PRÓXIMAS ACTIVIDADES


* CONTACONTES:

Històries de Nasrudín, riure i pensar amb Nasrudín, a càrrec de Halil Bárcena.

20-11-2017 a les 18'00 h.

Biblioteca Marià Vayreda, Pati 2, Olot.


* CONFERÈNCIA:

"Què és el sufisme?", a càrrec de

Halil Bárcena.

Casal Marià, Passatge Bisbe Guillamet 7, Olot.

20-11-2017 a les 20'00 h.

¡... Eyval·lah ...!

AVISO PARA NAVEGANTES

Amigas y amigos:

Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del místico persa Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví, en nuestro ámbito cultural.

Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro Institut. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.

Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam espiritual, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la
sunna muhammadiana, con lo que no es de orden terapéutico, ni pertenece a la categoría de la auto-ayuda, el crecimiento personal, el coaching u otros sucedáneos.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan semanalmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.

Para cualquier tipo de consulta o información, no duden en poneros en contacto con nosotros, a través de nuestra dirección de correo electrónico: sufismo786@yahoo.es

También nos pueden encontrar aquí:

Reciban un cordial saludo derviche, sean quienes sean y lo que sean, estén donde estén, y muchas gracias por su visita. Pero, antes de concluir, una advertencia importante: tal vez el nuestro sea el único blog sufí del mundo en el que se escribe acerca del noble y caballeresco deporte del rugby (y del deporte tradicional en general). Por consiguiente, quien tenga excesivas manías al respecto no hallará aquí su lugar.

¡Huuuuuuu ... !

Halil Bárcena
Director de l'IES

Yâ man Hû...!

Yâ man Hû...!

CONTACTO

Si está interesado en los contenidos del presente 'blog',
póngase en contacto con el 'Institut d'Estudis Sufís' aquí:

jueves, 19 de julio de 2012

Ramadán - 2012 / 1433

¡Ramadân mubârak!




"Mes de Ramadán, en el que se hizo descender el Qur'ân como guía para la humanidad 
y una prueba evidente de esta guía, 
y el criterio por el que discernir lo verdadero de lo falso"

(Azora al-Baqara, 185)

¡Huuu...!

Poetas: Adile Sultan

Poesía sufí femenina
(La elegancia de las mujeres sufíes 
a través de sus versos)


Nesrin Cân



En el mundo oriental, durante el período otomano, que fue una de las épocas más brillantes en la historia del tasawwuf o sufismo islámico, la mayoría de mujeres del palacio escribían poesía y tocaban instrumentos musicales clásicos turcos, como el 'ûd o el rebâb, pero no así el ney, la flauta derviche de caña, a pesar de ser el instrumento predilecto de los mevlevíes, los derviches giróvagos seguidores de Mawlânâ Rûmî (m. 1273). Según cuentan los cronistas de la época, las mujeres evitaban el ney para no deformar sus labios.   


Adile Sultân es una de las poetisas más representativas de dicha poesía femenina palaciega. Nació en el palacio estambulí de Topkapi, el año 1826, siendo hija del sultán Mahmûd II, que era mevleví y un jattât o calígrafo reputado, así como un músico avezado amante de la música sufí. Adile Sultân contrajo matrimonio con un militar de la marina otomana. La suya fue la boda más famosa celebrada en el Imperio Otomano durante todo el siglo XIX. Los días de tristeza llegarían más tarde, tras perder a su padre, su marido, el sultán, y sus hijos.


Fue murîda, esto es, discípula, del shayj sufí 'Alî Efendi. Invirtió su patrimonio en la construcción de un total de catorce fundaciones benéficas de ayuda a los más desfavorecidos. En su diwân poético no solo escribió poemas dedicados a su shayj, sino que, al mismo tiempo, compuso doce poemas para otros tantos shayjs diferentes. Respecto a su estilo literario, afirman los especialistas que la suya era una poesía llamada ladun, es decir, inspirada espiritualmente por lo divino, justo como la de los grandes poetas y místicos turcos: Yunus Emre, Shayjh Gâlib Dede y Fuzuli, por no citar sino un puñado. En el palacio, Adile Sultân convocaba, frecuentemente, reuniones literarias y sufíes que acababan siempre con música espiritual de inspiración sufí.



Uno de sus poemas más emblemáticos, traducido directamente desde desde el antiguo turco otomano dice así:


"Mi derviche, viajo a través de mi interior como un sultân.
En el mundo del amor cada instante es un viaje. 
El sultân está grabando la riqueza del tiempo.
Yo lo dejo todo y viajo desnuda. Ni alegría ni tristeza.
Viajo contemplando este mundo que algún día vamos a dejar.
No me preocupan lo bueno o malo de los demás.
Desde que llegué a este mundo enloquecí y viajo admirándolo todo.
Ni tengo oraciones en mi lengua ni tesbîh en mi mano.
Ni soy una sabia ni tampoco una estúpida; solamente viajo entre las ruinas.
Llegará un tiempo que entre lágrimas comprenderé quién soy.
Ahora se acerca el tiempo del viaje y la rebeldía, 
entre sollozos y recuerdos dolorosos del pasado.
Llegará un tiempo en el que yo, Adile, como Maynûn, cruzaré montañas.
Me maravilla el amor, viajando como un pobre a través de la tristeza".


