Halil Bárcena, "Perlas sufíes. Saber y sabor de Mawlânâ Rûmî" (Herder, 2015).

«Es verdad que jamás un amante busca a su amado sin haber sido buscado antes por éste» (Mawlânâ Rûmî, Maznawî III, 4393. Traducción: Halil Bárcena).

¡... Eyval·lah ...!

AVISO PARA NAVEGANTES

Amigas y amigos, salâms:

Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del sabio sufí Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví por él inspirado, en nuestro ámbito cultural.

Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro instituto. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.

Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la
sunna muhammadiana, porque el sufismo es el corazón del islam, pero el islam es el corazón del sufismo.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan puntualmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.

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Halil Bárcena

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Yâ man Hû...!

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viernes, 4 de marzo de 2011

Dhangethi, Atolón de Ari (Islas Maldivas)



"A los diez días de habernos embarcado en Calicut, llegamos a estas islas, que son una de las maravillas del mundo".
Esto es lo que escribía, allá por el siglo XIV, Ibn Battûta, el Marco Polo del islam (mirado de otro modo, ¿por qué no decir decir que Marco Polo es el Ibn Battûta de la cristiandad?). Y no le faltaba razón al célebre viajero tangerino, puesto que, en efecto, estas islas, que hoy conforman la moderna República de las Maldivas, el país menos poblado de todo el mundo islámico (apenas 360.000 habitantes), poseen una hermosura, por decir lo mínimo, superlativa. Pero, a pesar de que continúan siendo una maravilla a duras penas descriptible, las Maldivas de hoy poco se parecen, al menos en algunas cosas que a continuación les relataré, a las islas que visitó Ibn Battûta.







En la actualidad, las Maldivas constituyen uno de los destinos turísticos más selectos del mundo, lo cual ha transformado el rostro de unas islas, insisto, hermosísimas. Durante siglos, la economía de los maldivenses dependió casi exclusivamente de la pesca, pero desde hace unas cuatro décadas el turismo ha ganado en importancia, hasta convertirse en el principal recurso económico nacional. Ello ha contribuido a hacer de las Maldivas uno de los países más ricos de Asia. Sin embargo, la redistribución de la riqueza es muy baja. Con todo, a simple vista, sus gentes viven de forma digna, muy digna, diría incluso. Vaya, que esto no es India, a pesar de su proximidad.





Situada en el océano Índico, al sudoeste de Sri Lanka e India, la República de las Maldivas está constituida por 1.196 islas coralinas, agrupadas en una doble cadena de 26 atolones (compuestos por arrecifes de coral vivos), de las cuales únicamente 203 están habitadas. Las distancias entre las distintas islas no son pequeñas. Y es que las Maldivas es uno de los países más dispersos del mundo, lo cual ha obligado a las autoridades a crear una más que notable red de hidroaviones que permiten una comunicación fluída entre isla e isla. Otra singularidad de las Maldivas, en este caso dramática, es ser el país más plano del mundo, con una altitud máxima de tan solo dos metros, lo cual hace prever una más que probable desaparición en unos años, a causa de la alarmante subida del nivel del mar, provocada por el cambio climático. De hecho, el gobierno de las Maldivas (democrático, por cierto) ya ha adquirido terrenos en el estado indio de Kerala para trasladar a la población, en un futuro que, a decir de los especialistas, no será demasiado lejano. Así pues, Maldivas pervivirá pero ya no flotando en el océano, sino en tierras de Kerala. No en balde, existe un viejo sustrato cultural que emparenta a los maldivenses con los habitantes de Kerala. De hecho, los primeros pobladores del archipiélago fueron pueblos dravídicos provinientes de dicho estado indio.







Se hace difícil decir cuál es el atolón más bello de cuantos conforman las Islas Maldivas. Pero, tal vez sea el de Ari, sobre todo por sus fondos coralinos. Allí, en Ari, se encuentra Dhangethi, una pequeña isla que alberga al pueblo del mismo nombre, un rincón delicioso donde aún puede palparse la vida tradicional maldivense, más allá de los hoteles de lujo de las islas de alrededor. Sus habitantes, pescadores en su mayoría, viven a un ritmo quedo, sin demasiados agobios, lo cual se traduce en su curioso caminar, lento y balanceado. Callejeando de un lado para otro, aún pueden avistarse aquí y allá algunas casas antiguas construidas con corales, una práctica hoy prohibida por las autoridades. Pero para hacerse una idea de cómo era la vida en estas islas antes de la eclosión del turismo, nada como visitar el museo -muy cuidado, todo sea dicho- del pueblo, en cuyo puerto lucen los dhonis, las embarcaciones típicas de los pescadores maldivenses.





Las Islas Maldivas constituyen un país islámico. El islam llegó al archipiélago en el siglo XII, constituyéndose en la religión preponderante, después de haber sido un territorio budista desde el siglo III. Dado su carácter histórico de zona de paso para navegantes y aventureros, en las Maldivas pueden apreciarse rasgos africanos, árabes, indios e incluso indonesios. Tal vez donde mejor se deje ver dicha mezcolanza sea en su rica y variada gastronomía. Pero, si estas islas poseen un tesoro éste es sus fondos marinos, de una belleza y variedad sólo comparables a los de Polinesia. Sumergirse en estas aguas azul turquesa constituye casi -y sin casi-un acto sagrado, como cuando uno se adentra en la selva, camina por el desierto, culmina la cima de una montaña o pasea en marzo entre los almendros en flor de Horta de Sant Joan, en la Terra Alta catalana, sin ir más lejos. Y es que en la naturaleza virgen, y estos fondos marinos a buena fe que lo son, late un mensaje de la divinidad y es, al mismo tiempo, una vía de retorno hacia ella.




La capital y ciudad más poblada de las Islas Maldivas es Malé, con poco más de cien mil habitantes. Para el viajero posee un interés relativo. Sin embargo, son de visita obligada el Museo de Historia de las Maldivas y la hermosísima mezquita de Hukuru, que data del año 1656, cuyos techos, paredes y columnas de madera labrada son un prodigio artístico. Reposar en su interior a la fresca, cuando afuera el sol de diciembre cae inmisericorde, constituye una bendición. Aprovecho entonces para releer las andanzas de Ibn Battûta por estos pagos. Dice el de Tánger, a propósito de las mujeres: "Las mujeres de las Islas Maldivas, incluida la sultana, llevan la cabeza descubierta y los cabellospeinadosy recogidosa un lado. Casi todas se visten con un solo paño, que les llega del ombligo a los pies, quedando desnudo el resto del cuerpo, y de esta guisa andan por los zocos y demás sitios. Cuando fui designado para el cadiazgo de estas islas, me esforcé en cortar tal costumbre, ordenando a las mujeres que se vistieran, pero no pude conseguirlo; todo lo más que logré fue que, cuando vinieran a verme para presentar una querella, entraran completamente vestidas". Lo que es cierto es que los tiempos -y las costumbres con ellos- han cambiado mucho desde el siglo XIV. También es cierto que el islam no siempre ha sido como hoy lo vemos y percibimos.


Halil Bárcena
(diciembre 2010)

Poetas: Andrée Chedid


1

El viaje liberado

No hay muros
Te lo he dicho no hay muros

Estemos donde estemos canto y permanezco
Estemos donde estemos el presente no tiene edad

Si me despierto con la aurora
Y estás en mi vida

Estemos donde estemos las fuentes se desatan

El ancla no es del viaje
Te lo digo






2
Te amo, pájaro hostil

No es de morir de lo que morimos

Sino de llevar el día en mil astillas
De ser la presa de uno solo de nuestros rostros
De tener nuestras casas como el
lugar

No es de morir de lo que morimos

Sino de la espuma que pierde memoria
De sus sienes de océano

De la hierba violentada en su guarida
De las llanuras que la hora endurece

Ahítas de selvas insondables
Por develar sólo una de sus ramas
Y del azar,
Atolón que se reduce

Vida atigrada sobre nuestras vidas
¿Con qué red apresarte?

Te amo, pájaro hostil


3
La otra mirada

Si te tropiezas con los muros de carne
Si tus palabras naufragan antes de nacer
Si tu sangre se aferra a tus huesos
Y tu mirada pierde el sendero

¡Haz un llamado a la otra mirada!

La mirada que transgredí el mundo
Y distancia el tiempo singular

En la angostura de los días
Cuando se abisma la penumbra
¡Amotina la otra mirada!

Su brillo te buscaba.


Andrée Chedid, Antología poética, Madrid: Monte Ávila editores, 1992



Andrée Chedid (El Cairo, 1929-París, 2011) Poetisa, novelista y autora teatral francesa de origen libanés, en la que convergen sin conflictos la cultura europea y la árabe. "Las barreras entre los hombres son ficticias y el fondo es tierra común", afirma esta escritora que ha denunciado reiteradamente las atrocidades de la guerra del Líbano. La suya es una evocación de la tierra lejana de su infancia, a través de la palabra esencial, desnuda de artificios pero sin renunciar a la sensualidad propia del lenguaje poético. De su poesía ha dicho René Char que es "la poesía del yo profundo, en el tiempo y atemporal a la vez"; una poesía que según Yves Bonnefoy "conduce verdaderamente a lo real".

(Sección coordinada por Pepa Torras i Virgili)

jueves, 3 de marzo de 2011

Cuentos: El lugar de cada uno


El lugar de cada uno






Un aspirante a derviche interrogó a su maestro en estos términos:
- Se dice que en el mundo cada cosa posee su sitio. Y que también cada hombre tiene su lugar. Entonces, ¿por qué la gente vive tan apretada?

El maestro contestó:
- Porque todos quieren ocupar el lugar de otro.

Saber qué es y quién es. He ahí cuanto conoce el derviche. Y sólo quien sabe qué es y quién es, es capaz de ocupar su sitio, sin depredar al otro ni reclamar lo que no le pertenece. Quien sabe qué es y quién es permanece en un centro firme, pero no rígido sino dúctil y flexibe, abierto a todos y permeable a cuanto sucede.


Halil Bárcena

Dîwân de Hal·lâj (17)


Dîwân de Hal·lâj (m. 922)



17
1. Quan invoco el teu nom em consumeix l’anhel de tu,
però si m’oblido de tu tot esdevé dolor i tristesa.

2. Dins meu acullo tots els cors implorants
perquè pacifiquis en mi llurs dolors i turments.

3. Si parlo, esdevinc en tu totes les llengues;
i, si escolto, el meu ésser es fa en tu tot oïda.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

miércoles, 2 de marzo de 2011

El Caire de Naguib Mahfuz


El Caire de Naguib Mahfuz



Halil Bárcena






[A los héroes anónimos de la Plaza de Tahrîr,
que obraron el milagro de que, el 2011,
la primavera comenzase en febrero]


Per escriure bé, afirma l'egipci Naguib Mahfuz, cal que l'escriptor romangui lligat emocionalment a un lloc específic o a uns esdeveniments concrets. A l'home de lletres, afegeix el premi Nobel de literatura 1988, li cal una font d'inspiració precisa que nodreixi i fecundi el seu treball literari. El Caire, l'encisadora i un xic caòtica capital egípcia, veritable cor del món àrab, segons el dir de l'escriptor i periodista també egipci Gamal al-Ghitany, ha estat -encara ho és- la llavor fertilitzant del món creatiu de Naguib Mahfuz, el més rodó novel·lista àrab modern.


La major part de l'obra mahfuziana transcorre al mirífic dèdal d'atzucacs i carrerons dels vells barris cairotes, especialment a al-Gamaliyya, damunt les ruïnes de dos palaus fatimides, on l'escriptor nasqué un onze de desembre de 1911 i on passà la seva trejectòria literària. Aquest espai urbà bigarrat i proteic, escenari, entre d'altres textos, de la Trilogia cairota (1956-1957), l'opus magnum de Mahfuz, ha esdevingut, en veritat un dels personatges principals de les seves novel·les i contes durant més de mig segle.


Tanmateix, la mirada de Naguib Mahfuz envers El Caire ha experimentat una notable mutació al llarg de la seva trajectòria literària. Tot coincidint amb moments d'inflexió estilística en què l'escriptor assaja nous procediments narratius, com ara el trencament amb el relat lineal o la incorporació de punts de vista heterogenis, naguib Mahfuz ens ofereix una vila un xic diferent a cada moment. Dues són, al meu parer, les perspectives literàries utilitzades per Naguib Mahfuz a l'hora d'atansar-se a la seva ciutat. En primer lloc, una perspectiva de tall realista, apreciable en obres com ara Khan al-Khalili (1945), El carreró dels miracles (1947) o l'esmentada Trilogia cairota, una llarga novel·la riu amb més de 300.000 mots, en què l'autor examina la vida egípcia compresa entre les dues grans guerres mundials, a través del relat de l'evolució de la família Abd el-Gawwad.




L'escriptor basteix en aquest vast corpus realista una descripció acurada i precisa d'una realitat específica, la dels barris del vell El Caire. A partir dels materials procedents, bé del fèrtil arxiu de la seva memòria, bé del no menys feraç record col·lectiu, l'escriptor convertit en un veritable radiògraf social, reconstrueix, amb una subtil penetració i minúcia dignes del millor entomòleg, la contradictòria vida quotidiana dels vells indrets cairotes habitats per les classes mitja i baixa. En definitiva, aquest conjunt de novel·les ens procura tal arsenal d'informació inequívoca sobre la topografia cairota que, al capdavall, poden ésser considerades, sense cap mena de recança, veritables guies d'un temps d'una ciutat.


La segona perspectiva literària, present a les novel·les Fills del nostre barri (1959), censurada durant dècades, i Històries del nostre barri (1975), així com a un bon grapat dels seus relats breus, posseeix un caire molt més simbòlic. En aquest cas, el carreró, que mai no canvia de faiçó, constitueix un espai recreat en què somni i realitat s'hi barregen i confonen en un univers poètic, creul i a la vegada tendre, no llunyà al descrit per Galdós, com molt bé ha assenyalat Juan Goytisolo.


Dervixos i prostitues, pocasoltes, bocamolls i captaires, visionaris i guillats, personatges tots ells un xic excessius, pul·lulen amunt i avall per un mateix àmbit urbà: un carreró d'un barri popular cairota, on no falten mai les botigues, els basars, la kuttab o escola alcorànica, el passatge subterrani, el hammam o bany turc, l'inquietant monestir sufí, el cementeri i el cafè, lloc aquest de trobada i memòria.


Naguib Mahfuz, el novel·lista total, segons la feliç expressió de l'arabista Pedro Martínez Montávez, se'ns revela com un narrador prodigiós, dotat d'una vigorosa mestria expositiva i d'una gran capacitat per a l'anàlisi i la il·luminació de la realitat. Tant les seves narracions breus com les grans epopeies sobre els barris antics d'El Caire posseeixen quelcom de la màgia miraculosa continguda a la narrativa popular àrab. Així, d'un vell barri cairota, Mahfuz n'erigeix tot un univers ple d'encís i simbolisme; d'una mera anècdota, n'elabora una llegenda de ressò portentós; una vulgar batalla de carrer desencadena un enfrontament de dimensions gairebé tel·lúriques.



Els carerons simbòlics de Naguib Mahfuz ens mostren una visió dstil·lada del món no exempta d'un fi humor sorneguer. En un marc físic que respecta al màxim la topologia urbana d'un El Caire de vegades decrèpit i tronat, confrontat al progrès i la modernitat, Mahfuz emplaça els seus personatges, tots ells egipcis, un éssers la vida dels quals és una amalgama de fatalisme i atzar. Com la resta d'àrabs del segle XX, també els habitants del país del Nil descrits per Mahfuz s'interroguen al voltant de la seva identitat. Es fan l'única i obsessiva qüestió que, com apunta el pensador marroquí Abdallah Larui, es vénen plantejant els àrabs des dels començaments del segle XX ençà: qui és l'altre i qui som nosaltres.

Gràcies al seu talent literari, que li permet de fer sensible la presència del temps i l'espai i caracteritzar magistralment els seus personatges, Naguib Mahfuz aconsegueix convertir en una mena de cruïlla de la condició humana allò que, a un primer cop d'ull, no semblaria sinó una escena limitada i àdhuc costumista. Però lluny del pintoresquisme buit i retòric usat pels escriptors orientalistes, El Caire de Naguib Mahfuz constitueix un fresc viu i contradictori on es confronten i debaten, de vegades violentament, els grans principis universals de compassió, justícia i amor.

(Publicado en lengua catalana en la revista El Pou de Lletres nº 7, otoño 1997, pp. 22-23 )

El arte del sufismo


El arte del sufismo


Halil Bárcena





El sufismo es un camino de realización humana, una vía de conocimiento, si se quiere, más que una religión o un sistema filosófico cerrado. Y es que no basta con nacer, afirman los sufíes, para ser, realmente, un ser humano como tal. Enrolarse en la senda interior sufí es, pues, aprender a ser humano, plenamente humano. Desde sus inicios, que se confunden con los albores del islam, los sufíes han mantenido un acusado espíritu inconformista y rebelde, que les ha valido muchas veces la condena (e incluso la muerte), por parte de las instituciones religiosas. Mansûr Hal·lâj (m. 922), el poeta sufí del siglo X, martirizado en Bagdad, es el ejemplo más emblemático de la tensión que siempre ha existido en el seno del islam entre el espiritual sufí y el doctor de la ley religiosa. Y es que el sufismo, en su mejor versión, al menos la que aquí nos interesa, encarna una espiritualidad muy libre y personal, exenta de toda sumisión o actitud acomodaticia, algo que las instituciones religiosas han visto siempre como un gran peligro.
A los sufíes, las creencias y los dogmas no les dicen mucho. Ni la palabra "vino" les emborracha, ni la palabra "agua" les colma la sed de esencialidad que tienen.

Se ha dicho del sufismo que es la mística islámica, si entendemos por mística no una rareza extravagante de unos pocos, sino la experiencia plena y profunda de la Vida (con mayúsculas), de la cual no está exenta el misterio de lo sagrado. El sufí no aspira, pues, a ser alguien especial, no posee vocación de raro, sino un ser humano plenamente humano, tan humano que por ello mismo deviene ¡casi divino!

El sufismo constituye la dimensión mística del islam. Sin embargo, se trata de una verdad a medias, que necesita ser completada. Hay algo en el sufismo que es particular al tiempo que universal. Es indudable su raigambre coránica, sólo los necios o los malintencionados lo niegan, pero, al mismo tiempo, hay algo en él que le emparenta con otras espiritualidades y vías de conocimiento no islámicas. Los propios sufíes afirman que en toda tradición religiosa existe un fondo de verdad coincidente con el sufismo. Así, se refieren al sufismo de tal o cual religión. Por eso, el sufismo constituye un contrapeso excelente a las visiones confrontacionistas, hoy tan boga en el mundo.


Jamás los sufíes han puesto el acento en el acto de creer, sino en el de ver. Y para ellos ver es conocer de primera mano, conocer encarnando. Para los sufíes, conocer es ser aquello que se conoce. Los sufíes no se conforman con creer en Dios, sino que aspiran a realizarlo en sí mismos, pero sin apartarse del mundo (estar con Dios es estar con los hombres, dicen) ni renunciar a nada. El sufí no es un santo de escayola. Con todo, son muy cautos a la hora de hablar de Dios (al que se dirigen como el Amigo o el Amado; a veces también como la Amada). Y es que a Dios no se le encuentra buscándolo, aunque quien no lo busca no lo encuentra jamás.

Para los sufíes, la búsqueda espiritual tiene mucho de arte y mucho que ver con el arte y su persecución de la belleza. Dios, dicen, es bello y ama la belleza. De ahí que entre los sufíes haya habido extraordinarios poetas, músicos, calígrafos; también excelentes danzarines. Pero, sobre todo, los sufíes han destacado históricamente por su excelente sentido del humor, algo difícil de hallar a veces entre los religiosos. A un hombre que se quejaba constantemente de todo y de todos, un sufí le dijo en cierta ocasión:
“Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la Tierra”.

lunes, 28 de febrero de 2011

Un 6-Nations de récords


El 6-Nations y sus récords



Halil Bárcena







Cada año, los meses de febrero y marzo constituyen una delicia para los amantes del rugby, que no son pocos. Y es que se disputa el clásico trofeo de las 6-Nations, que reúne a las mejores selecciones nacionales del hemisferio norte, esto es: Irlanda, Inglaterra, Escocia, Galés y Francia, más Italia (la pregunta es si Rusia no está hoy por hoy por encima de los italianos). Además, este año es el primero sin humo, con lo que se puede estar en el pub degustando una buena tarde de rugby sin acabar bien ahumado.



Hasta ahora se llevan disputadas tres jornadas, que no han deparado demasiadas sorpresas. El pasado fin de semana, el combinado
irlandés consiguió un importante triunfo frente a Escocia por 18-21, en el estadio Murrayfield, que sitúa a los escoceses como colistas junto a Italia, favorita un año más a llevarse la cuchara de palo, que premia al último clasificado cuando no obtiene ningún punto. Con este triunfo, Irlanda iguala a Francia y Gales con cuatro puntos en la clasificación general y reduce distancia con el principal candidato al título, Inglaterra, que este sábado superó a los galos por un contundente 17-9 y que se medirá a Escocia la próxima jornada. El test-match entre ingleses y franceses, todo un clásico conocido como el "crunch", sirvió para ver una Inglaterra muy recuperada y en ascenso. Este cronista, que vio perder a los de la rosa roja en Twickenham frente a nuestros admirados All Blacks de Nueva Zelanda, el pasado mes de noviembre, puede dar fe de la notable mejoría experimentada por la escuadra dirigida por Martin Johnson.




Dos jugadores ingleses, precisamente, han sido los protagonistas de estas tres primeras jornadas del 6-Nations. En primer lugar, Chris Ashton, que con cuatro ensayos frente a Italia igualó el récord de la competición. En dicho encuentro, los ingleses destrozaron a la escuadra italiana, tras un escandaloso 59-13. El otro protagonista ha sido Jonny Wilkison, Wilko para los aficionados ingleses, quien batió este sábado pasado el récord de puntos marcados en partidos internacionales, que ostentaba hasta ahora el neozelandés Daniel Carter, llevándolo hasta los 1.190 puntos, tras un penal conseguido en el minuto 51 del "crunch". DC había batido el récord mundial de puntos marcados, el mes de noviembre pasado, en un amistoso ganado por los All Blacks en Gales, cuando Wilkinson estaba lesionado en un hombro. El número total de puntos de DC, que cuenta 29 años de edad, tres más joven que Wilko, es de 1.188 puntos. Seguiremos informando.

La medida de lo espiritual


Medir lo espiritual



Halil Bárcena





Cuando el conocimiento del hombre respondía a una epistemología mítica y el pensamiento estaba marcado por lo mágico, una de las pruebas, tal vez la más irrefutable, de que alguien poseía valor -e incluso poder- espiritual era el milagro. En efecto, el hombre espiritual era capaz de subvertir el orden de la naturaleza, en virtud de la gracia divina. Hoy, sin embargo, que ya no poseemos dicha epistemología mítica, ¿cuál podría ser el barómetro para medir lo espiritual? No lo sabemos a ciencia cierta. Con todo, existen indicios. Ahí va cuál es para mí la balanza de medir lo espiritual.

A mi modo de ver, por muy versado que uno sea, por muchos seguidores que uno cuente, por muy florido que sea el verbo que se emplee para hablar, por muchos libros que uno haya escrito o haya acumulado títulos y más títulos, si en el supuesto "sabio" y alrededor de él no crecen la libertad, la paz y la alegría, a mí, personalmente, no me despertará demasiado interés. Libertad, que es permanecer fiel únicamente al espíritu de la verdad, sin otras servidumbres; paz, que es vivir de forma homogénea, teniendo un centro, siendo como uno se muestra y mostrándose como uno es; y alegría, que es el fruto maduro tanto de la libertad como de la paz. He ahí cuál és para mí la verdadera medida de la persona de hondas cualidades espirituales; he ahí a ése que los sufíes denominan al-insân al-kâmil, esto es, el hombre universal, el único digno de ser llamado ser humano, alguien libre, en paz consigo mismo y con el resto, y, cómo no, alegre. Nada más. Tan sencillo -¡y tan grande!- como eso.

lunes, 21 de febrero de 2011

De la belleza



De la belleza y su verdad


Halil Bárcena







La belleza es todo menos bonita; o al menos, no se cifra en términos estéticos. Fundamentalmente, la belleza conmociona, y si lo hace es porque revela la verdad sin ambages ni posibilidad de juicio. La belleza nos deja sin argumentos, o lo que es lo mismo, en silencio. Y es que la belleza es eso, justamente, el esplendor de una verdad, cuya contundencia resulta irrefutable; es porque sí. Ante la belleza, lo subjetivo se difumina, pierde los contornos que otorgan seguridad al sujeto. Por supuesto, lo bello no es lo que nos gusta, esto es, lo que nos causa placer, sino lo que emociona, más allá de las categorías habituales con las que juzgamos las cosas. La belleza es por sorpresa, siempre nos coge desprevenidos, puesto que hay algo en ella de súbita irrupción. La belleza nos despierta de la modorra cotidiana y sus falsas ilusiones; siempre hay algo en ella que subvierte nuestro orden interior, como una sacudida inesperada que muestra la precariedad de nuestros constructos ideológicos, ésos con los que pretendemos domesticar la complejidad de una realidad que engendra complejidad a cada momento y que, por ello mismo, es indomable. La belleza nos hace añicos, pero sólo quien se vive a sí mismo como nada es capaz de vivir la divinidad como todo.






La naturaleza es la expresión por antonomasia de la belleza. Pues bien, ante ella caben dos posibles actitudes o formas de aproximación: la de la contemplación y la de la sensación. La vía de la contemplación conduce al recogimiento, que nada tiene que ver con el ensimismamiento, sino con el silencio interior. Contemplar, tal como aquí lo entendemos, es penetrar en el templo de la naturaleza como quien se adentra en un espacio sagrado, esto es, con sigilo y respeto expectante. Recogimiento es sinónimo de tener un centro. La vía de la sensación, por su parte, conduce a la disipación. Se admira la belleza de la naturaleza, pero sólo mientras la naturaleza tiene, digámoslo así, un comportamiento correcto. Seguir la vía de la sensación es despeñarse por el barranco del sensualismo, enfermedad estética del sentimentalismo. Disipación es sinónimo de carencia de un centro.




Escribe el persa Mawlânâ Rûmî (m. 1273): "Has de saber, hijo, que todo en el universo es una jarra llena hasta el borde de sabiduría y belleza. Todo es una gota de Su belleza que, a causa de Su plenitud, no puede contenerse. Era un tesoro escondido y por Su propia plenitud brotó e hizo que la tierra brillara aún más que los cielos" (Masnaví I, 2859-2861). Y es que, como afirmaba Frithjof Schuon, la belleza y la cognición están estrechamente fundidas, aunque no confundidas. Así, por ejemplo, podemos afirmar que la belleza de la contemplación de la naturaleza desemboca en una forma particular de conocimiento.
Otra característica de la belleza es la necesidad de ser dicha, comunicada y compartida. La belleza, como el amor, no se puede ni callar ni acallar. La belleza es mostración esplendorosa de una verdad cuya razón de ser es decirse en el mundo, hallar un corazón capaz de recibirla. De ahí que no exista un uso particular y privado de la belleza, sino que ésta necesita ser proclamada y compartida. Lo bello nos reclama su propia exaltación y difusión. Ante lo bello, no vale el egoísmo de quererlo todo para sí mismo. Pues bien, entre finales de febrero y la primera quincena de marzo, florecen los almendros en la comarca catalana de la Terra Alta, limítrofe con la comunidad aragonesa. Para quien esto escribe se trata de un acontecimiento anual de una belleza inconmensurable. De hecho, estas líneas a propósito de la belleza y su verdad, no son sino un mero pretexto para compartir con ustedes eso, justamente, la belleza de los almendros en flor de la Terra Alta.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Del amor espiritual


El amor espiritual... en la radio







El 14 de febrero, día de los enamorados, el programa 'Valors a peu de carrer', que emite a diario Ràdio Estel, bajo la dirección de los periodistas Eulàlia Tort y Joan Salicrú, estuvo dedicado al tema del amor, como no podía ser de otra manera. Halil Bárcena, director del Institut d'Estudis Sufís, fue invitado a decir algunas palabras a propósito del amor espiritual; aunque, bien pensado, ¿existe algún amor digno de dicho nombre que no sea espiritual? Sea como fuere, los amigos y seguidores del presente blog pueden ver lo que allí se dijo clikando aquí:

domingo, 13 de febrero de 2011

Libros: Bram van Velde


Charles Juliet
Una vida secreta. Encuentros con Bram van Velde
Barcelona, Ediciones de la Rosa Cúbica, 2008






"El arte es una mentira que acerca a la verdad"
Pablo Ruiz Picasso


Bram van Velde, pintor holandés (1895-19819) que vivió en La Haya, París, Worpswede (Alemania) y Ginebra durante las dos guerras mundiales y el periodo de entreguerras, fue un artista obsesionado por descubrir la verdad de la existencia e hizo de dicha búsqueda el centro de su vida y de su obra. El hambre, la miseria, la cárcel, la devastación de Europa, el miedo, la profunda soledad y angustia que le acompañó durante toda su vida no le hicieron desistir de su propósito; al contrario, le dieron más fortaleza para resistir y esperar esos instantes únicos de creación en los que era arrebatado por la vida.

Estilísticamente se le encuadra en el fauvismo y en el expresionismo alemán, pero su obra nunca se alineó con ningún ismo o movimiento estético; jamás pretendió aportar nada al arte, ni hacer de su obra una investigación formal o crear belleza, sino simplemente plasmar a través de la pintura, un instante de vida verdadera. Solitario y aislado en su propia aventura existencial, Bram van Velde hizo de la pintura su forma de tomar contacto con la vida, su única posibilidad de poder sobrevivir al mundo temporal, dejándose atrapar y abandonándose a ella sin resistencia, para que el cuadro que estaba esperando salir de su invisibilidad pudiera manifestarse sin que él interpusiera obstáculo alguno; un acto íntimo, en definitiva, entre la tela y la mano guiada por el cuadro que pide salir a la luz (pp. 48-50). Dice el pintor:

- Para ser verdadero hay que sumergirse, tocar fondo. Pero la mayoría quiere dominar. Temen lo peor. Nada se puede dominar del todo. Lo que hay que hacer es dejarse dominar.
- Yo canto mi miseria. Mis telas son un canto-miseria.
- Muchos pintores producen en serie, fuera de toda necesidad.
- Todos los cuadros que yo he pintado me han sido impuestos. No hay que forzarse nunca.
- La pintura lo toma a uno y uno no tiene nada que decir. Es constantemente Godot. Una cadena al cuello y por detrás un látigo.
- Sí, lo he abandonado todo. La pintura me lo exigió. Era todo o nada.
- La pintura ayuda a ver. Ella hace de la vida, de la complejidad de la vida, algo que puede verse. Hace visible aquello que uno no puede ver.
- En este mundo que me aplasta no puedo sino vivir mi debilidad. Esta debilidad es mi única fuerza.
- No puedo decir nada, explicar nada. La pintura no viene de la cabeza sino de la vida.
- No, no, yo no he hecho nada. Sin embargo he trabajado intensamente.
- No hago más que buscar la vida. Todo eso escapa al pensamiento, a la voluntad.
Cuando se está en la verdad el mundo ya no existe, los acontecimientos ya no tienen importancia. Pero la verdad no tiene un camino fácil.
- La vida da miedo.
- Yo desaparecí en mi aventura. No más país, familia, vínculos. Yo ya no existo. Sin embargo había que seguir.





Para poder pintar Bram van Velde se retira, se silencia, desaparece (p. 208):

- Si uno quiere que la obra tenga algo vivo, es indispensable que allí haya un muerto.
- El artista debe consentir en borrarse, en desaparecer, pues únicamente bajo esas condiciones puede transferir lo que extrae de sí mismo a aquello que nace de su mano.

Bram no cree en la palabra, le cuesta expresarse a través de ella, considera que la palabra engaña; en cambio, hace de la visión el eje principal de su trabajo. Toda su actividad es ver la vida haciéndose, en él y a su alrededor, especialmente en la naturaleza, durante sus largas caminadas. De esa visión en silencio puede surgir el cuadro. Vive tranquilo o angustiado esperando que la sacudida vital se produzca del contacto con la vida real. En ese momento hay un hacer y un no-hacer, pues las dos cosas son inseparables, para él, en el arte verdadero:


- Sí, creo…creo que ver es lo propio del hombre verdadero. Mientras que el que habla, es difícil que lo sea (p. 195).

El periodista francés Charles Juliet descubre en Bram van Velde ese silencio y esa perturbación existencial que está en cada uno, si se le da espacio y hay visión, y que a Juliet lo conecta con una dimensión que no le es desconocida. Lo descubre en la obra y en el propio artista, en sus silencios, en sus palabras, en su presencia. Los contactos con Bram van Velde acercan al periodista a un amigo del pintor, un artista al que admiran los dos profundamente y que fue quien lo descubrió en la miseria más absoluta y lo dio a conocer, el escritor irlandés Samuel Beckett, con quien Charles Juliet mantuvo algunos encuentros que recogió en Encuentros con Samuel Beckett (Madrid, Siruela, 2006).



Así como para Bram el sentido más importante para el conocimiento de la verdad es la vista, y dedica todo su esfuerzo al desarrollo de la visión, Beckett, artista de la palabra, desarrollará el oído y la escucha. Como Bram, solo escribirá cuando las palabras y las historias lleguen y le cojan la mano para escribir, después de escuchar la vida que yace en las situaciones de mayor desolación y abandono humano. Como Bram, su proceso de escritura parte del silencio; como Bram, irá dejando de hablar progresivamente y solamente escuchará. El arte para ambos artistas es una liberación, un ir al encuentro de la verdad, de la esencialidad y, por consiguiente, un renunciar a todo lo que les aleja de ese cometido, empezando y terminando por ellos mismos y asistidos por el lenguaje, pictórico en un caso y escrito en el otro, una vez ha sido vaciado de conceptos, conocimientos culturales, voluntad, deseos de autoafirmación; una vez se ha puesto al servicio de la vida. Marta Busquests i Font

lunes, 31 de enero de 2011

Dîwân de Hal·lâj (16)



Dîwân de Hal·lâj (m. 922)





1. Qui rep en confidència els secrets de la via interior i en
revela tot seguit allò que oculten
sense guardar el pacte de silenci, és un impostor fraudulent (1).

2. Si les ànimes irreflexives divulguen el secret après,
tot el que atresoren es torna marginal i molt llunyà.

3. A qui no sap guardar el secret del seu mestre i senyor,
no se li confien mai en vida els misteris de la via.

4. I és castigat pels errors comesos
i exclòs del cercle dels íntims de Déu.

5. Els iniciats l’eviten amb menyspreu, no és digne de llur companyia,
car l’han vist exhumar llurs secrets com qui profana una tomba.

6. Qui n’ha rebut en confidència un secret i el revela,
es considera —¡és el meu cas!— un pobre eixelebrat.

7. Ells són el poble del secret, fets per a la disciplina de l’arcà,
i no suporten el verb descarat dels llibertins.

8. No accepten indiscrets en llurs selectes assemblees,
ni els agrada que es murmuri rere els vels.

9. Gelosos com són de llurs secrets, mai no us conviden,
i lluny, molt lluny us foragiten de llur glòria, per culpa de la vostra roïndat.

10. Sigueu-los, però, benèvols, enmig d’ells i envers ells,
en tota situació, el temps que us resti de vida.

Notes:
(1) El poeta esgrimeix en la present qasīda una crítica mordaç del principi de la «disciplina de l’arcà» (kitmān as-sirr) mantingut pels sufís de Bagdad, dels quals Hal·lâj, que optarà per ensenyar a tothom sense cap distinció, se separarà més tard, guanyant-se la condemna de gairebé tots ells.


(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

domingo, 30 de enero de 2011


Las perlas sonoras

de Abdullah Ibrahim



Lili Castella





“I am not a player. I am played”

(Abdullah Ibrahim)


En 1997, una de las figuras legendarias de la historia del jazz, Abdullah Ibrahim, compuso un álbum sencillamente maravilloso, “Cape Town Flowers”. Concebido para una formación de trío, con el mismo Abdullah Ibrahim al piano, arropado dúctilmente por Marcus McLaurine, al bajo, y George Gray, a la batería, la maravilla de este álbum radica en su aparente sencillez, en su transparencia y en su veracidad.

Músico singular, los tres nombres con los que se ha conocido a Abdullah Ibrahim a lo largo de su vida explican su historia, su música y también “Cape Town Flowers”. Así, al nacer, en 1934, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), recibió el nombre de Adolphe Johannes Brand. Ciudad del Cabo, conocida por su puerto y considerada la puerta sur de África, era y sigue siendo un punto de encuentro de todo tipo de culturas y tradiciones musicales que incluyen tanto formas corales europeas, como ritmos africanos, improvisaciones al estilo del sur de India, himnos de gospel, melodías de carnaval o música ritual islámica. En este rico ambiente sonoro creció Adolphe Johannes Brand. Su segundo nombre, Dollar Brand, con el que se dio a conocer al gran público en los inicios de su carrera musical, es fruto de su crucial encuentro con el jazz. El apodo de Dollar Brand se debe a la vehemencia con la que urgía a los marinos americanos que llegaban a Ciudad del Cabo para que le vendieran las últimas novedades discográficas jazzísticas. Y, finalmente, su tercer y definitivo nombre, Abdullah Ibrahim, fruto de su conversión al islam, en 1968. Todas estas experiencias e influencias se hallan reflejadas en “Cape Town Flowers”. Ésta es la transparencia de su trabajo.







Hemos dicho que “Cape Town Flowers” maravilla por su aparente sencillez. Efectivamente, los once temas incluidos en el álbum llaman la atención por su brevedad (la mayoría apenas duran tres o cuatro minutos) y por la simplicidad de sus frases, compuestas por unas pocas notas diáfanas y cercanas entre sí. En estas melodías no hay grandes saltos interválicos, ni excentricidades, ni vanas muestras de virtuosismo. Abdullah Ibrahim encuentra así un lenguaje exquisito y expresivo con las notas justas, las mínimas. Explicó Halil Bárcena en una ocasión, refiriéndose a los hikam o aforismos sapienciales del célebre maestro sufí argelino Ahmad Al-‘Alawî (m. 1934), que encontrar el lenguaje y la palabra adecuados es un don y a la vez un fruto del camino. Pues bien, estas palabras seguramente podrían aplicarse a los aforismos sonoros que constituyen la música de Abdullah Ibrahim. Y ahí radica probablemente la veracidad de sus composiciones.

Estas pequeñas células melódicas, sucintas, cálidas e íntimas, que conforman sus temas, se repiten una y otra vez hasta quedar grabadas en nuestra memoria. Y es que la música de Abdullah Ibrahim es una música circular, que gira y gira, y que entra en quien la escucha con suavidad, hasta calar en lo más hondo del ser. No es ésta, pues, una circularidad machacona y cansina sino que, por el contrario, va ganando en profundidad y, lejos de adormecer, centra como lo hace la repetición de un mantra, pongamos por caso, o la práctica del dhikr sufí [1]. Y es que, al igual que un mantra o las fórmulas empleadas en el dhikr, las melodías breves y sencillas de Abdullah Ibrahim son auténticos “concentrados sonoros de conocimiento” [2].

Pero, no nos llevemos a engaño, detrás de esta aparente simplicidad, se esconde una enorme sabiduría. Dijo en una ocasión el propio Abdullah Ibrahim refiriéndose a estos “concentrados sonoros de conocimiento”: “Sería de ilusos pensar que la música es simple. A través de miles de años, la sabiduría sonora de África ha ido creando estas fórmulas”; y es, precisamente, esta sabiduría, reinterpretada a través del jazz o los ritmos de Brasil y Kenia, por ejemplo, la que se esconde detrás de las melodías de Abdullah Ibrahim.


Es bien sabido que Abdullah Ibrahim es un extraordinario narrador de historias, y ello queda también patente en su música. No en vano casi todos los temas de "Cap Town Flowers" están escritos en compases de cuatro tiempos, de naturaleza narrativa, estables y serenos. Como los buenos narradores que nos fascinan por el cómo, es decir, la manera de contar lo que cuentan, Abdullah Ibrahim nos habla muchas veces en susurros, y siempre dejando silencios al final de sus frases para hacer que el receptor desee ardientemente seguir escuchando. Y es que lo que conmueve realmente de esta sencillez es el anhelo por compartir lo comprendido de un modo que pueda llegar a ser entendible para todo aquel que quiera escuchar.

Pero, ¿escuchar qué? Pues historias de retorno. Abdullah Ibrahim sabe bien de exilios y regresos, puesto que a causa del apartheid tuvo que abandonar Sudáfrica en 1962, no pudiendo volver a su tierra natal hasta muchos años después. También el jazz de África, del que Abdullah Ibrahim es uno de sus máximos exponentes, explica una música que en su momento partió a otro continente, el americano, para volver a su origen, fecundado por el jazz. Pero tal vez la música de Abdullah Ibrahim nos habla también de otro retorno aún más íntimo, el retorno al propio corazón. Los temas de "Cap Town Flowers" laten a tempos de unas 60 a 80 pulsaciones por minuto, aproximadamente, y nos remiten al ritmo de un corazón centrado y apaciguado. Hablan de la alegría serena y lúcida del latir, y es una alegría que nos contagia, como sólo puede contagiarnos quien vive conmovido.

Notas:
[1] Dhikr: recuerdo, presencia, invocación. Práctica sufí, tanto individual como colectiva, basada en la invocación del nombre divino.
[2] Expresión utilizada por Halil Bárcena al referirse a los mantras y a las fórmulas empleadas en el dhikr sufí.

Para saborear las perlas sonoras de Abdullah Ibrahim, clikar aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=5Z79hv5I2Kw


Lili Castella es licenciada en derecho. Pianista y rebabista del grupo musical 'Ushâq. Coordina las actividades del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona

viernes, 28 de enero de 2011

Cuentos: El litro de leche


El litro de leche








En cierta ocasión, el Mol·lâ Nasreddín se plantó ante el lechero del barrio, con un minúsculo vaso entre sus manos:
- Quiero un litro de leche de vaca

A lo que el lechero respondió, un tanto sorprendido:
- Pero, hombre, en ese vaso tan pequeño no cabe un litro de leche de vaca

Sin arredrarse, Nasreddín insistió:
- En ese caso, póngame un litro de leche de oveja

Poco importa que lo llamemos de una u otra forma, que sea blanco o negro, esto o aquello; lo cierto es que mientras nuestro corazón no se abra de par en par jamás será capaz de amar, esto es, de acoger la vida en toda su plenitud.



Halil Bárcena

Poetas: Frithjof Schuon

1
En realidad, cuando un ser humano ama a otro,
ama fundamentalmente a Dios, y no lo sabe;
o bien lo sabe.
Sagrado es el amor,
porque en él duerme la luz del amor divino

2
Uno quisiera que todo fuese armonioso

en nuestro ambiente y en nuestra propia vida.
Un deseo demasiado pequeño. No hay nada mejor
que elevarse espiritualmente por encima de todo ello.




3
Poesía, danza y canción, y tañido de laúd;
lenguaje del arte y lenguaje de la naturaleza.
No digas que sólo son placer de los mundanos:
todo ello da testimonio de profundidad y del más elevado fin.

La belleza y el amor están lejos del egoísmo,
y de los fríos pensamientos cerebrales del orgullo.
Dos sabios que han bebido de la copa de la belleza,
caminan por elevados senderos, estrella tras estrella.

¡Oh amor, que reconcilia toda oposición:
pensamiento y experiencia; sonidos de cuerdas,
y canción, que de la nostalgia sagrada canta!
¡Oh belleza, que coronas el afán de la Verdad!
¡Oh dulce melodía, sonido de violín de un ángel,
tú revelas aquello que las palabras ocultan!

4
Los hombres parecen estar huyendo
¿qué les inquieta, qué les hace huir?
No sólo huyen ante lo desconocido que les amenaza,
huyen de sí mismos, de sus miserias,
de su simple existencia. Hombre, escucha:
tú estás en la linde del ser, ¿a dónde vas?
¡Deténte!
Dios es el centro y el reposo.





5
Sientes que este mundo terrenal es triste,
mas por esta tristeza no debes lamentarte;
no digas que el universo es malo.
Porque cada sombra terrenal tiene un fin,
e infinita es la dicha escondida en las cosas;
la vida puede ser pesada, pero el alma tiene alas.
La doble naturaleza de este mundo contempla:
un lado es hierro, y el otro oro.
Tu bienaventurada naturaleza interior debes ver,
entonces sabrás: Dios la hizo pura y libre.

6
Dime por qué has amado la cima de la montaña,
su sereno silencio y su pureza,
y yo te diré que el reposo de nuestro espíritu
es la soledad con Dios; serenidad
por encima del estrépito de los pensamientos.
Y dime por qué amas el secreto del bosque susurrante,
su santidad y su oscura seguridad,
y yo te diré que nuestro gozo perdurable
es unión, amor en nuestro corazón más profundo,
sumergiéndose en el misterio de nuestro ser;
unión con lo que soy, y lo que eres.


7
Toda criatura existe para decir "Dios";
así, tú también debes aceptar la vocación del mundo,
¡oh hombre!, tú que eres el rey de la tierra.
¡Ay de aquel que olvida el núcleo de su existencia!

Ningún animal, ninguna planta ni piedra lo hace;
sólo el hombre, con su libre albedrío,
en su locura.
Di "Dios" durante toda tu vida;
que esto sea una gracia para los demás.

Porque un aura irradia del nombre supremo;
la oración es bendición, es la semilla de lo divino.

8
Pensáis que nací junto al verde Rhin.
No sabéis dónde está mi lugar de nacimiento.
Yo mismo no lo sabía, hasta que un día
el Altísimo me dijo: ¡Sé lo que eres realmente!

9
No creáis que lo que digo aquí de mí mismo
sea exagerado o falto de modestia:
todo lo que se encuentra en los buenos libros antiguos
sobre el ser y el universo entero,
Dios lo ha inscrito en el fondo de mi corazón.

(Amor y vida. Poesías de Frithjof Schuon, Palma de Mallorca: J.J. de Olañeta editor, 1999)


Frithjof Schuon (Basilea, Suiza, 1907-Bloomington, Indiana, Estados Unidos, 1998). Metafísico, pintor, poeta y maestro espiritual sufí, representa la figura más completa de la llamada sophia perennis. Escribió más de veinte libros en los que desarrolla el tema de la ‘unidad trascendente de las religiones’ y de su necesaria comprensión ‘esotérica’. Viajó por el norte de África donde conoció al shayj sufí Ahmad al-'Alawî, quien lo inició en la senda sufí. La mayoría de su extensa obra poética fue compuesta en los últimos años de su vida, que transcurrió en Estados Unidos, donde convivió con los indios de las llanuras, bebiendo de su maltratada cultura tradicional, por la que se sintió muy atraído, como prueban las pinturas que ilustran la presente selección poética.


Sección coordinada por Pepa Torras i Virgili

jueves, 27 de enero de 2011

Ham-Dam, compartir el aliento


'Ham-dam',

compartir instante y aliento


Halil Bárcena





Escribe Hâfez de Shirâz (m. 1389), referente mayor de la lírica persa de corte sufí: “No des un paso en la senda del amor sin un guía. Yo lo intenté cientos de veces y fallé”. Por su parte, Mawlânâ Rûmî (m. 1273), maestro de derviches, advierte lo siguiente: "Todo el mundo anda en pos de la felicidad (...) Viejos y jóvenes inmaduros se han convertido en buscadores de oro, pero el ojo común no es capaz de distinguir el oro de cualquier baratija (...) O posees una piedra de toque dentro de ti que te permita distinguir el oro o, de lo contrario, si no conoces el camino, no lo recorras solo" (Masnaví II, 742-745). Como vemos, ambas luminarias del sufismo persa nos advierten a propósito de la importancia que el guía juega en la senda del amor, el camino interior, y los riesgos de aventurarse en ella por cuenta propia, sin estar lo suficientemente preparado para una tarea que exige la implicación de la totalidad del ser. Es cierto que el término pîr, que designa en persa al guía de la senda sufí, puede poseer una sentido muy amplio, sin que deba restringirse forzosamente al maestro de carne y hueso. Son muchos los sufíes, el murciano Ibn 'Arabî sin ir más lejos, que fueron guiados en su andadura espiritual por el enigmático Jidr mencionado en el Corán, que representa en el sufismo la figura del maestro interior. Sea como fuere, en estas líneas nos referiremos fundamentalmente a la acepción clásica del término pîr, cuyo significado literal es 'viejo', 'persona de edad' (de hecho equivale al shayj árabe), como figura humana específica, y a la particular relación que en la senda sufí se establece entre guía y discípulo.

Los sufíes de raigambre persa, Mawlânâ Rûmî entre ellos, poseen una expresión harto llamativa para designar a la que, sin duda, es una relación humana única, aquella que une a maestro (pîr) y discípulo (murîd) en el transcurso de la senda interior. Ham-dam, que en persa quiere decir literalmente 'mismo aliento', es como se conoce ese tipo de relación, insisto, única. Y es que, en efecto, pîr y murîd comparten el mismo aliento, como si ambos fuesen carne de su carne. Con todo, es sabido que la palabra persa dam también significa 'instante', con lo que podría decirse que maestro y discípulo comparten no sólo el aliento sino el mismo instante. Dicho de otro modo, pîr y murîd se hallan, por así decir, en una misma longitud de onda, de tal manera que entre ambos buena parte de la enseñanza sea transmitida en silencio, a través del gesto, de una sonrisa o la mirada. Y es que, al contrario de lo que suele pensarse, el recurso a la palabra indica muchas veces carencia de sintonía interior. La palabra es comunicación, sí; pero el silencio, comunión. Ya se sabe, además, que
quien no entiende un silencio, una mirada o una sonrisa, es incapaz de comprender una larga explicación. La sensibilidad espiritual, la madurez en la senda, se mide más por los silencios que por las palabras. Y es que nada hay más elocuente que el silencio de un sabio. Pîr y murîd comparten aliento e instante; también secretos, justo como si de un par de amantes se tratara. Con todo, la suya no es una relación a escondidas. Dice el romance del Conde Arnaldos: "Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va". Pues bien, ese es, justamente, el secreto que comparten pîr y murîd, la melodía silenciosa del amor, que no todos los oídos son capaces de percibir.


A la luz de lo hasta aquí dicho, y teniendo en cuenta la naturaleza tan particular (¡y al tiempo infrecuente!) de la relación que en la senda sufí se establece entre el guía y el aprendiz no nos resultan tan extrañas algunas de las maneras de proceder del pîr; por ejemplo, eso que el poeta y biógrafo persa Abdurahman Yâmî (m. 1492) denomina "asumir la carga del enfermo". Y es que, en efecto, el pîr enferma muchas veces para sanar al discípulo. Así pues, la enfermedad del guía no es síntoma de vulnerabilidad, sino todo lo contrario, de su fortalece interior. Y es que sólo los fuertes, los verdaderos hombres de poder, son capaces de cargar con el peso extra que supone asumir la enfermedad del aprendiz, algo, insisto, sólo al alcance de quienes están paso y medio por delante del resto. Y negarse a verlo es signo de una ceguera incurable que inhabilita para el amor.

Ham-dam
alude, pues, a un tipo de relación única, basada en el amor incondicional, algo muy poco habitual en los tiempos que corren. Pero es única dicha relación porque es único todo cuanto tiene que ver con la senda sufí del amor. Dice, nuevamente, Rûmî: "Todo lo que yo he hallado aquí no lo encontraría en ningún otro lugar". Mal que nos pese, el vino de marca que se sirve en la taberna derviche no se puede paladear en otro lugar. Ciertamente, la vida es compartir y nos hacemos humanos en la relación con el entorno y los demás, ya sean nuestros padres, amigos, conocidos o esos personajes anónimos con los que nos tropezamos en la vida casi por azar. En ese sentido, pero sólo en ese sentido, podemos afirmar que aprendemos de todo y todos, a condición de que estemos abiertos a cuanto acontece. Sí, eso es cierto, pero aquí hablamos de otra dimensión del vivir. Cuanto acabamos de decir no sustituye a la figura única del pîr, puesto que lo que él comparte, su canción, es un tesoro que sólo él es capaz de transmitir. Sólo los espirituales, y nada más que ellos, nos hablan de la perla del conocimiento. De todos apredemos muchas cosas, sí, pero sólo de quien se ha dado a sí mismo hasta el anihilamiento más radical es posible aprender eso, justamente, el amor que no sabe de límites. Lo que enseña el pîr, el guía espiritual, es, pues, único y sólo a su lado, en su presencia humilde y poderosa, poderosa y humilde, es posible degustarlo. La perla que el pîr ofrece desinteresadamente no se halla en un mundo cuya moneda de cambio es el interés egoísta, tantas veces camuflado tras las palabras amor, amistad e, incluso, espiritualidad. Sin embargo, no vale llevarse a engaño. Nadie puede dar un paso por nadie en la senda sufí; tampoco el pîr, aunque, puntualmente, como ya hemos visto, pueda asumir la enfermedad de otro. Lo dice el refrán popular. Quien desee peces, perlas en este caso, ya sabe lo que tiene que mojarse.

Evidentemente, lo aquí descrito tomaba como referencia al pîr digno de dicho nombre y no a los falsarios. La expresión ham-dam hace referencia, lo hemos dicho, a un tipo de relación humana única e infrecuente. También hallar a un verdadero pîr resulta una experiencia única e... ¡infrecuente! Y es que lo que abunda (¡también entonces, en el siglo XIII!) es la copia, no el original, algo que tampoco se le escapó al propio Rûmî: "Entre los que llevan el manto de derviche sólo hay uno auténtico". Pero este es otro tema al que nos referiremos en momento más propicio.

Libros: Vacío y plenitud



François Cheng
Vacío y plenitud
Madrid, Siruela, 2008


Si en el sufismo los dos pasos principales del ‘camino interior’ son fana, esto es, la anihilación del yo, o mejor aún, de la falsa ilusión de ser real, y baqa, o subsistencia en lo realmente real, en la concepción china del universo y de su comprensión del mundo objetivo son fundamentales las nociones de vacío y plenitud. Estos dos términos, con sus múltiples implicaciones, son explicados detalladamente en el ensayo de François Cheng, Vacío y Plenitud. La obra explora a través de la noción de vacío cómo se organizan una serie de conceptos relacionados entre sí en el arte de la pintura china, animada por un pensamiento estético que comporta una espiritualidad específica, influida en gran parte por el taoísmo y el budismo zen. En una segunda parte de la obra, el autor concreta dicho arte de la pintura china a través de los escritos del célebre pintor Shitao. El libro incorpora además fragmentos de escritos de otros pintores y teóricos chinos sobre elementos y aspectos concretos de la actividad pictórica, además de imágenes de pinturas de algunos de los artistas que se citan. Resulta interesante ver cómo al igual que el sufí se ocupa de la realización de las realidades espirituales que existen tanto en el interior de la forma externa del universo como en su propio ser interior, en la pintura china las figuras exteriores se vuelven representación de un mundo interior que revela asimismo el mundo exterior. La pintura china no busca ser un simple objeto estético, sino que, como afirma François Cheng, "tiende a convertirse en un microcosmos que vuelve a crear, de igual manera que el macrocosmos, un espacio abierto donde la verdadera vida sea posible". Y aquí el término macrocosmos se refiere esencialmente a la realidad interior del universo y no a su forma exterior. En este sentido, la pintura en China es vista como una práctica sagrada, porque su objetivo es la realización total del hombre. Arte y arte de vivir son, pues, una misma cosa y lo bello es considerado siempre en su relación con lo verdadero. Entre otros aspectos, nos sorprende leer de la cosmología china la importancia de la nostalgia del regreso al origen, al aliento primordial, a la unidad inicial a la que debe tender todo hombre, rasgos éstos tan caros al sufismo persa. También el lugar fundamental que ocupa la pincelada, por el hecho de encarnar el proceso por el cual el hombre que pinta se suma a los gestos de la creación, al igual que el derviche que gira se suma al ritmo total del universo. En efecto, son diversos los aspectos filosóficos y espirituales esenciales que esta obra permite contemplar desde un ángulo distinto pero a la vez complementario a la espiritualidad sufí. Pepa Torras i Virgili

lunes, 17 de enero de 2011

Pep Guardiola, 40 aniversari


¡Per molts anys, Pep!




Hoy, dieciocho de enero de 2011, Pep Guardiola, entrenador del FC Barcelona, cumple 40 años. Desde este blog felicitamos a la persona que está haciendo historia no ya en las filas blaugranas sino en el futbol mundial. Nadie antes (tal vez el Brasil del 82) había desplegado un juego como el que el noi de Santpedor ha sabido inculcar a los Messi, Xavi, Iniesta, Busquets, Valdés, Puyol, Piqué, Pedro y compañía. Porque no es sólo que el Barça de Guardiola gane, sino cómo lo hace. ¡Per molts anys, Pep, i gràcies per ser com ets i pels molts moments de joia que ens has regalat en els darrers anys! H.B.

Y aquí un homenaje a Pep Guardiola:

http://www.youtube.com/watch?v=kY-XV9yRdIg

Dîwân de Hal·lâj (15)



Dîwân de Hal·lâj (m. 922)






15
1. Si volgués, els meus secrets revelaria palesant només els meus,
i mostraria el foc que abrusa el cor i el meu anhel mes íntim.

2. Però estic gelós del secret del meu Senyor;
qui es pensa que el coneix, amb la seva ignorància el nega.

3. Al meu Déu pertanyen els signes abundosos,
entre ofrenes i dons, que ofereix el món creat.

4. Ni un sol dia no ha brillat la teva llum perquè jo la confirmés,
sense mai haver dubtat de mi mateix confessant que la ignorava (1).

5. I mai no t’he invocat sense enfollir de torbament,
fi ns a esquincar-me els parracs i les entranyes.


Notes:
(1) Com tot savi realitzat, Hal·lâj és un adepte de la ‘docta ignorància’que afirma Déu tot negant conèixer-lo, car el seu coneixement és, en realitat, la seva ignorància.

(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)

viernes, 14 de enero de 2011

Un equipo de oro


Barça, un equipo de oro





El año nuevo nos ha deparado una noticia de oro, triplemente dorada: los tres aspirantes a la presente edición del balón de oro, galardón concedido por la FIFA, que acredita al mejor futbolista del planeta, militan en las filas del FC Barcelona (¡quelcom més que un club!) de Pep Guardiola (¡quelcom més que un entrenador!): Andrés (Don Andrés, ¡lo puto crack!) Iniesta, Xavi Hernández (¡lo mariscal de camp!) y Lionel Messi (¡él!), que, a la postre, se alzó con un galardón que, al fin y al cabo, premiaba también un estilo único de hacer fútbol. Damos, pues, la bienvenida al año nuevo con una noticia dorada que nos ha colmado de alegría a muchos, salvo, claro está, a los espiritualistas atacados de trascendentalismo, intelectuales exquisitos y esnobs alternativos de siempre, para quienes eso del futbol (¡y no digamos ya el rugby!) es algo para mastuerzos y vulgo en general. H.B.

Y aquí, una dedicatoria musical:

Lecturas recomendadas

  • Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
  • Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
  • Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
  • Shams de Tabriz, La quête du Joyau. Paroles inouïes de Shams, maître de Jalâl al-din Rûmi. Trad. Charles-Henry de Fouchécour (CERF, 2017).
  • Tom Cheetham, El mundo como icono. Henry Corbin ya la función angélica de los seres, (Atalanta, 2018).

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī

¡... del movimiento a la quietud!

... de la palabra al silencio !!!

"Queda mucho por decir,
pero será Él quien te lo diga
para que lo entiendas, no yo"

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)