto para con él. Erguner lo recuerda así, adorable y enternecedor, con los bolsillos llenos de caramelos para los niños, sentado siempre con la cabeza apoyada en la pared, cerrando los ojos, con un rostro radiante por la escucha del ney o de cualquier otro instrumento, o al oír un canto.

Nafiz Uncu había comprendido seguramente que en el camino interior las peores trabas pueden ser, no ya los defectos, sino las propias virtudes, en su caso su voz y el efecto que producía en la gente. Y en un grado aún mayor de finura, debió advertir el peligro de actuar no ya para conseguir la consideración de los demás, sino para gozar de una buena opinión respecto de sí mismo. Es por todo ello que el derviche malâmatí, en su vivir discreto y honesto, apenas deja huella en su transitar, quizá tan sólo un huequecito en la pared o el dulce sabor de un caramelo en la boca.


Notas:
[1] Halil Bárcena, El Sufisme, Fragmenta, Barcelona 2010, pp. 121-124.
[2] Halil Bárcena, Dîwân de Hal·lâj, Fragmenta, Barcelona 2008, pp. 34-35.
[3] Kudsi Erguner, La fuente de la separación. Viajes de un músico sufí. Oozebap, Barcelona 2009
[4] Lugar de reunión sufí, equivalente turco de la jânaqâ persa.



Lili Castella es licenciada en Derecho. Pianista y rebabista del grupo 'Ushâq. Coordinadora de activdades del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona


martes, 30 de noviembre de 2010

¡ Força Barça !


¡Gràcies, Pep! ¡Gràcies, nois!





Felicitats pels vostres triomfs, però sobre tot, merci per aconseguir-los com ho feu. Mai ningú abans ni arreu havia vist un futbol així, d'aquesta efectivitat golejadora i de tanta excel·lència artística. Gràcies perquè heu parlat on s'ha de parlar, al terreny de joc, no com altres que intoxiquen a diari ràdios i tertúlies amb la seva prepotència garbancera. Heu parlat ¡...i vaja si ho heu fet! Merci Pep, merci nois, i endavant, que encara en volem més.

Y aquí las imágenes para el recuerdo:

viernes, 26 de noviembre de 2010

All Blacks, tour victorioso


All passion, all power


... ¡All Blacks!








El último test-match de la gira europea de otoño de nuestros admirados All Blacks tuvo lugar el sábado pasado, día 27 de noviembre, en el Millenium Stadium de Cardiff, donde se vieron las caras (¡y algo más!, y si no vean el placaje del veterano black Brad Thorn en el link que les ofrecemos al final de esta crónica) con la selección galesa, un rival un tanto hostil desde el incidente protocolario del año 2006. Les cuento. Los diablos rojos pretendieron entonces modificar por su cuenta el protocolo propio de un encuentro internacional de rugby con presencia black, alterando el orden de la haka, la danza maorí que los blacks interpretan justo antes de cada match, como es tradición en la cultura rugbystica neozelandesa. Los galeses querían que la haka siguiera al himno kiwi, interpretado en primer lugar, en tanto que equipo visitante, para que después sonara el himno galés, Land of my fathers, y diese comienzo el encuentro, a manera de revulsivo para los suyos. Querían con ello ganar la batalla de la intimidación. El caso es que los hombres de negro reunidos en el vestuario se negaron a aceptar lo que consideraron una afrenta a su cultura y tradición rugbystica, decidiendo ejecutar la haka, sí, pero en el vestuario y no en la cancha. Desde entonces, las relaciones entre los diablos rojos de Gales y los Blacks no han sido nada fluídas. De ahí que el pasado sábado, los del helecho plateado optaran por la haka ¡Kapa o Pango!, la más radical, digámoslo así, reservada para momentos especialmente comprometidos o para equipos que no les han respetado ni su espíritu ni sus tradiciones.






Más allá de todo ello, el encuentro del sábado cobró un significado especial dado el trágico suceso de la mina de Pike River, en el que murieron 29 mineros neozelandeses. Los Blacks les rindieron homenaje antes del encuentro (lucieron crespones blancos en su camiseta negra), dedicándoles la victoria final (37-25). El triunfo fue, como afirmó el entrenador kiwi Graham Henry una vez concluído el match, fruto de la entereza, el saber estar y la madurez alcanzada por un colectivo de jugadores que tiene como meta más inmediata la consecución del mundial de rugby a celebrar los meses de septiembre y octubre próximos, justamente, en Nueva Zelanda.