Nesrin Cân es licenciada en filología hispánica de origen turco.

martes, 17 de julio de 2012

Dîwân de Hal·lâj (41)


Dîwân de Hal·lâj (m. 922)




41
1. La veritat m’ha parlat des del jardí del meu cor;
i el coneixement m’ha brollat des de la parla.


2. Déu ha fet que m’hi atansés
després d’un llarg allunyament; m’ha triat i distingit.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

Cuentos de Sa'adî



Cuentos de


Sa'adî Shirazî (m. 1292)



"A un maestro espiritual oí decirle a su discípulo: "La mente del hombre está tan ocupada por pensamientos referentes al sustento cotidiano que llegaría más arriba del rango de los ángeles si todos esos pensamientos los dedicase a Aquel que da el sustento".

Dios en el momento aquel no te tenía olvidado
Cuando no eras más que esperma, insensible y enterrado.
Te dio el alma, la natura, intelecto y percepción
Belleza, palabra y juicio, la perspicacia y la razón.
Dos brazos y hombros dispuso, en un puño cinco dedos.
Hombre de aspiración baja, ¿piensas que en este momento
Dios podría descuidar proveerte del sustento?

(Sa'adî, El Jardín de Rosas (Gulistán), Edición de Richard F. Burton, traducción al español de Jerónimo Sahagún, Palma de Mallorca, J. J. de Olañeta, 2004, p. 281-282). 

Libros: 'La prière en islam'


La prière en islam
Eva de Vitray-Méyérovitch
Éditions Albin Michel, París, 2003


Leili Castella




“¿Existe un camino más corto que la oración, preguntó alguien, para acercarse a Dios? – Siempre la oración, respondió [Mawlânâ Rûmî]. Pero la oración no es sólo esta forma exterior. Eso es el 'cuerpo' de la oración; la plegaria formal implica un principio y un final. Pero el alma de la oración es incondicionada e infinita y no tiene principio ni final” [1]. Precisamente, a la oración dedica Eva de Vitray-Méyérovitch, reputadísima islamóloga francesa del siglo XX y, por cierto, exquisita traductora del poeta y místico persa Mawlânâ Rûmî (m. 1273), su breve y a la vez profundo libro La priére en islam, en el que nos presenta una síntesis concisa y a la vez erudita sobre la oración islámica o salât (namâz en persa, expresión más utilizada en el islam oriental).

Siendo el salât  uno de los cinco pilares del islam, Vitray-Méyérovitch empieza por enraizarlo en el contexto de la revelación coránica, no en vano la plegaria es considerada por los musulmanes como un don de Dios a los hombres, concedido al profeta Muhammad para su comunidad, en el transcurso de la noche de su ascensión o mi’râj, en la que el profeta del islam accedió a la presencia divina (Corán 17, 1). Eva de Vitray pasa después a describir los distintos componentes de la oración y dibuja progresivamente sus diferentes cualidades, como su dimensión comunitaria, o el hecho crucial de que el respeto a las obligaciones y ritos prescritos por el islam, entre ellos la oración, en ningún caso permite obviar la presencia de la reflexión y de la inteligencia. Nos recuerda la autora, efectivamente, que cualquier conformismo o sumisión ciega a una autoridad en materia religiosa están prohibidos por el islam. “La fe", explica la autora, "ha sido definida en más de una ocasión por los pensadores musulmanes como la adhesión a aquello que ha sido revelado con la plena libertad de la inteligencia y del corazón. El Corán apela constantemente a la reflexión, a la observación”.  Y cita la autora estas palabras del gran filósofo y poeta indo-pakistaní Muhammad Iqbal: "La finalidad del Corán, en esta invitación a la observación reflexionada de la naturaleza, es despertar en el hombre la conciencia de aquello de lo que la naturaleza es considerada símbolo”.

Es a esta realidad única a la que señala el símbolo, a este absoluto más grande que todo cuanto uno pueda concebir, a lo que ha de (re)ligarse cualquier manifestación de nuestra existencia: cada acto del ser humano ha de dar testimonio de ello, y por tanto ser plegaria. Vivir en la presencia y recuerdo (dhikr) constantes de Él; esto es islâm. Por ello el libro que en estas líneas reseñamos empieza así: “¿Qué es el Islam? Una sola palabra bastaría para responder: la oración. A condición de entenderla, más allá de los actos cultuales, como un compromiso total del ser humano. Y éste es precisamente el significado del término islâm, que proviene del verbo aslama: entregarse, abandonarse (a Al·lâh).”

Notas: 
(1) Rûmî, Fihi-ma-fihi. Paidós, Barcelona, p. 36.


Leili Castella es licenciada en derecho y pianista. Rebâbista del grupo 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís y directora de la escuela de música 'Baraka, música con alma'. 



jueves, 12 de julio de 2012

'Sufismo', la presentación

'Sufismo', la presentación





El pasado miércoles 6 de junio, fue presentado en la sala Tagore de la Casa Asia de Barcelona el libro Sufismo (Fragmenta Editorial, 2012) de Halil Bárcena, en un acto, del que este blog ya dio cuenta en su momento, que reunió a más de doscientas personas. En el mismo, intervinieron el antropólogo y teólogo Xavier Melloni, el poeta y traductor Manuel Forcano, la música y coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona Leili Castella, Ignasi Moreta, editor de Fragmenta Editorial, y el propio Halil Bárcena. Además, el acto contó con la participación musical del grupo 'Ushâq, que interpretó algunas de las piezas musicales contenidas en su primer CD titulado 'Ushâq. Música sufí, presentado conjuntamente con el libro Sufismo. 

