Aviso para navegantes

Amigas y amigos:

Bienvenidos al blog del "Instituto de Estudios Sufíes" de Barcelona (Catalunya - España), un centro independiente, dedicado al estudio de la obra del místico persa Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y al cultivo del sufismo mevleví en las condiciones culturales de nuestras sociedades laicas y de conocimiento.

Aquí hallaréis información puntual acerca de las actividades que periódicamente realiza nuestro Instituto, así como diferentes textos relacionados con el sufismo y el camino interior más allá de las formas religiosas. También encontraréis propuestas tanto bibliográficas como musicales y otras.

No se habla aquí, por consiguiente, de creencias religiosas (porque no somos ni creyentes ni religiosos), ni de auto-ayuda, ni de crecimiento personal, ni de terapias. Nuestra propuesta sufí está libre de sumisiones religiosas, no es de orden terapéutico, ni pertenece a la categoría de ocio inteligente.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y el camino sufí, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan semanalmente. Si os suscribís al blog podréis recibir información puntual sobre las novedades.

Os invito, en especial, a que consultéis las breves "perlas sufíes" comentadas, que pretenden servir de motivo diario de estudio y meditación. ¡En el sufismo es mucho lo que hay que rumi(ar)!

Para cualquier tipo de consulta o información, no dudéis en poneros en contacto con nosotros,
a través de nuestra dirección de correo electrónico: sufismo786@yahoo.es


Recibid un cordial saludo derviche, seáis quienes seáis y lo que seáis, estéis donde estéis, y muchas gracias por vuestra visita.

¡Huuuuuuu ... !


Halil Bárcena

Próximas actividades

* NOVIEMBRE


Seminario:


"Ney y shakuhachi, un diálogo sonoro"


a cargo de Horacio Curti, musicólogo y maestro de shakuhachi, y Halil Bárcena, director del Instituto de Estudios Sufíes e intérprete de ney.


Ney y shakuhachi son dos flautas íntimamente ligadas a las tradiciones sufí persa y zen japonesa, respectivamente. Su simbolismo y el universo sonoro que ambas plasman remite a una profunda espiritualidad que toma como eje central la música y la dimensión sonora del silencio.


4 miércoles, del 4 al 25 de novembre, de 19'30 a las 21'00 h.


Lugar: CETR, Rocafort 234 bajos (Jardines Montserrat)


Información e inscripciones: Telf. 93 410 77 07



... Y DURANTE TODO EL CURSO 2009-2010:



* Seminario:


"Las enseñanzas zen de Bodhidharma"


a cargo de Marià Corbí, director del CETR, y Halil Bárcena, director del IES


En el siglo VI, el monje Bodhidharma viaja a China procedente de India. Estamos ante uno de los más grandes maestros del espíritu de la historia de la humanidad. Se le considera el gran patriarca de la versión china del budismo chan que después pasará a Japón cristalizando en el zen. El budismo que Bodhidharma ofrece es de una gran simplicidad y radicalidad, lejos de toda creencia y de las especulaciones y leyendas indias.


Del 6 de octubre al 18 de mayo


Primero y tercer martes de cada mes, de 19'30 a 21'00 h.


Lugar: CETR


Información e inscripciones: Tel. 93 410 77 07


* Espacio Sufí de Silencio
Dirección: Halil Bárcena


Un encuentro semanal para descubrir y profundizar en la vía sufí de silencio interior, según la metodología de la escuela sufí mevleví inspirada por el místico persa Mawlânâ Rûmî (1207-1273)

Todos los lunes del año, de las 18'45 a las 19'45 h.
Primera sesión: 5 de octubre de 2009

Lugar: CETR
Rocafort 234 bajos (Jardines Montserrat)
08029 - Barcelona
Inscripciones: T. 93 410 77 07

(La incorporación se mantiene abierta durante todo el curso)


¡... Eyvallah ...!

lunes 9 de noviembre de 2009

El ojo de los buscadores


"No mires al bello Amado con tus ojos.
Contempla al que buscas
con el ojo de los buscadores"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)







