Los lugares del derviche
Leili Castella
(Corán 17, 44)
(Corán 12.105)
Leili Castella es licenciada en derecho y pianista. Rebasbista del grupo 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona.
El 'Institut d'Estudis Sufís' de Barcelona es un centro dedicado al estudio y el cultivo de la vía sufí del poeta y sabio persa Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (1207-1273), inspirador de la escuela sufí 'mevleví' de los derviches giróvagos. Dirección: Halil Bárcena - Información: sufismo786@yahoo.es www.facebook.com/Institut.d.Estudis.Sufis
Amigas y amigos, salâms:
Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del sabio sufí Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví por él inspirado, en nuestro ámbito cultural.
Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro instituto. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.
Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la sunna muhammadiana, porque el sufismo es el corazón del islam, pero el islam es el corazón del sufismo.
El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan puntualmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.
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Halil Bárcena
Director de l'IES
Institut d’Estudis Sufís (Barcelona) / Actividades Seminario sufí de verano: "MAWLĀNĀ RŪMĪ Y LA CIENCIA DE LAS LETRAS" Dirección: ...
Leili Castella
Leili Castella es licenciada en derecho y pianista. Rebasbista del grupo 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona.





En 1989, vio la luz un libro singular, Ibn ‘Arabî ou la quête du Soufre Rouge (Éditions Gallimard, París, 1989; existe traducción al español en Editora Regionald e Murcia, 1996). En él, su autora, la prestigiosa islamóloga francesa Claude Addas, recogió su tesis doctoral sobre la vida del gran sufí andalusí Ibn ‘Arabî (Murcia 1165 – Damasco 1240). Esta obra es singular, por un lado, porque, aun siendo un trabajo riguroso de investigación histórica, no deja de ser un relato apasionante sobre la vida del maestro andalusí; y, por otro, por la propia figura del llamado Shayj Al-Akbar, el Doctor Maximus de la espiritualidad islámica (1).
Sobre la primera cuestión, una mera ojeada al libro muestra la riqueza del lenguaje técnico sufí recogido en él, lo que permite a Claude Addas hablar del maestro en el propio lenguaje del maestro, y al lector, atisbar la riquísima paleta de matices y la honda belleza del tasawwuf o sufismo islámico. Una lectura ya más atenta de la obra permite apreciar también un trabajo ingente de inmersión directa, por parte de la autora, tanto en los escritos del propio Ibn ‘Arabî como en una amplísima documentación árabe y persa acerca de él. La investigación histórica llevada a cabo por Addas recrea así el contexto en el que se desplegó el pensamiento de Ibn ‘Arabî, inseparable de su experiencia personal (él mismo afirmó: “Sólo escribo de lo que conozco”), y pone de manifiesto que “ni los compañeros de Ibn ‘Arabî fueron meros comparsas, ni sus contemporáneos meros figurantes, ni los países en los que vivió meros decorados, ni los acontecimientos que vivió, meras peripecias” (2). No olvidemos que el paisaje político, cultural y social por el que transitó Ibn ‘Arabî fue el propio de una época convulsa que vivió la Reconquista en Occidente y las Cruzadas y las invasiones de los mongoles en Oriente. Pero si algo destaca en el libro que nos ocupa es la fascinante figura de su protagonista. Él encarna, viene a decirnos Claude Addas, la búsqueda de Al·lâh, expresada en el potente símbolo del azufre rojo, el único elemento, como es sabido, que permite transformar la plata en oro y que, en el lenguaje del tasawwuf, expresa la excelencia del grado espiritual alcanzado por el walî o amigo íntimo de Al·lâh. A tal punto ello es así que Ibn ‘Arabî fue calificado muchas veces por sus discípulos y seguidores precisamente como azufre rojo, al-kibrît al-ahmar en árabe (3).
La búsqueda del azufre rojo es un viaje, que en el caso del Shayj al-Akbar, se despliega en una doble dimensión: la horizontal, que conducirá a nuestro protagonista desde su Murcia natal hasta Damasco, ciudad en la que acabará sus días, pasando por el Norte de África, Bagdad, El Cairo, Jerusalén, Bagdad, Mosul y otros muchos lugares en los que conocerá a infinidad de personas y asistirá a numerosísimos discípulos; y la vertical, en virtud de la cual Ibn ‘Arabî atravesará múltiples ahwâl, o estados espirituales, y maqâmât, o estaciones espirituales. Ambas dimensiones se fecundan mutuamente y así explica Addas cómo, estando en Fez, en 1198, el Shayj al-Akbar efectuó el más largo y extraordinario de sus viajes, “un viaje vertical y no ya horizontal, celeste y no ya terrestre, espiritual y no ya corporal, que conduce al peregrino, más allá de toda frontera geográfica, hasta la presencia divina, a la distancia de “dos medidas de arco o menos” (Corán 53, 9) (4). Se trata del mi’râj o ‘Viaje Nocturno’ (Corán 17, 1), el viaje espiritual por excelencia del islam, realizado por el profeta Muhammad, y que el walî trata de emular, actualizándolo en espíritu.
En una ocasión, Claude Addas fue preguntada acerca del viaje vertical y de sus viajeros. De entre estos últimos, Addas distinguió dos categorías. La de aquellos para los que el viaje hacia Dios es fácil, sin obstáculo alguno, puesto que simplemente son “arrebatados” directamente por Dios de sí mismos, y la de aquéllos para los cuales el viaje es arduo y dificultoso, a pesar de lo cual llegan también a la meta. Pues bien, la primera categoría de viajeros se caracterizará por no tener jamás discípulos, puesto que no haber conocido las dificultades de la vía, les impide ser guía de otros. Mientras que aquellos que han recorrido la senda paso a paso, enfrentándose a todas y cada unas de las trabas del camino, conocen sus peligros y sus nudos: en definitiva, se conocen a sí mismos. Estos últimos, una vez culminado el viaje vertical, volverán hacia las criaturas para guiarlas. Interrogada Addas acerca de la categoría a la que pertenecía el maestro andalusí, contestó que a ambas, siendo ello lo que fundamenta la doble misión del Shayj al-Akbar. Así, por haber sido “arrebatado” directamente por Dios, Ibn ‘Arabî es el heredero por excelencia del patrimonio de ciencias espirituales legado por el Profeta del islam. Sin embargo, este tesoro o depósito sapiencial (amâna), por su propia naturaleza, sólo está destinado a la élite de la comunidad, constituida por los awliyâ’ (plural de walî). Por ello, Ibn ‘Arabî tendrá también un segundo cometido, fruto de haber conocido, una a una, todas las dificultades de la vía. De forma más general (y de conformidad con el ejemplo del profeta Muhammad que fue enviado a todos los hombres), deberá guiar a los seres, a todos los seres, ya sean reyes, juristas, gnósticos o simples fieles.

