Del Corán
y sus intuiciones espirituales
Inara Asensio*

El mundo entero y todo cuanto de él percibimos es una llamada, un signo. Nada escapa a esta condición de signo. Todo cuanto percibes, absolutamente todo, incluido tú mismo es susceptible de mostrar lo Real, de ser una evidencia de lo que Es; efectivamente, como si el universo entero fuera un libro pidiendo ser leído y comprendido. Pero para comprender ese libro es necesario conocer las claves que nos permitan entender el significado de los signos y su mensaje. Y tanto el mensaje como las claves para comprenderlo están en el tawhîd, sintetizado en la fórmula: “No hay más divinidad que Dios”. Ese es el mensaje primero y fundamental del Corán y, por extensión, del islam; sí, y, al mismo tiempo, es la clave o la herramienta que nos puede abrir la vía para comprender.
Etimológicamente tawhîd implica una acción y concretamente la “acción de hacer que sea uno”. “No hay más divinidad que Dios" implica situarse en un constante proceso de desmitificación sin excepción alguna. Desmitificación de verdades apriorísticas, de personas, de deseos, de posesiones, de logros personales, de actitudes, de aspiraciones, etc.; es decir, de todo aquello que el hombre convierte en intocable porque deposita en ello su confianza; de todo lo que fabrica a su medida siguiendo el dictado de sus necesidades y también de sus miedos. El hombre tiene tendencia a ponerse “a resguardo” ante la inmensidad de la dimensión inabarcable de la existencia y, por lo tanto, tiende a quedarse detrás de la barrera, en lugares donde se siente seguro. Tanto la necesidad como el miedo impulsan al hombre a fabricar mundos a su medida, mundos que multiplica sin cesar y que va superponiendo como capas sobre sí mismo. El resultado es siempre una visión cerrada y definitiva de la vida, que embota sus sentidos y limita su capacidad de comprensión.
La dirección a la que apunta el tawhîd es la contraria: no fabriques, quítate de encima todos esos añadidos, todas esas “prótesis”, y mira, escucha lo que aquí mismo hay, porque es en ti mismo, en tus adentros, en tu naturaleza primigenia o fitra donde tienes todo lo necesario para comprender. Y comprender siempre es recordar; recordar lo Uno y Único, lo que Es, pero hemos olvidado, enterrado bajo la montaña de nuestras construcciones. No hay rechazo ni del mundo ni de la naturaleza humana, no puede haberlo, puesto que todo cuanto existe es un signo y al mismo tiempo es Eso mismo a lo que apunta, puesto que solo Uno existe. Lo que sí se rechaza radicalmente es el kufr, es decir, esa manera de estar en el mundo, que lejos de prestar atención a los signos los ignora, los esconde, los oculta y acaba provocando el olvido; el olvido de no sólo aquello a lo que apuntan, sino de aquello mismo que manifiestan, que no es otro sino el Único.
* Inara Asensio es abogada. Coordinadora del Instituto de Estudios Sufíes y profesora de islam del CETR (Centro de Estudio de las Tradiciones de Sabiduría)