Comentario:
Mientras busques desde tu ego, hallarás lo que éste desee hallar, y no otra cosa. Mientras veas desde tus ojos, verás lo que éstos deseen ver, y nada más. A no ser que mires con el ojo del corazón, eso que los derviches denominan ayn al-qalb, el ojo de los buscadores sinceros, no verás más que lo que, en el fondo, deseas ver, esto es, lo mismo de siempre, lo que te satisface y conforta, lo que te empuja a creer que estás cumpliendo algo importante. El primer requisito de la senda sufí es modificar el punto de vista con el que miras. Desde ti, nada es posible; fuera de ti, todo. De ahí que no puedas imponerle nada al camino. No pretendas, pues, diseñarte un camino a tu medida. La senda sufí no es un antojo. Nadie se acerca a una janaqa, a una taberna derviche, "para ver si es esto lo que estoy buscando", como a menudo se suele oír. En el sufismo no hallarás nada que hayas conocido antes, ya que, forzosamente, habrás de transitar por rutas jamás transitadas. Y si modificar la mirada es el primer requisito, la humildad es el segundo. Y es que, ciertamente, se precisa una gran humildad para tan grande ambición. Halil Bárcena

lunes 2 de noviembre de 2009

De la locura


"Puesto que la inteligencia es la que excita
en ti el orgullo y la vanidad. ¡Vuélvete loco,
a fin de que tu corazón permanezca cuerdo!"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)




Comentario:

El cambio, todo cambio, siempre viene de fuera y atañe, por lo general, a cosas exteriores. Pero, no es de cambiar de lo que los derviches nos hablan. Hay quien cambia, pero no se transforma lo más mínimo. Así pues, cambia todo cuanto desees, pero sabiendo que eso, por sí solo, en modo alguno te transformará. El cambio es siempre aparente; la tranformación, radical, porque tiene que ver, justamente, con la raíz de las cosas. La tarea sufí o es transformadora, esto es, de raíz, o no es nada. Quien permanece aferrado a los cambios exteriores suele ser, no falla, un vanidoso. Su único afán es mostrarse ante los demás como alguien que está cumpliendo con algo importante. Sus cambios, sin embargo, se mueven en el ámbito del ego pensante, henchido de inteligencia, pero a penas rozan ni su corazón ni sus entrañas. Son, por consiguiente, cambios previsibles, que muy pronto se vuelven rancios, cuando, en realidad, todo en la vía interior es novedad imprevisible. Hollar la senda sufí, seguir el ejemplo de los derviches, comporta optar por la vía de la locura. Porque hay que estar loco de remate para preferir la tranformación radical, que implica siempre inseguridad, al cambio, que se mueve en el ámbito de lo conocido. Y la transformación siempre viene de la mano de la comprensión de la propia naturaleza, de lo que uno es realmente, y no de lo que cree ser. Lo decía 'Alî, paladín de los derviches: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor". O lo que es lo mismo, quien descubre su naturaleza real, lo descubre todo. Pero, para ello es preciso vender la propia inteligencia y comprar admiración. Esa es la vía sufí, a eso invitan los derviches. No he visto jamás un derviche que no estuviese loco de atar. Pero, amigos, ¡cuánta cordura hay en la locura de un derviche! Halil Bárcena

lunes 26 de octubre de 2009

De la destrucción y la construcción


"¿Cómo se curará y cómo sanarás tú,
si no abres la úlcera purulenta con un bisturí?"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)






Comentario:

Antes de recoger los frutos hay que arar la tierra, que significa voltearla, a fin de que se airee. Y cuando encargamos un traje al sastre, éste corta y trocea el tejido antes de confeccionar la prenda. Mawlâna Rûmî afirma que, siempre, antes de la construcción hay destrucción. Nadie se cura cubriendo las heridas o disimulándolas. Tampoco las heridas del corazón se sanan así. Y esa es la única y auténtica transformación espiritual, que abras en canal todo tu ser, como el labriego que abre la tierra. El resto es entretenimiento, autoengaño y falacia. Hay quien se convierte a alguna creencia religiosa o quien adopta una ideología; hay quien sigue a un maestro espiritual, incluso; los hay que modifican algunos hábitos cotidianos, como la dieta, por ejemplo, o su forma de vestir. ¡Y hay también quien hace todo esto y todo a la vez! Por lo general, suelen ser cambios muy drásticos, pero sólo en lo tocante a la apariencia. Bajo la piel todo permanece frío e inerme. Y esto se prolonga durante los años, sin que nada substancial se transforme en el interior de las personas. Están en el lugar de siempre, igual (o peor) que siempre. Ni los celos, ni la envidia, ni el orgullo, ni el egoísmo, ni la falta de espontaneidad, ni el gesto torvo y la palabra avinagrada, ni el afán desmesurado de protagonismo, síntomas todos ellos de la peor de todas las enfermedades: ¡la ignorancia!; nada, absolutamente nada, se ha visto transformado con el tiempo. Sólo quien toma en sus manos el bisturí del amor y la inteligenica, el del silenciamiento interior y el desapego, y penetra en los tejidos dañados por el ego, puede afirmar que de verdad está haciendo algo. Eso sí, lo que se afirme, que sea siempre con humildad, como quien no ha hecho nada, como quien no quiere la cosa. Halil Bárcena

lunes 19 de octubre de 2009

De la admiración y la intuición



"Vende tu mente y compra admiración;

la mente es mera opinión,
la admiración es intuición"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)







Comentario:
Todo cuanto ante ti se despliega, desde el guijarro más humilde hasta la última galaxia, es un signo de Él, Hû, según gustan proclamar los derviches mevlevíes, seguidores de Rûmî. Todo, absolutamente todo, es un signo que remite a algo más que lo meramente observable a simple vista. Incluso los barcos que surcan los mares o el automóvil que atraviesa veloz la carretera, lo son. Tú mismo eres un signo de Él. En el mundo, pues, nada es, todo significa. Sin embargo, no comprenderás lo que aquí te traigo desde tu mente común. La mente humana, cercenadora de la realidad por naturaleza, piensa siempre en términos duales, como, por ejemplo, sujeto/obejeto, buscador/lo buscado, amante/amado. Has de vender esa mente, esto es, habrás de silenciar el parloteo interior y las impresiones sensoriales de la vida subjetiva, a fin de comprender. La mente puede argüir y enzarzarse en discusiones, puede aprender y enseñar acerca de casi todo; pero no puede ni conocer ni tampoco comprender. Hablo de silenciar la mente, pero no de ponerse una venda en los ojos de la inteligencia. Y es que el sufismo apela, fundamentalmente, a la razón. La mirada admirada del derviche es penetrante, pero, sobre todo, inmediata y repentina, como un relámpago. Cuando mires, mira, pero hazlo enseguida, antes de que tu mente dualista interprete lo que ve, porque cuando miras y piensas, dejas de comprender. Y aquí lo que cuenta es, por supuesto, comprender. Sólo quien es capaz de mirar así, admirándose, despierta a otro tipo de conocimiento, mucho más intuitivo y directo, que posibilta ver en todo lo que hay signos prodigiosos que hablan de una dimensión de la realidad absoluta, es decir, suelta, que está ahí, desplegada ante mí, pero independientemente de mí, desde hace qué sé yo cuándo. Y, lo que es más importante todavía, que tú eres eso. Halil Bárcena

lunes 12 de octubre de 2009

La mística en TV3



La mística y la televisión:

¿De qué hablamos

cuando hablamos de mística?





Dicen algunos que la mística está de moda. Lo cierto es que cada vez más las distintas místicas, también el sufismo, por supuesto, atraen la atención de un público culto cada vez más numeroso, como prueba el notable incremento de publicaciones sobre el tema. Pero, ¿quién y qué es un místico?, ¿sabemos de qué hablamos cuando hablamos de mística? Uno tiene la impresión que no mucho. Por lo que respecta al sufismo, ¿es la dimensión mística del islam?, ¿es todo el sufismo igual?, ¿es preciso ser creyente, religioso o musulmán para hollar la senda sufí?, ¿por qué los creyentes religiosos de rostro torvo y enfermizo son tan impermeables al amor y la vida que destilan los mejores sufíes? Son preguntas, todas ellas, de no fácil respuesta, que en este blog tratamos de elucidar.


