Sufismo vivo
Seyyed Hossein Nasr

[Seyyed Hossein Nasr constituye una auténtica autoridad mundial por lo que hace al islam tradicional, la ciencia y el arte sagrados, así como el tasawwuf o sufismo, senda interior del islam que tanto atrae hoy a un público occidental ansioso por hallar una salida al callejón sin salida de una cultura moderna que se ha olvidado del cielo y cuya principal razón de ser, el progreso (tanto para los progresistas de derechas como de izquierdas), se ha hecho añicos; público occidental hambriento de espíritu, al que la anémica religión dominante poco alimento espiritual parece poder ofrecer; público occidental desnortado que ha de volver a alfabetizarse por lo que hace a la lengua del espíritu. En el presente texto, el profesor Nasr clarifica los marcos en los que toda indagación espiritual seria debe producirse, lo cual conviene ser recordado, especialmente en tiempos como los presentes, tan caóticos, desordenados y, por consiguiente, anormales, en los que asistimos a búsquedas salvajes y mezclas contra natura, basadas en el 'un poquito de aquí y un poquito de allá', pero a la postre nada serio de nada, ni en profundidad ni en altura. Al mismo tiempo, el texto alerta y denuncia la depredación espiritual por parte del hombre occidental, que al haberse quedado huérfano de tradición, acude a tradiciones aún vivas, como el sufismo islámico, a proveerse de métodos, lenguajes, técnicas y procedimientos sin el menor respeto ni recato, para practicarlas fuera de contexto y dentro de marcos religiosos ajenos. En fin, el texto es, igualmente, una luz para los buscadores serios y fieles a la llamada del espíritu que, a pesar de todos los pesares, aún existen y sobreviven ahora y aquí, aquí y ahora. Nota de la redacción].
En el sagrado Corán, Dios se refiere a sí mismo como el Exterior (al-Zâhir) y el Interior (al-Bâtin). Como quiera que este mundo y todo lo que hay en él son reflejos y teofanías de los nombres y cualidades de Dios, todas las realidades que contiene poseen también un aspecto exterior y uno interior. La cara exterior de las cosas no es pura ilusión; tiene realidad en su propio nivel. Pero implica un movimiento en la dirección de separación y alejamiento del Principio, que reside en el Centro y puede identificarse con el Interior. Vivir en el exterior es poseer ya la bendición de la existencia; ser más que nada. Pero quedar satisfecho sólo con lo exterior es traicionar la naturaleza misma del hombre cuya razón más profunda para existir es precisamente viajar desde lo exterior a lo interior, desde la periferia del círculo de la existencia al Centro trascendente y con ello devolver a su origen a la creación.

El sufismo provee los medios para cumplir este fin supremo. Dios ha posibilitado el viaje desde lo exterior a lo interior mediante la revelación, que en sí misma comprende las dimensiones exterior e interior. En el islam esta dimensión interior o esotérica de la revelación corresponde en su mayor parte al sufismo, si bien en el contexto del shi'ismo, el esoterismo islámico se ha manifestado también en otras formas. Además desde el punto de vista islámico, existe, en conformidad con la naturaleza de las cosas, algo correspondiente al sufismo en toda revelación o tradición íntegra.
Por esto en las lenguas islámicas es frecuente referirse al 'sufismo' de tal o cual religión; en efecto, desde el punto de vista islámico, el tasawwuf, como al-dîn o al-islâm, en su sentido universal, es a la vez perenne y universal. Pero esto no implica en absoluto que sea posible practicar el sufismo fuera del marco del islam, sea cual fuere el contexto en que usemos estos términos. Si por al-islâm entendemos la religión en su sentido universal, entonces el tipo de esoterismo (o tasawwuf, para usar la terminología de los propios sufíes) que se practique debe pertenecer a la religión particular o islâm de la cual ha surgido. Y si por al-islâm entendemos la religión revelada a través del sagrado Corán, entonces asimismo el tasawwuf que puede legítimamente practicarse debe ser el que tiene las raíces en la revelación coránica y que llamamos 'sufismo' en la acepción general de este término.

En cualquier caso, un camino esotérico válido es inseparable del marco objetivo de la revelación a que pertenece. Uno no puede practicar el esoterismo budista en el contexto de la sharî'a islámica o viceversa. Además, no se puede pretender en circunstancia alguna estar por encima de las enseñanzas exotéricas de la religión y practicar un esoterismo sin ellas y en el vacío, como tampoco puede uno plantar un árbol en medio del aire. Uno puede viajar hacia Dios sólo como parte de la humanidad sagrada (umma), o 'cuerpo místico' para usar el término de la teología cristiana, que Dios ha formado y santificado mediante una revelación que ha alcanzado a la humanidad a través de su voluntad. La enseñanza islámica de que todos los hombres que entran en el Paraíso lo hacen como parte del 'pueblo' (umma) de un profeta particular, se refiere a la misma verdad.
(Seyyed Hossein Nasr, Sufismo vivo, Herder, Barcelona, p. 16-17).