Este doble compromiso con la humanidad y con el tesoro o depósito del que es heredero, es la razón de su ingente y prolífica obra, en la que destacan “Las iluminaciones de la Meca” (Al-futûhât al-makkiyya) y “Los engarces de la sabiduría” (Fusûs al-hikam). Es, precisamente, esta dimensión fundamental de universalidad y de generosidad la que, a ojos de Claude Addas, caracteriza la persona y obra de Ibn ‘Arabî. Una vez asumida su función, Ibn ‘Arabî trató de no limitar la irradiación de su baraka o bendición divina a nadie, ni a los no musulmanes. Escribió el propio maestro sufí: “Gracias a Dios, no soy de los que aman la venganza ni el castigo: al contrario, Dios me ha creado misericordioso y me ha hecho heredero de la misericordia de aquel a quien fue dicho: “Nosotros no te hemos enviado sino como misericordia para todo el mundo” (Corán 21, 107)”. Este leitmotiv de la compasión divina, de la rahma abarcando a todos los seres, será, para el maestro andalusí, una obsesión. Escribirá a su vez Claude Addas, casi hablando por voz del Sheij al-Akbar: “Todos los hombres, lo sepan o no, no adoran sino a Dios, porque es el ‘Aliento del Misericordioso’ el que les ha dado existencia, porque cada uno de ellos lleva en sí la impronta de una de las caras infinitamente múltiples del Uno”.
Notas:
(1) Shayj al-Akbar, en árabe “el más grande de los Maestros”, sobrenombre con el que es conocido Ibn ‘Arabî.
(2) Claude Addas, Ibn ‘Arabî ou la Quête du Soufre Rouge, Gallimard, París, 1989, p. 22.
(3) Véase la reciente entrada “El azufre rojo” de Halil Bárcena, en este mismo blog:
http://instituto-sufi.blogspot.com/2011/07/simbolos-el-azufre-rojo.html.
(4) Claude Addas, op. cit., p. 186.
Si les apetece escuchar a Ibn ‘Arabî en la voz de Claude Addas, una mujer de cuyo rostro emana la belleza de la serenidad y la inteligencia, clikad aquí: http://www.youtube.com/watch?v=iVIInJBom6M&feature=related.
Leili Castella es licenciada en Derecho y pianista. Rebâbista del grupo 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona.
(Sección coordinada por Pepa Torras i Virgili)