Pero, volviendo al creciente interés por el fenómeno de la mística, que atrae incluso a los medios de comunicación de masas, recientemente, el domingo 11 de octubre, el programa Signes del temps, que emite cada semana TV3, la televisión nacional de Catalunya, estuvo dedicado, precisamente, a la mística. Participaron en el mismo Jorge Burdman, portavoz de la Comunidad Israelita de Barcelona; Agustí Borrell, carmelita; y Halil Bárcena, director del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona. Si no pudiste verlo en su momento, aquí tienes el link que te permitirá visionarlo ahora. Sólo tienes que copiarlo y clikar:

http://www.tv3.cat/videos/1537999/Signes-dels-temps---11102009

lunes 5 de octubre de 2009

Tener sed


"Llevo dentro un pez sediento

que jamás tiene bastante
de aquello por lo que tiene sed"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)




Comentario:

Lo primero en el camino interior es tener sed; mejor aún, sentirse sediento, porque la sed no se tiene, sino que se siente abrasadora por dentro. Sentir sed, sin por ello preocuparse de hallar agua. He ahí una de las mayores paradojas del camino interior. El camino no se recorre para saciar la sed, sino porque se siente sed. La palabra agua no quita la sed, del mismo modo tampoco es suficiente para impulsar nuestro caminar. La espiritualidad es un arte sutil, el más sutil de todos. Eso lo entendieron muy bien los derviches persas del pasado. El derviche habla un lenguaje particular: zabân-e hâl, la lengua silenciosa de la paradoja. Eso es lo primero que debe comprenderse antes de lanzarse uno a caminar: que las cosas, y menos aún las que tienen que ver con la senda del amor, no son como creemos, pues funcionan con otra lógica bien distinta. Lo que has de comprender es que quien no tiene sed se mostrará indiferente ante la fuente y pasará de largo. Por consiguiente, no te preocupes por el agua y sí por la sed y aquello que la provoca. Halil Bárcena

jueves 1 de octubre de 2009

Del viatge i els viatgers


La vida com a viatge,
el viatge com a vida


Halil Bárcena


Al meu parer, van lluny d’osques tots aquells -i no són pocs- que xerrotegen sobre les suposades arrels de l’home. Tots plegats semblen confondre arbres i humans. I és que més que arrels són orígens, el que de veritat posseeix l’ésser humà. Justament per això, per la nostra naturalesa mòbil, ens hem pogut desplaçar -a diferència dels arbres!-, anant d’aquí cap a allà, al llarg de la història. No tenir arrels que ens fixin al terra per sempre més, ens ha permès moure’ns o, el que és el mateix, concebre el viatge, somiar-lo fins i tot, i al capdavall acomplir-lo, és a dir, viatjar. Dit curt i ras, l’home és, fonamentalment, un homo viator que s’ha fet a si mateix viatjant. Perquè, com veurem tot seguit, la història de l’ésser humà és la història d’un gran periple de milers i milers d’anys fins arribar on som, que, tot sigui dit de passada, no és massa lluny que diguem.


El fet de viatjar no és pas una activitat més de les moltes que duem a terme els homes, sinó que constitueix una activitat inherent a la nostra condició d’éssers humans. Per tant, viatjar no és ni un caprici ni tampoc una excentricitat. Però, anem a pams i comencen pel principi de tot, abans d’exposar el vincle existent entre viatge i religió, viatge i espiritualitat, viatge i saviesa o qualitat humana profunda.