A mi modo de ver, dos aspectos merecen ser subrayados de lo acontecido en el Millenium, por lo que hace a los All Blacks: la solidaridad del grupo y el despunte de los más nuevos blacks. En efecto, en muchas fases del test-match pudo apreciarse a las mil maravillas eso que les hace tan grandes a los hombres de negro: la solidaridad, que el colectivo está siempre por encima de las individualidades. Al mismo tiempo, resulta esperanzador ver que los nuevos valores blacks se van afianzado en el equipo. Destaco aquí a Isaia Toeava y Sonny Bill Williams. Del resto me quedo con los de siempre: el excelso zaguero Muliaina, autor el sábado de un try excepcional y que ha realizado un tour sobresaliente; Ma'a Nonu, que cada vez recuerda más en el juego al añoradao Tana Umaga, ambos de origen samoano; Dan Carter, siempre DC; y, como no, el gran capitán Richie McCaw, al que, por cierto, le quedan sólo seis encuentros más para llegar a los 100 vistiendo la camiseta black. Quiero destacar también, especialmente, a John Afoa, que el sábado pasado realizó su primer try. Y es que siempre es bello ver anotar a los sufridos y abnegados pilares, los jugadores que chocan y empujan desde la primera línea de la melée.





Así pues, el tour europeo de los Blacks se cerró ganando los cuatro encuentros disputados en el Reino Unido e Irlanda. Se confirma la primacía de los Blacks en el concierto internacional del rugby, algo que, así son las cosas, quedará en mera estadística si el año próximo no se obtiene el mundial. Halil Bárcena



Para ver un buen resumen del test-match, clikar aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=sashC12LkVQ


Y aquí la haka ¡Kapa o Pango!, parcialmente boicoteada, dirigida por Hosea Gear:


http://www.youtube.com/watch?annotation_id=annotation_214778&feature=iv&v=tyv_8GX-hS8

martes, 23 de noviembre de 2010

Libros: Kudsi Erguner


Kudsi Erguner
La fuente de la separación. Viajes de un músico sufí
Oozebap, Barcelona, 2009


“Todos nosotros damos vueltas en torno a “la fuente de la separación”, hasta el instante en el que reconocemos nuestra razón de ser. La vida cobra entonces sentido. Esta fuente existe realmente: es el punto de partida hacia un allende desconocido. Se situaba antaño en el barrio asiático de Estambul, entre Usküdar y Kadiköy. Familiares y amigos acompañaban hasta ese lugar a la mayoría de peregrinos que iban a La Meca: y desde allá emprendían solos el largo viaje”. Así, precisamente, como un viaje a través de su biografía, el músico sufí de origen turco Kudsi Erguner, reconocido intérprete de ney, la flauta derviche de caña, va desgranando, en el libro que en estas líneas recomendamos, recuerdos y pensamientos acerca de múltiples cuestiones. Se suceden estampas de su infancia en Estambul, referencias a la vida política de Turquía, reflexiones acerca de la llamada world music y jugosas apreciaciones acerca de las paradojas y malentendidos existentes en las relaciones entre Oriente y Occidente. Rememora también Erguner sus numerosas giras por Europa y Estados Unidos dando a conocer la tradición sufí (se relatan en este contexto anécdotas ciertamente impagables), sus colaboraciones con músicos europeos como Peter Gabriel y Jean-Michel Jarre, o su participación en proyectos artísticos de otra índole, como la película Encuentro con hombres notables de Peter Brook, basada en el libro del mismo título del maestro armenio G.I. Gurdjieff.