Si no pudiste acudir en su día, aquí tienes un breve resumen del acto, gracias a la magnífica producción del equipo audiovisual de Fragmenta Editorial:

miércoles, 11 de julio de 2012

El pensamiento circular sufí

El pensamiento circular sufí


Halil Bárcena





Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que el tasawwuf o sufismo islámico constituye una mística de la circularidad. En efecto, el círculo (lo circular, la circularidad) constituye un elemento fundamental tanto de la estética y el simbolismo como del pensamiento espiritual de los místicos sufíes. Veamos, a continuación, algunos ejemplos correspondientes a dichos ámbitos que ilustren cuanto decimos.

Uno de los momentos más conmovedores del samâ’ mevleví, esa suerte de oratorio espiritual practicado por los denominados derviches giróvagos, seguidores del poeta y místico persa, aunque afincado en la ciudad turca de Konya, Mawlânâ Rûmî (m. 1273), es la ejecución de su célebre danza circular que, muy posiblemente, constituya la expresión plástica más emblemática del sufismo islámico o tasawwuf. Dicha danza sagrada, verdadero símbolo actuado del viaje de retorno al lugar de donde proviene el ser humano, no es circular casualmente, como mostraremos a lo largo de estas líneas. 

El samâ’ mevleví es circular como circular es también el discurrir giratorio de los peregrinos musulmanes alrededor de la negra Ka’aba de La Meca, en lo que constituye uno de los episodios más vistosos de la peregrinación ritual islámica o hayy. También en este caso, al igual que sucede en el samâ’ de los derviches mevlevíes, los participantes se desplazan de derecha a izquierda, o lo que es lo mismo: hacia el corazón, la morada simbólica donde el ser humano puede realizar más nítidamente la experiencia gustativa del Amigo Divino (según les gusta decir a los propios sufíes), tal como recoge el célebre hadîz qudsî: «No Me contienen los Cielos ni la Tierra, tan sólo el corazón de Mi siervo».


De derecha a izquierda, esto es, en sentido contrario a las agujas del reloj; en otras palabras, a contratiempo. El derviche, con su tennure blanca desplegada como un pájaro con las alas extendidas, simboliza danzando el anhelo de remontar el curso del tiempo hasta lo que el propio Mawlânâ Rûmî denominaba el «día de alast», en referencia al mizâq o pacto primordial entre Dios y el ser humano, el instante en el que los hombres eran uno con Dios, recogido en el texto coránico: «Y (recuerda, Oh Mensajero) cuando tu Señor sacó de las entrañas de los hijos de Adán a su propia descendencia y les hizo que testificasen contra sí mismos (preguntándoles:) «¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?». Contestaron: «Sí, lo atestiguamos» (Corán, 7, 172).

De acuerdo con la geometría sagrada desplegada por los sufíes, el movimiento circular, tanto el del samâ’ mevleví como el del peregrino musulmán o el de las esferas, es el movimiento perfecto, que es el de la regeneración, contrariamente al de la línea recta, que representa el mundo de lo corruptible y contingente. El círculo constituye una unidad completa, y muestra, al mismo tiempo, la unidad del punto de origen. No tiene principio ni final, sino que es, al mismo tiempo, finito e infinito. El círculo constituye, tanto para el espiritual sufí como para el artista musulmán, el espacio por excelencia del viaje alquímico, el de la transfiguración interior. El círculo permite hacer visible lo invisible. Por su parte, el punto es la primera de las determinaciones geométricas, del mismo modo en que la primera de las determinaciones matemáticas es la unidad. 

La unidad y el punto constituyen la expresión del ser. Así, el círculo aparece como irradiación del punto, que es su centro. El punto es, al mismo tiempo, el principio, el centro y el final de las cosas. El movimiento del samâ’ mevleví se despliega desde el centro y remite, precisamente, a la inmovilidad vibrante del centro. El propio derviche es punto y círculo a la vez. En la terminología sufí, hallar el centro -tener un centro, como diría Frithjof Schuon (1)-, única tarea irrenunciable en la vida, es saborear la totalidad.


Pasemos, a continuación, al ámbito artístico. El equivalente en el arte de lo que el círculo y la circularidad representan y simbolizan según lo expuesto anteriormente es el arco, que es un término arquitectónico. El arco constituye una forma curvada que reposa sobre dos puntos de apoyo, con un eje de simetría. La arquitectura islámica ha utilizado el arco abundantemente, hasta hacer de dicho uso uno de sus elementos más peculiares. En efecto, los arcos constituyen la mejor rúbrica de una arquitectura islámica que cautiva, justamente, dada la particular fuerza espiritual que en sí encierran los arcos. La riqueza formal de las distintas modalidades de arcos empleados por los arquitectos musulmanes revela la importancia que la forma circular posee tanto en la estética del islam como en el pensamiento espiritual sufí, al que nos referiremos más adelante. 