Sovint se’ns passa per alt, en particular als homes de religió, aferrats com estan a creences (diuen ells) revelades, una dada antropològica fonamental: l’ésser humà és, primer de tot, un animal vivent més, peculiar certament, però no pas tan original com alguns s’entesten a creure. No som els reis de la creació, entre altres coses perquè el món no és pas un regne a conquerir i governar, creació d’un ésser diví aliè a la pròpia existència de les coses i llur batec, que hagi escollit profetes entre els homes o revelat llibres anomenats (de forma abusiva) sagrats. Això vol dir que, pel que fa al tema que aquí ens ocupa, hem d’assenyalar, en primer lloc, les causes tant biològiques -les més primàries i primordials- com culturals del viatge. Ho hem apuntat ja, els orígens del viatge són tan remots com els de la pròpia humanitat, de tal manera que podem afirmar que el viatger com a tal, en el sentit antropològic i antropocèntric del mot, arrenca amb els primers representants de la nostra espècie.






Des de ben antic, tres han estat els objectius bàsics del viatge: la supervivència, en primer lloc i bàsicament, l’exploració i el coneixement, per bé que tots tres s’han imbricat, històricament, fins a confondre’s de vegades. Així, per exemple, la raó d’explorar un nou territori pot ser obtenir el coneixement suficient que permeti dominar-lo millor, per tal d’aprofitar-se dels seus recursos, el que permetrà la supervivència d’un grup humà en detriment d’un altre. Aquest fou, en part, l’esquema utilitzat per l’orientalisme, en tant que branca del saber formada per viatgers i intel•lectuals, que possibilità el desplegament pel món del colonialisme europeu dels segles XVIII i XIX; orientalisme tan ben estudiat pel professor palestí Edward Saïd (Orientalisme. Identitat, negació i violència, Vic: Eumo, 1991), premi Príncep d’Astùries a la concòrdia, l’any 2002, juntament amb el músic argentí d’origen jueu Daniel Barenboim.

En resum, els homes han viatjat i viatgen encara avui en dia (pensi’s, per exemple, en la cursa espaial de les grans potències) per a sobreviure com a espècie, per a explorar nous indrets i territoris i, en darrer terme, per a conèixer i conèixer-se a si mateix millor. En qualsevol cas, però, convé subratllar els tres factors esmentats, la supervivència. I és que quan parlem de comportament animal (i ho repeteixo un cop més: l’ésser humà és un ser vivent més), viatge i supervivència van estretament lligats entre si. En aquet sentit, l’actitud humana pel que fa al viatge no dista massa, en principi, de la d’altres espècies animals, com ara algunes aus, justament anomenades migratòries, ja siguin les cigonyes, els flamencs o les juganeres i bellugadisses orenetes, i llurs grans desplaçaments intercontinentals. L’objectiu és sempre, com no podia ser d’una altra manera, sobreviure. Així doncs, com bé apunten els investigadors Rull i Serrallonga (Viajes y viajeros. La aventura de viajar. Desde los orígenes hasta nuestros días, Barcelona: Niberta, 2008), viatjar constitueix una adaptació comportamental d’èxit present en moltes espècies biològiques i no pas una fita exclusivament humana. Viatjar, doncs, constitueix una activitat inherent a l’home, però no ens distingeix de la resta d’animals vivents, sinó que ans al contrari ens iguala a ells, sobre tot als que, com nosaltres, són conscients de que viatgen.

Els animals vivents posseeixen dues menes de conductes. La primera és innata i apareix codificada en els gens, mentre que la segona és adquirida, fruit de la interacció i l’intercanvi d’informació amb el medi i amb la resta d’individus. Pel que fa al viatge, hi ha animals que no són el que podríem anomenar viatgers voluntaris, sinó que els seus desplaçaments, de vegades de centenars de kilòmetres, venen condicionats per llurs pròpies estructures genètiques, com és el cas, per exemple, d’algunes menes de formigues, anomenades, curiosament, safari, terme de provinença àrab que vol dir, justament, viatjar, com detallarem més endavant. Per la seva banda, trobem altres animals el comportament viatger dels quals ha estat majorment aprés. Aquests, sí, són el que diríem animals viatgers (més o menys) lliures i voluntaris, entre els quals esmentaríem els dofins, els elefants i, en especial, els nostres cosins germans, els primats. Per descomptat, també els éssers humans som viatgers conscients de que viatgem. Quelcom de ben curiós és que tots els éssers vivents que posseeixen aquesta capacitat de viatjar de forma conscient són capaços de reconèixer la seva imatge davant d’un mirall, la qual cosa significa tenir un alt grau d’autoconsciència.