Pero, si algo hemos de destacar de este libro que sea de especial interés para nuestro blog dedicado al sufismo mevleví, es el testimonio que Kudsi Erguner ofrece del final de toda una época dorada de la tradición sufí turca, seriamente afectada por la promulgación en 1925, por parte de la entonces recién creada República de Turquía, de una ley prohibiendo el sufismo, sus distintas manifestaciones tanto públicas como privadas y todos los focos donde se ponía en práctica. Erguner describe la vida de los últimos tekke (lugares de reunión sufíes) de Estambul y se detiene en el retrato delicioso de algunos de sus grandes maestros. Valga como botón de muestra la siguiente descripción de Necmeddin, shayj del tekké uzbeko de Usküdar, en la parte asiática de Estambul, un "hombre íntegro que podía decirle las cosas a la cara a alguien, con mucha franqueza y sin complicarse con escrúpulos, sin dejar por ello de desprender una gran calidez". Más adelante, cuenta de él Kudsi Erguner: “El shaij Necmeddin había sabido crear a su alrededor una atmósfera marcada por el humor y la alegría de vivir, pero llena también de intensidad y profundidad. No apreciaba especialmente los discursos muy intelectuales. Sus placeres consistían más bien en escuchar el Corán, un poema bien recitado o música. Se enfadaba fácilmente cuando las personas exponían su saber ante él”. Él y otros muchos personajes citados en el libro resultan ser encarnaciones entrañables, tiernas, sabias y llenas de humanidad de un saber estar y de un saber hacer que rezuma el mejor perfume sufí. De ahí nuestra recomendación. No me resta sino añadir, por último, que el libro se acompaña del CD "Músicas de las tekké de Estambul", interesantísima compilación de antiguas grabaciones de la música de los derviches estambulíes. Lili Castella

Para ver al neyzen Kudsi Erguner, clikar aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=mwEYJhZXiag

http://www.youtube.com/watch?v=rYHVUA4G7wE

http://www.youtube.com/watch?v=rnIcK611rIk&feature=related

Cuentos: La mayor vanidad



La mayor vanidad



En cierta oportunidad, un maestro sufí les pidió a cuatro de sus discípulos que le dijeran cuáles eran las vanidades que habían tenido antes de iniciar sus estudios sufíes con él. El primero dijo: "Yo imaginaba ser el hombre más hermoso del mundo". El segundo, por su parte, explicó: "Yo creí que, dada mi condición de hombre religioso, era uno de los elegidos e Dios". Prosiguió el tercero: "Yo me creí capaz de enseñar a los demás". Por último, el cuarto confesó: "Mi vanidad fue mayor que todas ésas que habéis mencionado, pues creí que podía aprender".


Tras unos breves instantes, el maestro pronunció estas palabras definitivas: "La vanidad del cuarto discípulo sigue siendo la mayor vanidad, que es la vanidad de mostrar que en un tiempo tuvo la mayor vanidad".


El derviche es capaz de discernir las formas encubiertas de la hipocresía y la falsa piedad. En el camino interior no hay velo más difícil de descorrer que el de la vanidad y el de la autocomplacencia.


Halil Bárcena


domingo, 21 de noviembre de 2010

De la música persa


La música persa, una lágrima



Halil Bárcena






Cuenta el musicólogo Jean During, uno de los mayores especialistas en música sufí y persa, que en cierta ocasión, un eminente musicólogo y director de orquesta europeo (el nombre tanto da), tras concluir una estancia en Irán, donde había estado estudiando los entresijos de la música clásica persa, le comentó a un viejo músico iraní afecto al sufismo (tampoco su nombre importa), no son sin una buena dosis de prepotencia, tan europea: "La música persa es tan sólo una gota de agua, comparada a la música clásica europea, que es todo un océano"; a lo que el viejo músico derviche replicó lo siguiente, siempre según Jean During: "Sí, en efecto, la música clásica persa es una sola gota, pero se trata de una gota que es una lágrima".


Para contemplar un par de lágrimas musicales persas, a cargo del Ostâd Mohammed Rezâ Shadjariân, clikar aquí:

La gira europea de los All Blacks



All passion, all power



... ¡All Blacks!






A las 18'30 h. del pasado sábado, 20 de noviembre, el Tres Quarts de Sitges, epicentro rugbystico de la villa costera catalana, presentaba una entrada de lujo para seguir el nuevo capítulo de la gira europea de otoño de nuestros admirados All Blacks, el combinado nacional de rugby de Nueva Zelanda, que ocupan el primer lugar en el ranking del mundo del oval. En esta ocasión, el test-match de los blacks tuvo lugar en Dublín, en el moderno Aviva Stadium, sito en Lansdowne Road, donde los hombres de negro se las vieron (¡y se las tuvieron!) con los del trébol verde, capitaneados por Brian O'Driscoll, uno de los jugadores que con más desparpajo ha plantado cara jamás a los del helecho plateado.