El arco, cuyo equivalente en el jatt o caligrafía islámica es la letra nûn (ن), muestra visualmente un punto de vista específico acerca de un mundo arqueado y de un cosmos curvado, tal como ya la antigua astrología caldea había apuntado (2). Según los Ijwân as-Safâ’ o Hermanos de la Pureza, la sociedad secreta de orientación ismailí fundada en el siglo X en la ciudad hoy iraquí de Basora, la esfera constituye la mejor de todas las formas posibles, siendo el mundo esférico acorde a la voluntad de la sabiduría divina.




Lo que venimos exponiendo aparece sintetizado en lo que podríamos denominar «pensamiento sufí de la circularidad», que constituye uno de los elementos más característicos de la doctrina espiritual del misticismo islámico. Es Ibn ‘Arabî (m. 1243) quien mejor ha sabido expresar dicho pensamiento ligado a las ideas de recuerdo y retorno y que posee una traducción efectiva en la mayoría de las prácticas sufíes, que siguen un esquema mandálico, como en el caso ya expuesto del samâ’ mevleví. Dice el maestro andalusí de Murcia: «Considera que el mundo es una figura esférica y que por esto ansía volver a su principio, una vez que ha llegado a su fin, es decir, a Dios, que fue Quien nos sacó del no ser al ser y al cual hemos de volver, como Él mismo dice en varios lugares de Su Libro [Corán] […] Todo ser, toda cosa, es una simple circunferencia que torna a Aquel de Quien tomó su principio» (3).

El mundo es una figura esférica, del mismo modo que el espiritual sufí, el hombre universal, lo es también, tal y como veremos seguidamente, pues todo él se ha convertido en mirada, de manera que en cualquier dirección está orientado, porque, tal como recoge el texto coránico, «… dondequiera que os volváis, allí está la faz de Al·lâh» (Corán 2, 115).


En el fértil ámbito del sufismo turco otomano, será el shayj o maestro mevleví Ismail Rüsûhi Ankaravî (m. 1631) el más preclaro expositor del citado «pensamiento sufí de la circularidad». Autor de una extensa obra, en la que cabe resaltar su comentario del Masnawî de su maestro Mawlânâ Rûmî, así como sus textos en defensa de la licitud islámica del samâ’ mevleví frente a las críticas de los más intransigentes doctores de la ley, Ankaravî, a quien el célebre viajero otomano del siglo XVII Evliyâ Çelebi llamaba «océano de significaciones espirituales», se sirvió de la geometría sagrada y, en particular, del simbolismo del círculo y de lo circular, tal como lo había desarrollado toda la espiritualidad sufí anterior, desde los Ijwân as-Safâ’ a Ibn Sînâ y de Suhrawardî a Ibn ‘Arabî y su maestro Mawlânâ Rûmî, para describir el samâ’ mevleví en tanto que metáfora de la danza de la vida y del cosmos. Decía Ankaravî: «Bu vücut vücût-u devriyye», que en turco quiere decir: «Esta existencia es una existencia circular».

Lo más relevante, sin embargo, del pensamiento espiritual de Ankaravî, quien durante veintiún años estuvo al frente del Mevlevîhâne del barrio estambulí de Gálata, es su concepción circular del modo de existencia del espiritual sufí. Efectivamente, Ankaravî distingue entre lo que él denomina el «hombre cuadrado» del «hombre circular». El primero es quien vive acuciado por la inmediatez de los fenómenos y no percibe más allá de las formas exteriores. El «hombre cuadrado» no pasa de obedecer y cumplir la ley religiosa, sin atisbar más realidad que la que representa la letra en sí. Por su parte, el «hombre circular», simbolizado por el derviche mevleví, es quien sigue la vía del círculo, que es la de la renovación de la creación a cada instante. El «hombre circular», que es el espiritual por antonomasia, para quien nada es inerte y todo es signo teofánico, es aquel que se sabe como el ney (la flauta derviche de caña), esto es, como un exiliado en este mundo que añora el retorno a su verdadera patria de origen en Dios. Según Ankaravî, seguir la senda sufí mevleví es convertirse en un «hombre circular», que, entre otras cosas, significa estar en disposición de recibir.

Notas:
1. Véase Frithjof Schuon, Tener un centro, J. J. de Olañeta editor, Palma de Mallorca, 2001.
2. Véase  Shaker Laibi, Soufisme et art visual. Iconographie du sacré, L’Harmattan, París, 1998, p. 87 y ss.
3. Citado por Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico, vol. 2, Alianza Editorial, Madrid, 1996, p. 603.


Artículo publicado originalmente en la revista on-line turca 'Cascada': 

'Ushâq. Música sufí, a la venta

'Ushâq. Música sufí, a la venta




'Ushâq. Música sufí es el título del primer CD editado por 'Ushâq, grupo musical del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona, dirigido por Halil Bárcena. En él se recoge lo más sobresaliente del  legado tanto poético como musical del sufismo mevleví turco, inspirado por el poeta persa Mawlânâ Rûmî (m. 1273). No es, pues, un CD de eso que ha dado en llamarse fusión musical, sino una obra concebida desde los modos estéticos, musicales y también espirituales propios de la tradición sufí. 