Els éssers humans hem viatjat des de temps immemorials moguts per la necessitat de sobreviure, anant d’un lloc a un altre rere els recursos naturals. Des de la prehistòria fins ara mateix, els diferents pobles caçadors/recol•lectors s’han desplaçat -han viatjat!- en busca d’aliments, plantes guaridores o matèries primeres destinades a la confecció d’estris i utensilis d’ús quotidià. Però el viatge, tal vegada per aquesta autoconsciència a la que venim de referir-nos, ha estat quelcom més que un simple desplaçament motivat pel nostre instint de supervivència. L’home ha viatjat per altres motius: per a explorar i per a conèixer. I és que l’ésser humà és un animal vivent més, sí, però amb la qualitat afegida del que podríem anomenar l’espiritualitat, que no és un afegit a la nostra naturalesa sinó un constitutiu antropològic. De vegades s’ha dit que l’home és un animal de profunditats. Hi ha, per tant, una altra dimensió del viatge, a banda de la ja referida. Juntament, amb la seva dimensió d’horitzontalitat, el viatge posseeix també una dimensió de verticalitat, que és la que religió, espiritualitat i art han conreat de forma més específica.

Així doncs, més enllà de les seves funcions de supervivència, el viatge ha esdevingut, primer, un exercici d’indagació i coneixement, i, segon, una potent metàfora que ens ve a parlar d’una concepció dinàmica del món i també de l’ésser humà; en definitiva, de la vida. El viatge és la metàfora per excel•lència del canvi i la transformació. El viatge ens recorda que tot està per fer. L’imaginari del viatge, sobre tot en la seva vessant de vol, ha estat utilitzat des de temps ben reculats per espirituals, artistes i poetes com a simbolisme de l’ascensió del si més pregon de l’ ésser humà vers una realitat (realment real!) més enllà de la que ens ve imposada per les nostres necessitats en tant que éssers vius.

Els espirituals de les distintes tradicions religioses, espirituals i de saviesa universals han utilitzat a bastament l’eloqüent metàfora del viatge, concretada sovint en seva modalitat de vol. Des de les deïtats alades de l’antic Pròxim Orient fins a les ànimes alades del Fedre de Plató i els àngels de les religions perses preislàmiques els rastres dels quals trobarem després, d’una o altra forma, en els tres monoteismes semítics (judaisme, cristianisme i islam), poetes i profetes, filòsofs i místics, han representat la capacitat de les ales per a enlairar l’ésser humà, més enllà dels estrets marges de l’atribolada quotidianitat. També en els pobles àgrafes, en especial dins de l’àmbit dels diferents xamanismes d’Àsia central i Sibèria, el simbolisme del viatge, caracteritzat també pel vol, apareix amplament representat.




El recurs al simbolisme del viatge implica una concepció dinàmica del cosmos i una particular antropologia que considera l’home com un ésser no imperfecte sinó inacabat, és a dir en construcció. Viatjar, en aquests termes, vol dir no donar-se per ja fet, sinó en trànsit vers el que hom és realment, però ha oblidat, com dirien els místics sufís. La imatge simbòlica del viatger és la d’aquell ésser humà compromès amb l’imperatiu pindàric de ser el que de fet hom ja és. Viatjar, així doncs, vol dir esdevenir un ésser plenament humà, perquè com diria el persa Mawlânâ Rûmî, mestre de dervixos, no n’hi ha prou amb néixer per ser un ésser humà en plenitud.