Clikando aquí, oíran diversas versiones del ilâhi:
http://www.youtube.com/watch?v=o-DiRUthEGU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=uJlZAjpMfwM
http://www.youtube.com/watch?v=QSdSdejMbuk









En su tumba puede leerse el siguiente epitafio:
"No juzgues mirando sólo las apariencias.
Ven y contempla el interior, vuelto siempre hacia Él.
¿Qué importa si ves que en todo momento el neyzen (3) está borracho?
Mira, en la taberna él construye la Ka’aba".
Para oír tocar el ney a Neyzen Tevfik, clikad aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=c7ZdTKGhmYE&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=bKXfLCzbptY&feature=related
Notas:
(1) Nombre de un profeta que aparece insinuado en el Corán. En el sufismo, es el maestro invisible de los que no poseen maestro físico. La gente lo invoca en situaciones difíciles.
(2) Bebida alcohólica de sabor anisado, típicamente turca.
(3) Intérprete de ney. El autor juega aquí con su propio nombre.
Nesrin Cân, de origen turco, es licenciada en lengua y literatura españolas.











“Idries Shah debería ser evitado por todo estudiante serio” (1). La afirmación es clara y viniendo de quien viene, una gran conocedora del sufismo de la talla de Annemarie Schimmel, no podemos dejar de hacernos eco de ella, puesto que hace, aproximadamente, unos quince o veinte años los únicos libros sobre sufismo que podían encontrarse en el mercado hispano eran los de Idries Shah y, más tarde, los de su hermano Omar Alí Shah, Agha para los suyos. Por fortuna, en la actualidad, ese panorama ha cambiado mucho, habiendo aumentado considerablemente tanto el número como la variedad de propuestas y obras publicadas sobre la materia, conviviendo obras de excelente calidad con otras que no parecen contar con la misma seriedad ni profundidad. Pero, al menos, quien desee estudiar seriamente el sufismo posee en castellano obras rigurosas de autores de referencia como la citada Schimmel, Chittick, Hossein Nasr o Corbin, entre otros, amén de la nueva hornada de arabistas e islamólogos españoles.
A propósito de algunas de las propuestas sufíes nacidas en Occidente, escribe el islamólogo Halil Bárcena: “Hoy, uno tiene la sospecha de que, en términos generales, se está prestando atención sólo a la letra menor del susfismo, en detrimento de la grandeza de algunas de sus intuiciones espirituales fondamentales y de sus mejores cristalitzaciones en el tiempo. Así, ciertas manifestaciones occidentales autoproclamadas sufíes, publicitadas a diestro y siniestro a través de internet –es lo que algunso llaman cybersufismo-, pueden ser consideradas brotes nacidos del sufismo, peró ¿acaso son sufismo? Estas nuevas expresiones sufíes poseen más maquillage que cuerpo, son más decorado que guión” (2).
Pero, como decíamos, la oferta editorial en lengua castellan (también en catalán, aunque en menor medida) se ha ensanchado en la actualidad considerablemente, de tal forma que, hoy, disponemos de buenos estudios monográficos acerca de la mística islámica debidos a los expertos ya antes citados, así como traducciones, algunas de ellas excelentes, de autores sufíes fundamentales, tal es el caso de Rûmî, Hal·lâj, Hâfiz, Ibn 'Arabî, Ahmad Gazzalí, Shabestârî, Sa'adî, ‘Attâr o Sohrawardî. Al mismo tiempo, tenemos acceso a la obra de auténticos maestros contemporáneos, como el argelino Ahmad Al-'Alawî (m. 1933), el turco Muzaffer Ozak (m. 1985)o el iraní Dr. Javad Nurbakhsh (m. 2008). Creemos, pues, que hoy en día un buscador serio cuenta con los medios suficientes para percibir la impostura de ciertos maestros, llamémosles así, y la inconsistencia de sus propuestas, si nos atenemos a la propia tradición espiritual islámica y sufí.


Llama, pues, la atención que, precisamente, los hermanos Shah se proclamen legítimos herederos del legado de sabiduría de Rûmî (y otros), como también se autoproclaman legítimos representantes de la tarîqa naqshabandiyya, orden sufí cuya silsila o cadena de transmisión, enseñanzas y referentes dejan poquísimas dudas acerca de su recia islamicidad; una orden, la naqshabandiyya, caracterizada, precisamente, por su sobriedad y, en algunos casos incluso, su rigorismo respecto al cumplimiento de los preceptos islámicos. Y es que decirse naqshabandí en el ámbito islámico es algo, de veras, muy serio, en todos los sentidos. Sea como fuere, Idries Shah va mucho más allá y se presenta como “Gran jefe de la tariqa sufí”; y una se pregunta qué debe de significar dicho título. En fin, se trata de una afirmación, no es la única, más bien oscura por lo genérico, ambiguo e impersonal de sus términos. Pero, el sufismo islámico tradicional no es ni oscuro ni ambiguo. Es un camino esóterico, sí, pero no secretista ni opaco. Como diría Frithjof Schuon, se trata de una vía esotérica, porque se ordena alrededor de una doctrina según la cual toda realidad implica un aspecto exterior, aparente o exotérico (zâhir) y un aspecto interior, oculto o esotérico (bâtin).
Tampoco el sufismo islámico es, ni tiene cabida en él, lo impersonal, puesto que se trata de una senda iniciática. Así, todo discípulo, previa iniciación, recorre el camino bajo la guía, la protección y en la compañía de un pîr o sheyj, esto es, un maestro que ya antes ha transitado dicha senda o bien va unos pasos por delante. Y que conste que también el sufismo recoge la posibilidad uwaysî, es decir, la guía de una suerte de maestro invisible, no corporeizado, como es el caso de algunos grandes maestros sufíes de la historia, y aquí podríamos citar incluso al andalusí Ibn 'Arabí, que recibió la jirqa de Jâdir, el maestro de los sin maestro, e incluso de 'Abd al-Qâdir al-Geylani, a quien jamás vió.
Insistimos una vez más, el sufismo es un camino esotérico e iniciático, pero jamás secretista, oscuro, ambiguo ni impersonal. Tampoco se trata de un conjunto de técnicas de psicología refinada, ni el precursor de determinadas técnicas de la moderna psicología, ni tampoco la confirmación de ciertas corrientes de pensamiento actuales –el neodarwinismo, por ejemplo-, como nos lo quieren presentar los hermanos Shah. Lo que encontramos en el particular 'sufismo' de dichos autores, ellos sí muy oscuros y ambiguos (Idries Shah proclama haber sido iniciado en el -jamás hallado por nadie- monasterio de la hermandad afgana de Sarman, la misma donde se inició nada más y nada menos que ¡...Gurdjieff!), un conjunto de enseñanzas y técnicas, entresacadas de aquí y de allá, modificadas, mezcladas y organizadas según unos patrones que en su día encontraron una tímida acogida en algunos círculos de buscadores occidentales bienintencionados, pero muy ignorantes respecto de la espiritualidad islámica y sus profundas implicaciones y alcance. Por supuesto, la acogida del 'sufismo' de los hermanos Shah en el mundo islámico es nula.

Alguien tan respetado y respetable como el Dr. Javad Nurbakash, pîr nematollahi, describió a las mil maravillas estos sufismos de hoy en día, apoyándose en el magisterio de Rûmî: “De este modo, se crean escuelas ‘sufíes’ que no son realmente nada más que tiendas donde los ‘maestros’ exponen sus mercancías. En realidad, la gente así crea sus propios ídolos y luego empieza a adorarlos. Esta clase de maestros está, de hecho, sujeta a sus propios discípulos. El hecho es que un discípulo desea tener a cierta persona como maestro, es decir, un maestro que, debido a sus defectos e imperfecciones, siempre disfruta teniendo una multitud de seguidores que lo apoyan. Sobre esto dice Rûmî:
"Cuidado, que estos cuervos han izado el fraude,
al imitar el grito del halcón blanco" (3).
Notas:
(1) Anne Marie Schimmel, Las dimensiones místicas del islam, Madrid, Trotta, 2002, p. 25, nota 3.
(2) Halil Bárcena, El sufisme, Barcelona, Fragmenta, 2008, pp. 9-10.
(3) Dr. javad Nurbakhsh, "Sufismo y psicoanálisis (II)", Revista sufí, nº 4(http://www.nematollahi.org/revistasufi/leertex.php?articulo=49).
Inara Asensio es licenciada en Derecho y diplomada en lengua árabe.

"A nosotros que, sin copa ni vino,