Si estás en Barcelona, lo puedes adquirir en los siguientes puntos de venta:


Librería Altaïr: http://www.altair.es
Librería Síntesis: http://www.libreriasintesis.com
Tienda musical Etnomusic: http://www.etnomusic.com

Símbolos: La perla


El simbolismo de la perla


Halil Bárcena




En el simbolismo sufí, sobre todo en la poesía de raigambre persa, la perla, una joya en el interior de la concha exterior, está estrechamente ligada a todo cuanto tiene que ver con el perfeccionamiento interno y los frutos de la senda interior. Era Farîd al-Dîn al-'Attâr (m. 1221) quien definía el sufismo como el arte de "convertirse en perla". En su célebre Gulshan-i râz, traducido aquí como El jardín del misterio (Ediciones Nur, Madrid, 2008), Mahmûd Shabistarî (m. 1337) se refiere al significado profundo de la perla afirmando que "la perla es el conocimiento del corazón", eso que los sufíes denominan ma'rifa y que es un conocimiento directo, no discursivo, de la realidad tal cual es. Pero para entender el alcance real del simbolismo sufí de la perla es preciso conocer los relatos míticos que los buscadores de perlas del mar de Omán cuentan a propósito de la génesis de la perla. Según aquéllos, las ostras sedientas ascienden a la superficie del mar por primavera para saciar su sed mediante las lluvias de dicha estación tan benéfica, de tal modo que la perla no será sino una gota de dicha lluvia primaveral cristalizada en el interior de la ostra. Sabida es la importancia que el agua (sobre todo el agua de lluvia) posee en el relato coránico, asociada siempre a la rahma o generosidad misericordiosa de Al·lâh. Al fin y al cabo, el propio Corán, como la lluvia, es un tanzîl o descenso misericordioso. El caso es que, en el caso de la perla que ahora nos ocupa, la gota de lluvia representa el conocimiento transformador de la ostra que es capaz de engendrar algo tan maravilloso como una perla. La perla sería algo así como el corazón de luz, belleza y amor que anida en el interior de una ostra que no es otra cosa que el propio derviche hecho ser de luz. Por todo ello, el sufismo identifica la perla con la figura del insân al-kâmil u hombre universal, cósmico y completo; el hombre 'esférico' de Ankaraví, que es a primordial y final a la vez, capaz de reflejar sin tacha la luz divina. Y la figura sufí por antonomasia del insân al-kâmil es el profeta Muhammad, de quien Mawlânâ Rûmî afirma: "Es la perla más maravillosa y única".            

martes, 10 de julio de 2012

Arquitectura sonora, el alminar


Arquitectura sonora, el alminar


Leili Castella




Pocas veces la arquitectura occidental ha pensado en el oído, o en arrullar al ser humano con sonidos que nazcan de sus edificios, y a lo más que suele aspirar es a la insonoración de sus espacios. La arquitectura del islam, es, por el contrario, una arquitectura sonora, hecha para el goce de todos los sentidos, pero especialmente quizás, para el de la audición. Ello no es baladí, puesto que la audición, en su sentido más amplio, es, en el islam, una facultad preeminente por muchas razones que no es el momento de desarrollar: recordemos tan sólo, a modo de pincelada, que el hecho nuclear del islam, la revelación coránica, fue un fenómeno fundamentalmente oral y, por ende, auditivo. El Corán fue esencialmente 'escuchado' por el profeta Muhammad, y sólo después recitado y transmitido oralmente antes de ser transcrito. La misma palabra Corán proviene de la raíz árabe Q-R-’, que en su campo semántico contiene el hecho de recitar un texto. La arquitectura del islam estará pensada, pues, para exclamar, expandir y hacer resonar la palabra y los sonidos de Al·lâh.

Buena prueba de ello es un elemento arquitectónico de las mezquitas en el que hoy nos gustaría detenernos: los alminares. Desde lo alto de ellos, el almuédano o muecín, cinco veces al día y siguiendo el ritmo solar de la naturaleza, anuncia el inicio de la oración o salât.

Joaquín Lomba, en su exquisita obra El mundo tan bello como es, plantea acercarse al arte islámico como si de un libro de texto se tratara, para así comprender el contenido y el pensamiento del islam. Pues bien, contemplar un alminar es ver una representación física de la intuición fundamental del islam, el tawhîd, que Halil Bárcena define como “la comprensión profunda de que no existe nada más que Dios, de que no hay nada existente fuera de Él” [1]. El alminar, como si de un dedo índice o de una flecha se tratara, apunta a la dimensión de verticalidad de la existencia, es decir, a su dimensión sagrada. Pero es que no sólo la forma del alminar expresa el tawhîd; ¡también lo dice, lo canta! De lejos, uno no puede ver al almuédano (¡o ahora al altavoz, en muchos casos!) en la torre; tan sólo se atisba el trazo esbelto del alminar que se alza por encima de la horizontalidad común y del que emana el sonido de la voz humana, utilizada para lo que realmente ha sido creada: para proclamar la dimensión sagrada de la existencia. No en vano fue el ser humano el  único ser de la creación que aceptó esta tarea fundamental (Corán 33,72).



La lengua árabe, de una riqueza y belleza inigualables, denomina al alminar ma’dana, es decir “el lugar elevado desde donde se llama a la oración”, pero, también, como explica Lomba, al-manâr, de la que derivan directamente alminar o minarete, y que significa faro o “lugar donde se pone la luz” [2]. Efectivamente, a veces se llamaba también a la oración con una luz, porque los fieles que estaban lejos, en el campo o de viaje no podían oír la voz del almuédano. Pero también porque, en definitiva, la luz, esto es, la vibración sonora más sutil que existe, es la luz de Al·lâh, “símbolo y expresión de la Creación de Dios y de la donación del ser al mundo, pues con un solo acto creador (con una sola luz), hace las cosas múltiples lo mismo que un solo rayo de la luz natural nos permite ver la inmensa variedad de objetos y colores del mundo que nos rodea” [3].

Notas:
(1) Halil Bárcena, Sufismo, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2012, pp. 80-81.
(2) y (3) Joaquín Lomba, El mundo tan bello como es, Edhasa, Madrid, 2005, pp. 63 y 252.

Para oír una bella llamada a la oración, entre aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=yG6MsmEg4w4

Leili Castella es licenciada en derecho y pianista. Rebâbista del grupo 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona y directora de la escuela de música 'Baraka. Música con alma'.

Srebenica, en el recuerdo

Recuerdo de Srebenica



Halil Bárcena



Fue en julio de 1995, en la población bosnia de Srebenica, enclave supuestamente protegido por los cascos azules. Más de 8000 varones musulmanes fueron asesinados vilmente por las hordas de radicales serbios, comandadas por Mladic y Karadzic. Fue la mayor matanza de civiles cometida en Europa -¡ay, pobre Europa!-, tras la Segunda Guerra Mundial. Esta breve nota es para refrescar la memoria, para que aquello no se olvide jamás y para decir que siempre llevaremos a Bosnia, realidad gozosa y sufriente del islam europeo, en el corazón.

Este es un testimonio de aquel genocidio, crimen horrendo contra la humanidad:         
http://www.youtube.com/watch?v=yv8kvhDB76M

lunes, 9 de julio de 2012

Istilâhât (Léxico sufí): 'Amal e 'ilm'

'Amal e 'ilm, 
acción y conocimiento


Halil Bárcena




Según la espiritualidad islámica tradicional recogida por el sufismo, 'amal, acción, e 'ilm, conocimiento, son inseparables. De hecho, ambos términos comparten una proximidad gramatical que queda de manifiesto, en primer lugar, fonéticamente. Un célebre proverbio árabe afirma que el conocimiento sin acción es como un árbol sin fruto, mientras que la acción  sin conocimiento, uno de los signos más característicos de los tiempos que corren, es una acción por la acción, caótica y sin principio, tanto o más destructiva que la propia inacción; algo fácilmente observable, en nuestros días, en los que activistas de toda laya actúan movidos por el simple culto a la acción, pero sin tener rumbo alguno. Como en tantos otros temas, la espiritualidad islámica viene a restaurar las rupturas derivadas de esos falsos dualismos, como el de la acción y el conocimiento, el de la acción y la contemplación, que genera la modernidad. Al mismo tiempo, y cercano gramaticalmente a los anteriores, existe otro vocablo árabe, el verbo ta'al·lama, que significa aprender. Y es que sin aprendizaje (sufí) no hay conocimiento (sufí), única guía válida de la acción correcta (sufí).    

miércoles, 4 de julio de 2012

Laylat al-Barâ'a, una noche bendecida

Laylat al-Barâ'a, una noche bendecida




A medio camino del mes bendecido de sha'bân, quince días antes de que irrumpa el mes de Ramadân, se alza en el calendario 'Laylat al-Barâ'a' (Shab-i Barat en India e Irán), la 'Noche del perdón', una noche repleta de báraka, en la que, según cuenta la tradición, se fija el destino del año próximo de cada persona y se perdonan las faltas cometidas, fruto de la ignorancia. Decía Muhammad, profeta del islam, a propósito de esta noche: “Es en esta noche cuando se graban todos los nacimientos y las muertes que se sucederán durante este año. Es cuándo se reparten las provisiones para la humanidad, y sus hechos y acciones son recogidas”. Barâ'a es una noche para la vigilia y el silencio, para el dhikr y la reflexión. ¡Yâ Huuu...!

Poetas: Sohrab Sepehrí


Más allá de los mares
Construiré una barca,
La lanzaré al agua.
Me alejaré de esta tierra extraña
En la que nadie despierta a los héroes
En la arboleda del amor.

Con una barca sin red
Y el corazón sin desear la perla
Seguiré navegando.
No ataré mi corazón a los azules
Ni al mar ni a las sirenas que asoman fuera del agua
Y esparcen el hechizo de la punta de sus cabellos
En la luminosa soledad de los pescadores.

Seguiré navegando.
Seguiré cantando:
‘Lejos hay que ir, lejos.
El hombre de aquella ciudad no tenía mitos.
La mujer de aquella ciudad no tenía la plenitud de un racimo de uva.

Ningún espejo de ningún salón repetía la alegría.
Ningún charco de agua reflejaba una antorcha.

Lejos hay que ir, lejos.
Cantó su himno la noche.
Ahora les toca a las ventanas.
Seguiré cantando.
Seguiré navegando.

Más allá de los mares hay una ciudad
Cuyas ventanas están abiertas a la aparición.
Los tejados son el lugar de las palomas que contemplan las
Fuentes de la inteligencia humana.
En esta ciudad, la mano de todo niño de diez años es una rama de conocimiento.