Mirades així les coses, el viatge esdevé quelcom més que un desplaçament horitzontal en busca de recursos per a sobreviure, com hem anat veient en la primera part d’aquest text. Com diu Frithjof Schuon, un viatge no és merament un moviment d’un lloc a un altre, sinó també un moviment d’un mateix a un mateix (Meditaciones de viaje, Palma de Mallorca: J.J. de Olañeta, 2002). Aquesta és l’altra dimensió del viatge, la dimensió de verticalitat. D’aquesta manera, tot viatge, impliqui o no desplaçament, es una peregrinació, car condueix a l’espai sagrat del nostre cor, on l’univers sencer sembla resumir-s’hi, com deien els antics. El viatge no és, doncs, ni una distracció ni tampoc una fugida vers cap paradís perdut, sinó un ardu exercici de coneixement, ara i aquí, moltes vegades sense tan sols haver de creuar el llindar de casa nostra. Diu Lao zi en el Tao te king: “Sense creuar la porta es coneix tot allò que hi ha sota el cel. Sense treure el cap per la finestra hom pot veure el curs del cel. Com més lluny es va, menys es coneix. Per això, el sant coneix sense viatjar, intueix sense veure, realitza sense actuar” (secció XLVII).

No hi ha cap contradicció entre les paraules del savi taoista i les crides d’altres espirituals a viatjar. Insisteixo un cop més, viatjar és també una metàfora del camí espiritual. Sigui com sigui, els mestres espirituals, i penso ara en els sufís perses, han instat sempre al viatge, a l’hora que han advertit sobre els seus enormes perills. I és que, en efecte, viatjar requereix d’una maduració prèvia imprescindible, a fi que no et perdis en l’exotisme i et distreguis en coses menors i, sobre tot, que el propi viatge no se t’emporti i aniquili.

Una temptació que ha assaltat de sempre els viatgers (els més immadurs, sobre tot) ha estat cercar dreceres, per tal d’escurçar esforços i estalviar penalitats. Als anys 60 del segle passat va haver-hi qui veié en les drogues psicodèliques una forma d’anar més enllà dels límits de la nostra ment. Era l’època del LSD. Avui en dia, amb paràmetres molt similars, hi ha qui coqueteja amb substàncies provinents dels mal anomenats xamanismes americans, induint viatges que persegueixen expandir la consciència. Al meu parer, però, aquestes camins més que dreceres són, en el millor dels casos, vies mortes; en el pitjor, veritables precipicis sense marxa enrere possible.

Per tant, el viatge, en termes espirituals, no sempre comporta desplaçament. I és que el viatge és també una actitud i un estat d’ànim. Al capdavall, és un viatger, en la més pregona accepció espiritual del mot, aquell que manté davant la vida una actitud d’alerta, canvi i renovació constant. I ja se sap que únicament es pot renovar qui és interiorment lliure i no viu sotmès a res, tampoc a cap divinitat. Emprendre el camí, aixecar el vol, comporta estar disposat a canviar el que sigui, tantes quantes vegades calgui, perquè res és intocable en el camí. El viatger únicament ha de ser fidel a la veritat. I res més. Per això, cal viatjar sempre molt lleuger d’equipatge, és a dir, el més buit possible de cor i esperit, a fi que les novetats insospitades del camí puguin trobar lloc fèrtil per arrelar i créixer en nosaltres.

La buidesa del cor, doncs, constitueix una de les condicions sine qua non del viatge. I buit significa aquí romandre obert i receptiu al que pugui succeir. En el camí espiritual s’avança de perplexitat en perplexitat, de novetat en novetat, ja ho deia l’esmentat Rûmî, perquè es transita per sendes que mai abans s’havien trepitjat. Però, els poetes són els que millor ho diuen tot sempre. Escriu Joan de la Creu: “Así como el caminante que, para ir a nuevas tierras no sabidas, va por nuevos caminos no sabidos ni experimentados, camina no guiado por lo que sabía antes” (Noche Oscura II, 16, 8). “Y claro está que éste no podría venir a nuevas tierras si saber más de lo que antes sabía, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos y dejados los que sabía” (Noche Oscura II, 16, 13).