Entre los parroquianos del Tres Quarts, había un nutrido grupo de irlandeses que, guinness en ristre, festejaban con estruendo cada metro conquistado por los suyos, al tiempo que aplaudían deportivamente cada tanto kiwi, algo que tan sólo en el ámbito del rugby se puede contemplar. También había varios jóvenes cadetes del Club de Rugby Sitges y un buen grupo de seguidores catalanes blacks con sus gorras y camisetas negras, entre los que se contaba este cronista. Vaya, que el ambiente era de lujo; además, ¡nadie tomaba tisanas!, cosa que es un alivio, puesto que no hay nada más insulso y melifluo que eso, tomar tisanas, a parte, claro está, de la música de Leonard Cohen; pero ese es otro cantar que ahora no viene a cuento aquí, aunque daría para mucho. Sigamos con los Blacks.


Tras los himnos, momento de gran emoción, y la haka maorí de los All Blacks (la clásica Ka mate, en esta ocasión, como era de prever), boicoteada por una parte de la grada irlandesa, algo que, lamentablemente, viene siendo bastante habitual, llegó el esperado kick-off. Evidentemente, los del trébol verde no son Escocia, por lo que todo el mundo era consciente en el Tres Quarts que en Dublín los Blacks no se pasearían así como así, tal como hicieran la semana pasada en Edimburgo, ante una floja selección escocesa. A base de una férrea y ordenada defensa en línea, muy junta y compacta, los irlandeses pudieron aguantar los arreones de los Blacks, que percutían con menos acierto que en otras ocasiones. Los de verde resistían, y de qué manera, y asío lo hicieron durante una buena parte del primer tiempo, llegándose a poner por delante en el marcador, incluso, con un 13 a 9, que los Blacks remontarían más tarde, no sin emplearse a fondo, hasta alcanzar el 18 a 38 final, que dejaba las cosas en su sitio.






No quiero concluir esta crónica sin hacer una mención especial a algo que por muchas veces que uno haya visto no deja de sobrecogerle como si fuese la primera vez, y es el silencio sepulcral que se hace en los estadios irlandeses cuando se ejecuta un golpe de castigo, rasgo éste específico de la forma irlandesa de vivir el rugby. Y es que si un estadio cantando al unísono impresiona, en silencio conmociona. Y así, resultó conmovedor ver como Jonathan Sexton, por parte irlandesa, y el excelso Dan Carter, DC para la afición black, por los kiwis, lanzaban a palos ante más de cincuenta mil personas respetuosamente calladas. También el silencio es en el rugby, a veces, más elocuente que la palabra.


El próximo sábado, 27 de noviembre, concluirá la gira europea de los Blacks, y lo hará en Cardiff, frente al combinado galés, encuentro del que informaremos puntualmente a los amigos y seguidores de este blog sufí.
Halil Bárcena


Para ver un par de buenos resúmenes del test-match, clikar aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=su458SSe1gE
http://www.youtube.com/watch?v=DdFoNih3c_k


sábado, 20 de noviembre de 2010

Rembetiko, una música al margen



Las tabernas del rembetiko


Halil Bárcena






El rembetiko griego, también conocido como rebetiko, es la música de los llamados rebetes o mangues (¿tal vez equivalente griego del mangui castellano?), esto es, hombres y mujeres de los arrabales de Atenas y Tesalónica, principalmente, marginados por la sociedad bienpensante, y reunidos alredor de la triada formada por el buzuki, instrumento principal de dicho estilo musical, el hachís (tampoco falta el raki, suerte de anisado turco) y la marginalidad en todas sus formas. Se trata, pues, de la música popular de los turcos de origen griego emigrados (o bien expulsados) a Grecia, tras los sangrientos avatares acaecidos en el mediterráneo oriental y los Balcanes, durante el primer tramo del pasado siglo XX, que cristalizaron en el nacimiento de los modernos estados turco y griego, tal como los conocemos hoy en día.



Pero, más allá de las disputas políticas, derivadas del huracán nacionalista que asoló dicha región y el odio exlusivista consiguiente, el rembetiko constituye el eco de un poderoso vínculo entre Oriente y Occidente, que va más allá de lo estrictamente musical. El rembetiko es la forma de decir el amor que tienen los que nada tienen, salvo eso, el amor, un amor siempre volcánico e intempestivo. Su origen es preciso rastrearlo en tres repertorios distintos. En primer lugar, las canciones empleadas en los bailes rurales, primordialmente el zeybek; segundo, la canciones cantadas en los presidios; y, por último, las canciones interpretadas por formaciones de ascendencia turca para entretener a la clientela, un tanto marginal, que frecuenta los llamados cafés Aman, en los que suenan melodías de fuerte sabor oriental y gran carga emotiva, que la cantante, pues acostumbra a ser una mujer, subraya mediante la exclamación "¡Aman, aman!", que en turco signica algo así como "protección" e incluso "socorro". De hecho, el origen del término es árabe y ¡posee raigambre islámica!




Las letras del rembetiko, cantadas tanto en griego como en turco y a veces incluso en ambas lenguas mezcladas en una misma composición, hablan de nostalgias, fracasos y amores de puerto vividos al límite de lo imposible. Y es que para los rebetes todo es extremo, nada es a medias, ya sea en lo bueno como en lo malo. No hay tibieza que valga en su forma de vivir la vida. En las canciones de los rebetes resuenan el dolor del exilio, el romanticismo desquiciante de los puertos, el vagabundeo de los noctámbulos y sus miserables y fracasados amores. Por todo ello, me atrevería a decir que, salvando todas las distancias salvables, el rembetiko sabe bastante a tango mediterráneo.



Desde el punto de vista del sufismo, una de las cosas que más llama la atención es lugar en el que se despliega el rembetiko. A finales del siglo XIX y, sobre todo, el primer tramo del XX, los locales donde se fumaba hachís se conviertieron en uno de los espacios de ocio y relaciones sociales más solicitados de los suburbios de las principales ciudades griegas. En dichas tabernas, lo mismo se amaba que se cerraba un trapicheo. Pues bien, el nombre de las tabernas del rembetiko no es otro que tekké, palabra turca (también de ascendencia árabe) que significa, literalmente, lugar de encuentro sufí. Algunos lo traducen de forma excesiva por monasterio, pero ya se sabe que no existen monjes en el islam y que el derviche es todo menos un renunciante a la manera budista o cristiana.

Algo poseen en común los rebetes y los derviches, sobre todo los que cultivan actitudes malâmatíes, y no digamos ya los qalandares. Todos ellos están al margen tanto de las convenciones sociales como de las religiosas, como es el caso de los derviches, cuya espiritualiad más allá de las formas religiosas constituye todo un desafío al orden islámico establecido y su hipertrofia de lo jurídico y legal. Al mismo tiempo, rebetes y derviches cantan el dolor de la separación y el exilio, algo que no no puede curar sino el amor, un amor que, sin embargo, jamás es bálsamo ni edulcorante, sino las más de las veces erupción volcánica.

Para oír una pieza de rembetiko turco interpreteda por el neyzen Kudsi Erguner y su grupo, clikar aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=AOllmQxfXb4

Y aquí dos fragmentos del film Rembetiko (1983), del director Costas Ferris:
http://www.youtube.com/watch?v=XKEZamRLjVg&playnext=1&list=PLFE32C1F7777DF339&index=53

http://www.youtube.com/watch?v=Fxmrg4g-nbo&list=PLFE32C1F7777DF339&index=55&playnext=2

viernes, 19 de noviembre de 2010

Dîwân de Hal·lâj (12)



Dîwân de Hal·lâj (m. 922)







12

1. Tu, que tot ho veus, ¿què pot fer l’home (1)
si el destí fa el seu camí impertorbable a cada instant?


2. Lligat de mans, fou llançat al bell mig de l’oceà,
i llavors li digueren: "!Compte, que no et mullis!"



Notes:
(1) De fet, l’original àrab diu al-‘abd, és a dir, ‘el servent’, però ho hem traduït per ‘l’home’ per fer notar el caràcter genèric del mot, car, segons el pensament hal·lâgià, tot home és un servent davant la divinitat, i la seva primera condicié es la servitud.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

miércoles, 17 de noviembre de 2010



El arte de arriesgarse


o el riesgo del arte


Halil Bárcena










En el manifiesto que el pintor ruso Mark Rothko (m. 1970) escribió, el año 1943, junto a Adolph Gottlieb, puede leerse: "Para nosotros, el arte es un viaje a un mundo ignoto (...). Lo pueden emprender aquellos que no temen arriesgarse". El arte constituye una indagación creativa que, por su propia naturaleza aventurera, exige un tránsito constante, no permanecer anclado en nada que no sea el propio compromiso artístico de búsqueda permanente. El arte es aventurarse en cuerpo y alma en lo ignoto, en ese fondo insondable de la realidad que, aun mostrándose ante nosotros sin cesar, no percibimos a simple vista, henchidos de egocentrismo como estamos. El arte es un viaje que transita por sendas siempre nuevas, jamás antes visitadas; de perplejidad en perplejidad, con la capacidad del niño de sorprenderse a cada instante. De ahí, que un gran artista no se repita nunca. La repetición es ajena al ejercicio creativo. Y es que apostar por la creación, que es sumergirse en la profundidad de la realidad en la que todo juicio se desvanece, es renunciar a la comodidad que aporta lo sabido y, por lo tanto, aceptar vivir en vilo, al límite de uno mismo, sin red de seguridad. En otras palabras, crear es arriesgarse. Y sólo se arriesgan los valientes, quienes carecen de miedo, o aun teniéndolo saben vadearlo, y poseen la fortaleza de espíritu necesaria para seguir avanzar sin volver la vista atrás.

Pues bien, todo lo hasta aquí dicho
es, precisamente, lo que emparenta arte y espiritualidad, lo que hace que un espiritual pueda ser considerado un artista del camino interior, del mismo modo que en el artista de verdad, cuando no es un ególatra insufrible atacado de esnobismo, se dan los rasgos propios de toda indagación espiritual y, en primer lugar, la capacidad de acallar a una razón que, silente, es capaz de abrirse a las mil y una posibilidades que la vida ofrece por doquier. El espiritual, al igual que el artista a su manera, nos muestra mediante su ejemplo vivo otras facetas del vivir, la cara de la realidad que nuestro ego nos ha secuestrado, amputándonos con ello la posibilidad de un vivir mucho más pleno y amoroso, más solidario y expansivo. El espiritual encarna en sí mimo su búsqueda, puesto que la ha in-corporado; él mismo es el resultado de su propia indagación. Y es que lo espiritual no es un añadido a la vida, sino la profundización de ésta hasta su raíz. De ahí que el espiritual, el derviche por ejemplo, sea como se muestra y se muestre como es. No hay doblez en él. Y por eso mismo resulta tan creíble la poesía de sufíes de la talla de Mawlânâ Rûmî o Mansûr Hal·lâj, porque escriben lo que viven y viven lo que escriben.

Con todo, no hay Arte con mayúsculas, al igual que tampoco alta espiritualidad, como la de los sufíes persas mencionados, por ejemplo, sin que se den tres elementos, a mi modo de ver, insustituibles:
pasión desmedida, paciencia ilimitada y atrevimiento irreductible. Justo, por otro lado, lo que todo amor de verdad exige: pasión (que es entrega), paciencia (que es estar siempre) y atrevimiento (que es riesgo). ¿Será que el arte y la espiritualidad exijan estar enamorado?

Lecturas recomendadas

  • Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
  • Avinash Chandra, El ccientífico y el sabio. Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios (J.J. de Olañeta, 2016).
  • Cristina Cruces Roldán, El flamenco y la música andalusí. Argumentos para un encuentro (Carena, 2003).
  • E.M. Cioran, De lágrimas y de santos (Tusquets, 2008).
  • Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
  • Leonard Lewisohn (ed.), The Philosophy of Ecstasy. Rumi and the Suf Tradition (World Wisdom, 2014).
  • Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
  • Olga Fajardo (ed.), La experiencia contemplativa. En la mística, la filosofía y el arte (Kairós, 2017).
  • Ramon Llull, Llibre del gentil i dels tres savis (Claret, 2016).
  • Rebeca Retamales, Análisis simbólico de la tauromaquia (Egartorre, 2006).
  • Seyyed Hossein Nasr, Islam in the modern world (HarperOne, 2012).
  • Thierry Zarcone, Le croissant et le compas. Islam et franc-maçonnerie, de la fascination à la détestation (Dervy, 2015).
  • Xavier Melloni, Sed de ser (Herder, 2013).

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī

¡... del movimiento a la quietud!

... de la palabra al silencio !!!

"Queda mucho por decir,
pero será Él quien te lo diga
para que lo entiendas, no yo"

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)