La gente de la ciudad mira al muro
Como a una llama y a un sueño suave.
La tierra oye la música de tus sensaciones
Y en el viento se oye el sonido de las aves mitológicas.

Más allá de los mares hay una ciudad
Donde la extensión del sol iguala a la de los ojos de los madrugadores.
Los poetas son herederos del agua y de la sabiduría y de la claridad.

!Más allá del mar hay una ciudad!
Hay que construir una barca.



Dirección
‘¿Dónde está la casa del Amigo?’.
Fue al alba cuando el jinete hizo la pregunta.
El cielo se detuvo, el transeúnte entregó a las tinieblas de arena
La rama de luz que tenía en los labios,
Luego señaló con el dedo un sauce blanco y dijo:

‘Antes de llegar al árbol hay una alameda
más verde que el sueño de Dios,
donde el amor es tan azul como el plumaje de la sinceridad.
Irás hasta el final de esta calle que aparece pasada la adolescencia,
Luego torcerás hacia la flor de la soledad.
A dos pasos de la flor,
Te detendrás al pie del eterno surtidor de los mitos de la tierra.
Allí te envolverá un pánico transparente;
En la intimidad fluida del espacio oirás cierto crujido:
Verás a un niño encaramado en un pino alto
Dispuesto a coger los polluelos del nido de la luz
Y le preguntarás:
‘¿Dónde está la casa del Amigo?’.


Noche de la buena soledad
Escucha, es el pájaro más lejano del mundo el que canta,
La noche fluye unificada, expandida.
Los geranios,
Y la rama más alborotada de la estación, oyen la luna.

La escalera delante del edificio,
La puerta sosteniendo con la mano una linterna
Y en el fresco derroche de la brisa,

Escucha: el sendero llama a tus pasos desde lejos.
Tus ojos apenas son el ornato de las tinieblas.
Sacude pues los párpados, ponte los zapatos y ven.
Ven al lugar donde el plumón de la luna despierta tus dedos,
Donde el tiempo se sentará sobre la tierra dura, junto a ti,
Y absorberá los salmos nocturnos de tu cuerpo como fragmentos de un canto.

Allí hay un místico que te dirá:
Lo mejor es alcanzar una mirada impregnada todavía del súbito
Acontecer del amor.

Sohrab Sepehrí, Espacio verde, todo nada, todo mirada. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2010.





Sohrab Sepehrí (Kashán, Irán 1928-Teherán, 1980). Considerado uno de los mayores poetas iraníes contemporáneos, fue también pintor. Su arte bebe del contacto íntimo con la naturaleza, y en particular el desierto, donde se refugiaba una gran parte del año, imponiéndose una disciplina de soledad y silencio. Su estilo se aparta de las tendencias y hereda el legado de la antigua mística persa adoptando formas muy libres, con un toque personal de ironía, surrealismo y compasión. Lo que quizás le distinga del resto de poetas tradicionales persas es su particular culto a la naturaleza, que descubre fundamentalmente en los grandes maestros del pensamiento del Extremo Oriente, tras su larga estancia en Japón y sus estudios de la poesía y el arte chino-japonés.

(Sección coordinada por Pepa Torras i Virgili)

Cocina sufí: 'Compota de albaricoque'


Compota de albaricoque



Un hombre agitaba las ramas de un albaricoquero a fin de hacerse con los frutos tan apreciados del árbol, cuando el dueño del jardín le sorprendió diciéndole:
- ¿Acaso no temes a Al·lâh?
 El hombre respondió en estos términos: 
- ¿Por qué habría de temerle? El árbol es suyo y yo soy su servidor, de tal manera que el servidor de Al·lâh come de su fruto.
Tras oír la respuesta del hombre, el dueño del jardín se ausentó unos minutos, no sin antes  pedirle a su inesperado visitante que aguardara un instante junto al árbol. Al poco, llegó el dueño con una cuerda en una mano que utilizó para atar al hombre al árbol y un bastón, con el que, una vez atado el hombre, comenzó a golpearle. Éste exclamó entonces:
-Y tú, ¿no tienes miedo de Al·lâh, que me golpeas de esta forma?
El dueño zanjó la cuestión como sigue: 
-¿Por qué he de temerlo? ¡Tú eres un servidor de Al·lâh y esto es el bastón de Al·lâh con el que golpeo a su servidor!

Ingredientes (para 4 personas):
150 gramos de albaricoques secos
1 litro de agua
200 gramos de azúcar o bien mosto de uva

Preparación:
Lavar los albaricoques y ponerlos a hervir en una olla con agua, aproximadamente quince minutos. Luego, añadir el azúcar y dejar que hierva diez minutos más. Lo dejamos enfriar un buen rato, para servirlo después bien frío. Tradicionalmente, se sirve al final de las comidas a manera de postre. En la Anatolia turca, la compota de frutas se sirve como postre y significa algo así como ‘cortar la palabra’, esto es, que tras la compota no se servirán más comidas.

(Sección coordinada por Nesrin Cân)

Dîwân de Hal·lâj (40)


Dîwân de Hal·lâj (m. 922)




1. Entre la veritat i jo no queda res que ens distingeixi,
ni proves ni signes que calgui demostrar.


2. Es manifesta, així, la veritat en plena aurora,
flama fulgurant que poncella poderosa com una perla de llum.


3. Ningú no reconeix la veritat tret d’aquell a qui es revela;
l’efímer que es marceix sense remei no pot concebre el perdurable.


4. No es demostra el creador a partir de la seva obra,
com qui contempla un instant fugisser i creu saber quelcom del temps.


5. La prova és ell, sols a ell pertany, emana d’ell, vers ell s’adreça,
testimoni del ver en el descens del discernir.


6. Sols a ell pertany la prova, d’ell emana, depèn d’ell, és per ell i amb ell.
Verament, hi trobem una ciència preclara.


7. És la meva raó de ser i de proclamar la meva fe;
això unifi ca conviccions en la unitat i és el meu credo.


8. S’expressen així els solitaris que viuen en ell,
que gaudeixen d’una insondable saviesa, en públic i en secret.


9. Raó de ser dels qui existeixen per ell, i en ell s’extasien;
fills d’un mateix llinatge, fi dels amics i companys.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

(Con)fusiones musicales


(Con)fusiones musicales


Halil Bárcena




Vivimos una época de mezcla y confusión, en la que nada es lo que parece. Corren unos tiempos desordenados, en los que como nada está en su sitio nadie puede ocupar su lugar natural. Y esto en todos los órdenes de la vida, también, por supuesto, el artístico y, más concretamente, el musical. Digámoslo ya de entrada y sin embudos: lo que en el ámbito de la música se conoce a menudo como fusión no es sino una perfecta confusión sólo apreciable por quienes no son capaces de distinguir entre el original y la copia y, en consonancia con los tiempos que corren tan frívolos (todo el mundo se atreve con todo) y wikipédicos, se conforma con lo que parece ser (oriental o sufí, por poner un ejemplo bien cercano) pero no es. Hay músicas (insistimos en el ejemplo: orientalizantes más que orientales) que 'suenan a' pero en modo alguno 'son'. Y como es muy difícil mentir en la música, no pasan de ser meras copias falsas e insinceras. Si nos ceñimos al ámbito musical sufí que nos ocupa, ya sea turco o bien árabe, nada que no esté interpretado según el patrón del maqâm o modo musical podrá ser considerado como tal música sufí. Afirma el musicólogo turco Rauf Yekta Bey a propósito del maqâm que es "una forma particular de la escala musical, caracterizado por una cierta disposición de los intervalos y de los distintos elementos que lo integran", que según él son seis: 1) división en tetracordes y pentacordes, con su posición respectiva 2) ámbito musical 3)  nota inicial fundamental 4) notas predominantes 5) tónica y 6) movimiento de la melodía o seyri, con sus respectivas cesuras o puntos finales. Sin eso no hay maqâm, y sin maqâm no hay música tasawwuf o sufí; lo que habrá es eso que en Turquía y el Próximo Oriente árabe se conoce como sharqiyât y que, a falta de mejor expresión, podríamos traducir por 'souvenirs orientales', es decir, nada auténtico, nada serio. 




Escribía Ananda K. Coomaraswamy, a propósito del románico: "Para juzgar obras de arte románico y comunicarlas, el crítico o profesor de este campo debe convertirse en hombre del románico, y para ello se necesita más que sensibilidad para las obras románicas o conocimientos sobre ellas". Pues bien, lo mismo vale para la música sufí, que aquí nos preocupa. Para interpretar el repertorio musical sufí se precisa algo más que destreza musical, algo que además se debería de suponer. Para ser correctamente dicha y expresada una cosa debe proceder de dentro, puesto que conocer es ser; de otro modo se imitarán sin más los accidentes de un estilo musical concreto pero totalmente al margen de las operaciones intelectivas internas que dicho estilo requiere. Es cuando se ignora una tradición musical, cuando se desconoce su verdad, cuando se recurre a la hibridación hoy llamada fusión (o mestizaje), que para nosotros no es más que pura confusión musical. Y los artes híbridos, lo decía Coomaraswamy también, son los menos importantes de todos.                  

Lecturas recomendadas

  • Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
  • Avinash Chandra, El ccientífico y el sabio. Los límites de la ciencia y el testimonio de los sabios (J.J. de Olañeta, 2016).
  • Cristina Cruces Roldán, El flamenco y la música andalusí. Argumentos para un encuentro (Carena, 2003).
  • E.M. Cioran, De lágrimas y de santos (Tusquets, 2008).
  • Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
  • Leonard Lewisohn (ed.), The Philosophy of Ecstasy. Rumi and the Suf Tradition (World Wisdom, 2014).
  • Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
  • Olga Fajardo (ed.), La experiencia contemplativa. En la mística, la filosofía y el arte (Kairós, 2017).
  • Ramon Llull, Llibre del gentil i dels tres savis (Claret, 2016).
  • Rebeca Retamales, Análisis simbólico de la tauromaquia (Egartorre, 2006).
  • Seyyed Hossein Nasr, Islam in the modern world (HarperOne, 2012).
  • Thierry Zarcone, Le croissant et le compas. Islam et franc-maçonnerie, de la fascination à la détestation (Dervy, 2015).
  • Xavier Melloni, Sed de ser (Herder, 2013).

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī

¡... del movimiento a la quietud!

... de la palabra al silencio !!!

"Queda mucho por decir,
pero será Él quien te lo diga
para que lo entiendas, no yo"

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)