Viatjar de perplexitat en perplexitat comporta no seguir cap traça. Vet aquí una de les distincions fonamentals entre religió i espiritualitat. El religiós circula entre les estretes parets de les creences i les obligacions a acomplir, és a dir, segueix un camí que considera revelat per Déu i codificat pels homes de religió, mentre que l’espiritual navega en un oceà sense riba ni petja. És, novament, Lao Zi el que ens diu: “En el bon caminar no hi ha carrils ni petjades” (secció XXVII). En efecte, el viatger espiritual no utilitza cap mapa (ja que com deia el poeta: “No hay camino, se hace camino al andar”), sinó que s’orienta amb brúixola. Per això a l’espiritual, que és home (home i dona se sobreentén) de novetats, no li serveix el mapa que utilitza el religiós, en el qual apareix al detall des del que ha de menjar a com s’ha d’abillar. I d’aquí també que s’hagi utilitzat la modalitat del viatge per mar per a referir-se a l’espiritualitat, car damunt l’aigua no hi ha sendes traçades. És el cas dels sufís perses, per exemple, que parlen del camí interior com un oceà sense riba. Sufís perses, per cert, que en la immensa majoria mai veieren cap mar cara a cara.

Hem dit abans que el viatge no implica sempre desplaçament i que és, primer de tot, un actitud i un estat d’ànim. Podem considerar el viatge en un sentit molt ampli. Potser no és la lectura una mena (molt particular) de viatge? Els antics així ho contemplaven. Observem la curiosa particularitat que ens brinda la rica i polisèmica llengua àrab. L’arrel gramatical àrab s-f-r, d’on venen els mots safar, viatge (d’on prové la paraula safari!) i sifr, llibre, inclou els camps semàntics del viatge i la lectura. Dit d’una altra manera, endinsar-se a fons en un llibre de saviesa, ja sigui l’Alcorà, els Evangelis o el Gita hindú, constitueix un veritable viatge, tal com l’hem anat definint en aquestes línies. La lectura, en aquest sentit, comporta els mateixos riscos que el viatge i demana també una actitud similar d’alerta, buidesa i lliurament absolut.

No hi ha dubte que la vida és una veritable aventura, un viatge sense mapes ni metes, que no s’acaba mai. Pensar la vida en termes viatgers comporta que vivim per a viatjar, que viatgem per a veure, que veiem per a conèixer, que coneixem per a admirar, que admirem per a estimar, i que la consecució de l’amor és la mort o buidament total de la nostra individualitat. I només qui s’ha buidat a si mateix de si mateix és capaç d’acollir-lo tot i, en conseqüència, de donar-lo tot. La conseqüència del coneixement, i el viatge és un procés cognoscent, és l’admiració, i no pas l’acumulació de dades i informacions. Ser savi, i el viatger de veritat ho és, res té a veure amb ser un setciències.

El viatge, metàfora del camí interior, se sembla molt a la poesia, que és sinònim d’expectació i astorament, però també d’interrogants sempre oberts. Vet aquí una altra diferència entre el religiós i l’espiritual. El primer cerca respostes (i quan més contundents millor), el segon avança d’interrogació en interrogació. Llàstima, però, que, com denuncia George Steiner, l’expectació i l’admiració se’ns hagin quedat avui en dia antiquades (Lecciones de los maestros, Madrid: Siruela, 2004), car sense ambdues no hi ha viatge possible; un viatge que, com canta Van Morrison, “is longer than I thought, my love”.

(Article aparegut en català a la revista Dialogal nº 31, tardor 2009, pp. 10-17)

Lecturas recomendadas

  • Fernando González Viñas, José Tomás: de lo espiritual en el arte (Berenice, 2008)
  • José María Vigil, Teología del Pluralismo Religioso (El Almendro, 2005) (http://latinoamericana.org/tiempoaxial/index.html#5)
  • Marià Corbí, Hacia una espiritualidad laica. Sin creencias, sin religiones, sin dioses (Herder, 2008)
  • Nader Ardalan-Laleh Bakhtiar, El sentido de la Unidad. La tradición sufí en la arquitectura persa (Siruela, 2007)
  • Omar Khayyâm, Rubaiyât (J. J. de Olañeta, 2008)
  • Reynold A. Nicholson, Los místicos del Islam (J. J. de Olañeta, 2008)
  • William C. Chittick, La doctrina sufí de Rumí (J. J. de Olañeta, 2008)

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan:
“¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,

estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī