
El 'Institut d'Estudis Sufís' de Barcelona es un centro dedicado al estudio y el cultivo de la vía sufí del poeta y sabio persa Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (1207-1273), inspirador de la escuela sufí 'mevleví' de los derviches giróvagos. Dirección: Halil Bárcena - Información: sufismo786@yahoo.es www.facebook.com/Institut.d.Estudis.Sufis
Halil Bárcena, "Perlas sufíes. Saber y sabor de Mawlânâ Rûmî" (Herder, 2015).
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Amigas y amigos, salâms:
Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del sabio sufí Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví por él inspirado, en nuestro ámbito cultural.
Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro instituto. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.
Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la sunna muhammadiana, porque el sufismo es el corazón del islam, pero el islam es el corazón del sufismo.
El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan puntualmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.
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Halil Bárcena
Director de l'IES
Yâ man Hû...!
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jueves, 12 de enero de 2012
Istilâhât (Léxico sufí)

miércoles, 11 de enero de 2012
Cuentos: 'Aprendiz de neyzen'
Aprendiz de 'neyzen'

Sufismo, generador de lenguaje
El sufismo, toda mística en realidad, es generador de lenguaje. Y lo es dado que el sufí explora ámbitos del vivir humano jamás antes hollados que exigen un lenguaje nuevo, distinto al comúnmente empleado. Dicho lenguaje sufí nuevo, al que han contribuido sobremanera Mansûr Hal·lâj, Ibn 'Arabî o Mawlânâ Rûmî, lo obtienen los espirituales islámicos a base de llevar el vocabulario usual a su finisterre gramatical. Resumiento mucho podría decirse que lo nuevo, y la experiencia espiritual constituye el paroxismo de lo nuevo, pide un léxico también nuevo, no gastado por la cotidianidad y su batería de lugares comunes y prejuicios que poco aportan al desvelamiento de lo espiritual.
El sufí se entrega a la tarea de forjar un nuevo lenguaje válido para decir lo místico de forma a veces angustiosa. Y es que, insisto, el lenguaje común se le queda pequeño al sufí, pero al mismo tiempo no puede abandonar su intento genesíaco dado que no hay nada más doloroso que no poder explicar a otros las maravillas que se están viendo. El amor no se puede callar, pero, a veces, ¡cuesta tanto expresarlo! En cierto modo, el sufí trata de hallar una especie de lenguaje 'perfecto', capaz de expresar las sutilezas de su pensamiento y de su atípica experiencia visionaria. Históricamente, los grandes sabios sufíes, que usaron fundamentalmente el árabe y el persa como lenguas de transmisión espiritual, recurrieron a los distintos procedimientos gramaticales que ofrecen dichas lenguas, el árabe en primer lugar al ser la lengua del Corán, como la derivación o ishtiqâq, la analogía o qiyâs, la idâfa -recurso tan propiamente árabe- o yuxtaposición de sustantivos que introducen un valor adjetival metafórico, la anfibología o iltibâs, etc.


La poesía del sufí es un desafío para la razón; al igual que “los asuntos de los amantes [‛ushâq]”, advierte el maestro persa de Konya, “que no tienen ni pies ni cabeza”. El poeta sufí nos habla, al tiempo, de la presencia/ausencia, de la reunión/dispersión, de la ebriedad/sobriedad, del gozo/dolor, de la vecindad/lejanía, de la expansión/contracción, en fin, de lo que a la vez “es” y “no es”. Se complace el poeta sufí, constantemente, en el equívoco y el doble sentido; se entrega sin escatimo al juego lingüístico de las ambivalencias fonéticas y semánticas, tejiendo toda una maraña de sonoridades y matices musicales que imanta y embelesa. Y todo ello no por antojo estético, sino con el único objetivo de compartir lo visto, que es el único conocimiento capaz de salvar al hombre y, por consiguiente, el único que no debe olvidarse jamás.
Cocina sufí: 'Aşure'
Volamos aquí y allá
Comemos las comidas de Haqq
Paseamos bebiendo Su agua"

2 medidas (un vaso puede servir) de trigo
Media medida de frijoles secos
Media medida de garbanzos
3 medidas de azúcar
Un buen puñado de uvas pasas
8 ó 10 higos secos
8 ó 10 orejones
Raspaduras de la piel de 3 limones o bien de naranjas, según lo que se prefiera
Añadir nueces, almendras, pistachos y granos de granada, tratando de decorar el plato
Poner a remojo durante una noche, y en recipientes separados, el trigo, los garbanzos y los frijoles. Al día siguiente, los herviremos en ollas también distintas. Escurrimos después el agua de los garbanzas y los frijoles y los echaremos a la olla del trigo, donde deberán hervir, ahora juntos y sin retirar el agua del trigo, durante 30 minutos. Lo removeremos cada poco, añadiendo agua caliente cuando sea preciso a fin de que no se nos enganchen ni se conviertan en una pasta. Añadiremos después el azúcar, las uvas pasas, los higos secos y los orejones, y a fuego lento hervirá todo unos 30 minutos más. Es preciso remover todos los ingredientes e ir añadiendo agua caliente cuando sea necesario. La densidad del aşure deberá ser como una especie de sopa espesa. En los últimos momentos, añadiremos la piel rallada de los limones o bien de las naranjas, según nuestro gusto. Optativamente podremos añadir agua de rosas en los últimos 10 minutos. Servimos el aşure en tazas que decoraremos con nueces, almendras, granos de granada y otros frutos secos según el gusto de cada uno. Servirse tibio. La mayoría de recetas de cocina mevlevíes se acompañan también de una taza de café turco de arroz.
Un secreto a voces
Dijo el mensajero de Al·lâh [Muhammad] a los suyos: "Yo [Al·lâh] era un tesoro oculto que deseó darse a conocer; por eso creé el mundo".
[Hadîz qudsî]

lunes, 9 de enero de 2012
Divinización o endiosamiento
Divinización o endiosamiento
Halil Bárcena

Sirva todo ello para decir que una misma realidad puede tener perspectivas distintas y no contradictorias. Por ejemplo, la realidad humana, la del hombre, puede ser vista desde una doble perspectiva, como bien se recoge en la azora coránica At-tîn (La higuera, 95, 4-5): “Creamos al ser humano en la forma más bella y perfecta y luego lo trasladamos al más bajo de los estadios”. Es decir, somos más de lo que pensamos y mucho menos de lo que nos creemos. Desde el teomorfismo humano, somos mucho más de lo que nos pensamos. El ser humano, designado como jalîfa en el Corán, esto es regente en la tierra y receptáculo de todas las posibilidades divinas, es mucho más que el amasijo de azarosas reacciones químicas al que le reduce cierto pensamiento moderno. Sin embargo, desde esa misma perspectiva teomórfica, que no esconde la animalidad humana, también es posible afirmar que, a pesar de la borrachera de egolatría a la que conduce el humanismo, somos mucho menos de lo que creemos ser y, en ese sentido, no muy distintos del castor o la perdiz. Y es que no es lo mismo divinización, que corresponde a la perspectiva y el método sufíes, que endiosamiento.
jueves, 29 de diciembre de 2011
El 'fatâ' y el 'ilâhi' sufí
El 'fatâ' o el 'ilâhi' encarnado

Nos gustaría traer a estas líneas unas gotas del perfume del primer Taller Sufí de fin de semana de este curso, organizado por el Institut d'Estudis Sufís y dirigido por Halil Bárcena, titulado “Ética y sufismo. Una introducción a la futuwwa o caballería espiritual sufí”. El taller se centró en la figura del fatâ o yavânmard, el caballero espiritual o 'guerrero' sufí que, habiendo sido capaz de destruir todos sus ídolos, es decir, todo cuanto le aparta de Al·lâh, ha bebido de la fuente de la Vida. No perteneciéndose ya a sí mismo, sino a Al·lâh, el fatâ no tendrá otro Señor sino Él, y su responsabilidad espiritual o wadhîfa, por la que dará su vida si hace falta, será decirle a Él en todo acto, en todo pensamiento. Pero dar testimonio de Al·lâh, de lo único Real, supone también denunciar todo aquello que, en el mundo, en la sociedad, en la cultura y en las personas del aquí y ahora, nos aparta de Él. Por ello el fatâ irá siempre a contracorriente y será un ser intempestivo, y radical. Intempestivo porque a menudo tendrá la responsabilidad de decir aquello que no se desea escuchar; y radical, porque su compromiso con Él, con la Verdad, es irrenunciable e innegociable: por todo ello se dirá que tiene alma de guerrero. En el fatâ confluirán, pues, la dureza de la denuncia y la dulzura del dar testimonio de la belleza divina.
“Un océano de misericordia se ha desbordado
Y ha inundado el universo entero”

El fatâ, que es quien ha bebido de la fuente de la unidad primordial, ha comprendido que no hay nada que no Le cante, nada que no Le signifique; ha encarnado, en definitiva la fórmula islámica "Lâ ilâha il·lâ Al·lâh", "No hay más divinidad que Dios". El caballero espiritual vive en permanente presencia de esta fórmula, que, en el ilâhi, después de la introducción del ney y de la voz, ya no dejará de repetirse como un obstinato de fondo. "Lâ ilâha il·lâ Al·lâh" es lo que sustenta el ilâhi y también al fatâ.
El ilâhi continua su avance imparable en una doble dimensión: horizontal, con el ritmo desplegándose hacia adelante en el tiempo, y vertical, puesto que, de lo grave a lo agudo, de la tierra al cielo, también la textura de la música se despliega, en la percusión, las voces divulgando "Lâ ilâha il·lâ Al·lâh", y por encima, las de Yusuf Bilgin y del ney de Kudsi Erguner. Igual que en el ilâhi, también en el caballero confluyen las dos dimensiones, la horizontal (recordemos que la responsabilidad del caballero espiritual se concreta en el mundo, entre sus contemporáneos y, por tanto, en el hoy y el aquí) y la vertical, de la que toda la dimensión horizontal queda impregnada. Y es que, como hemos dicho al inicio, la acción del caballero en el mundo es la emanación natural de su contacto con la fuente de la Vida, de su cercanía con Al·lâh.

“Cuando Adam salió del Paraíso
Y dio sus primeros pasos en la tierra,
Cada una de sus respiraciones decía:
Lâ ilâha il·lâ Al·lâh”
De quien está anclado en "Lâ ilâha il·lâ Al·lâh" emanan las más bellas cualidades, y por ello el caballero místico “encarna las virtudes de nobleza y compasión, coraje y devoción, justicia y conocimiento interior” [2]. Asimismo, porque hay un sólido anclaje en el ritmo de "Lâ ilâha il·lâ Al·lâh", pueden Bilgin y Erguner embellecer con sus melodías lo ya de por sí bello. La música y el fatâ tienen en común apuntar a la hermosura verdadera que queda cuando no queda nada. Esto es el conocimiento silencioso, el auténtico núcleo de la espiritualidad, al que se refieren estos versos de Mawlânâ Rûmî (m. 1273), inspirador de todas las propuestas sufíes del Institut d'Estudis Sufís:
“Atraviesa el oído hasta el centro,
Donde se encuentra el cielo, el viento, la sabiduría silenciosa”.
Notas:
[1] Ilâhi es una palabra de origen árabe que significa, aproximadamente,"divino", y designa también, por extensión, los cantos sufíes. CD “Psaumes de Yunus Emré. Kudsi Erguner. Musique soufie.” Al sur. Track 1: “L’Unicité”.
[2] Halil Bárcena, “Futuwwa, la caballería espiritual sufí”. Artículo publicado en este mismo blog el pasado mes de septiembre.
Para oír el ilâhi mencionado en el texto clikar aquí:
Dîwân de Hal·lâj (33)

1. Per la veritat és veritat navegar a l’encalç de l’evidència;
!què n’és, de difícil, dir res de tan subtil!
però el meu cor dur no per això s’ha amorosit.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
¡Danzad! Del giro derviche
¡Danzad! Del giro derviche
Nesrin Can

"... los que recuerdan constantemente a Al·lâh de pie, sentados y recostados"
Azora Al-'Imrân 3, 191 (Corán)
Muy posiblemente, el primer samâ' o danza derviche no haya empezado con Mawlânâ Rûmî (m. 1273), inspirador de la senda sufí de los derviches giróvagos, sino que tuvo lugar ya en tiempos de Muhammad, profeta del islam. En la literatura clásica del tasawwuf o sufismo islámico uno de los primeros autores en referirse al samâ' fue Necmeddin-i Kübra (m. 1220), que fue maestro del padre del propio Mawlânâ. Resulta evidente que no existe un solo modo oración en el islam, más allá de la obligatoriedad de hacer namâz u oración ritual, de tal manera que los próximos al profeta Muhammad no sólo practicaban namâz, salât en árabe. Es por eso que, según recogen algunas tradiciones, el primero en realizar samâ', o al menos una forma de proto-samâ', no fue otro que Abû Bakr, primer califa de la incipiente comunidad islámica a la muerte del Profeta, en el año 632.
En cierta ocasión, el profeta Muhammad necesitó ayuda en una campaña militar y Abû Bakr, que según refieren las crónicas siempre se prodigaba más que ningún otro compañero del Profeta a la hora de prestarle ayuda, gastó todos sus bienes a favor del profeta del islam, de tal manera que cuando murió los suyos no disponían de dinero ni para comprarle la mortaja. Se cuenta también que un día el ángel Yibrîl, el Gabriel de la tradición cristiana, visitó al profeta Muhammad ataviado con un vestido compuesto por un pequeño trozo de tela que le cubría medio cuerpo, mientras que la otra mitad se la cubría mediante una hoja de dátil. Cuando el Profeta le preguntó a propósito de aquel vestido tan sui generis, Yibrîl le contestó: "Abû Bakr te ayudó tanto que sólo le quedó para sí un pedazo de tela y una hoja de dátil con los que se cubría, lo cual satisfizo tanto a Al·lâh que nos pidió a todos los ángeles que vistiésemos así. Al·lâh me ha enviado para comunicarle a Abû Bakr que está muy satisfecho de él y para preguntarle si él también está satisfecho de Al·lâh”. El profeta llamó a Abû Bakr y le explicó su experiencia con Yibrîl, tras de lo cual Abû Bakr Cuando se despertó y poniéndose de pie desplegó sus brazos al cielo y empezó a girar como un derviche mevleví, al tiempo que clamaba: “Anâ radhí, anâ radhí”, que en árabe significa: “Estoy satisfecho y feliz, satisfecho y feliz”.
Según el árbol genealógico que maneja la propia tradición mevleví, la familia de Mawlânâ descendía de Abû Bakr. ¿Es por eso por lo que el propio Mawlânâ entraba en samâ’, frecuentemente, sin seguir excesivos tecnicismos, cuando experimentaba un wajd o estado de rapto o arrobamiento? ¿Acaso el samâ’ mevleví rememora la actitud de desprendimiento de Abû Bakr? Lo cierto es que nadie como los derviches mevlevíes se han dedicado con tanto rigor y pasión a la práctica del samâ’ que para ellos no es una mera danza, sino una forma de plegaria que expresa la felicidad de sentirse uno con Él.
Bibliografía:
Tuğrul İnançer, "Mevlevi Musikisi ve Sema", Keşkül nº 9, 2011, pp. 88-92.
Nesrin Can es licenciada turca en filología española.
'Ijlâs', sinceridad y autenticidad


El campo semántico de la raíz gramatical del término ijlâs resulta elocuente al respecto. Dicho campo incluye el sentido de algo (o alguien) que es completamente blanco, límpido, inmaculado, sin tacha, no mezclado con nada, carente de adulteración, auténtico, cándido y sincero. Nadie que no posea dichas cualidades puede alcanzar el secreto de la senda. En definitiva, vivir en ijlâs es ponerse en disposición de recibir lo divino. Nadie henchido de sí, abotargado por ideologías que derriban más que elevan o castrado por una falsa idea de lo divino y del propio camino que a él conduce, puede considerarse capaz de ‘Hû’, Él, que exige, insistimos, sinceridad, que es reconocimiento de la propia nada ontológica, y autenticidad, que es despojamiento radical de todo aquello en lo que depositamos nuestra (aparente) seguridad.
martes, 20 de diciembre de 2011
Cantos sufíes (ilâhis): 'Al·lâh diyelim dâim'

Y veremos qué hace mi Señor
Mantengámonos firmes en el camino
Y veremos qué hace mi Señor
Cuando nada esperas
Al descorrerse el velo
El remedio para todo mal se hace presente
Y veremos qué hace mi Señor
Durante el día ayunamos
Y nos mantenemos en vela durante la noche
Pronunciemos siempre el nombre de Allah
Y veremos qué hace nuestro Señor
¿Qué hizo este Yûnus? ¿Qué hizo?
Siguió una senda verdadera
Yûnus se cogió al manto de los maestros de la senda
Y veremos qué hace mi Señor
'Wudû', refinamiento interior


Nada que previamente no se haya refinado, interior y exteriormente, podrá comprender y realizar en sí lo que por naturaleza es fino y sutil (latîf), esto es, Él, forma sufí de referirse a lo divino. De ahí pues que el primer instante de la vía tenga que ver con la limpieza y la ablución, de la depuración si se quiere. Y de ahí también que toda práctica sufí, como todo rito islámico, de comienzo con el wudû’ (abdest en el ámbito oriental), consistente en la ablución de ciertas partes del cuerpo. Se trata de un sencillo rito de renovación, o de renacimiento espiritual si se quiere, en el que un elemento natural tan fundamental como el agua contribuye a la lustración tanto externa como interna del ser humano; agua de vida (âb-e hayât en persa) que fertiliza los espíritus comunicando su poder y su munificencia. Sólo dicha agua es capaz de borrar las manchas que el ego o yo fenoménico ha dejado en nuestro espíritu. Muy significativamente, la raíz gramatical de la palabra árabe wudû’ incluye también el campo semántico referido a la luz. Así pues, el primer instante de la senda interior sufí comporta refinarse a fin de hacerse translúcido a la luz de la verdad. Así pues, lejos de ser un mero acto mecánico de limpieza corporal y, por consiguiente, sólo externo, la práctica del wudû’ no es un preámbulo higiénico de obligado cumplimiento sino un rito preparatorio: antes que nada es necesario ponerse en disposición de recibir.
Libros: 'Manifiesto contra el progreso'
Agustín López Tobajas
Manifiesto contra el progreso
Palma de Mallorca, J.J. de Olañeta, 2005

Pero, seguramente, como sostiene el propio autor, en ningún ámbito como en el de la sexualidad y las relaciones hombre/mujer esto resulte más evidente. Las acertadas páginas que Tobajas, tan a contracorriente, dedica al feminismo no tienen desperdicio. Escribe el autor: "Hombre y mujer son la manifestación a nivel humano de la polaridad cósmica entre lo masculino y lo femenino, el providencial desequilibrio ontológico que rompe la unidad indiferenciada del ser y genera la riqueza ilimitada y perpetuamente diferenciada del juego cósmico. Estamos ante categorías que transcienden con mucho el campo de la biología o la sociología (...) La imposición de los hombres sobre las mujeres, allí donde se ha dado, lejos de significar el sojuzgamiento de los valores femeninos por los masculinos, como tan irreflexivamente se afirma, ha sido la forma en que se ha manifestado la corrupción de ambos principios, el parejo sometimiento de uno y otro, según sus particulares modos de decadencia, a la oscura y ciega fuerza de las tinieblas (...) Precisamente por ignorar este hecho decisivo, el feminismo ha asumido sin dificultad todos los valores del machismo, al que dice combatir, adoptando sus mismo esquemas, a los que, simplemente, trata de cambiar de signo". Uno tiene la impresión que la tarea fundamental del espiritual de verdad de hoy es dar noticia de la naturaleza real de las cosas, ante tanto desvarío como vemos. Esto es lo que tan ajustadamente afirma el autor acerca de la homosexualidad, algo de otro lado cuya obviedad no admite vuelta de hoja: "La homosexualidad que actualmente se difunde por Occidente no pasa de ser otro síntoma más de que en el mundo moderno nada está en su sitio. Al margen del necesario respeto a opciones individuales que incumben a la vida de cada cual, no deja de ser chocante que entre tanto cántico a "lo natural", se pretenda hacer pasar por "normal" lo que constituye la más obvia vulneración de las leyes que rigen el funcionamiento mismo de la naturaleza". Conviene remarcar al respecto, para que nadie se sulfure sin razón, el respeto que el autor muestra ante lo que, en realidad, no son sino 'opciones individuales'; el resto pareciera evidente. 
Barça, campió

Poetas: Abd Al-Wahhab Al-Bayati
Morir en la poesía
Caminamos hacia el mar despidiéndonos del sol
que se sumergía en una ola. Ella me dijo:
La poesía está prohibida, como el vino,
pero yo en la poesía muero.
¿Quién es Lara, Aisha
o este horizonte cerrado?
Le respondí: Ella es el amor perdido y el tiempo ausente,
y si quieres más,
ven, sumerjámonos en el mar.
Nacimiento
La creatividad es amor,
El amor es muerte
y la creatividad, el amor y la muerte son nacimiento.
¿Por qué, entonces, murieron Neruda y Hikmet?
¿Por qué la última rosa
del balcón de mi casa se abrasó?
¿Por qué la estrella de mi amor se ocultó?

El secreto del fuego
El último día, besé sus manos,
sus ojos, sus labios.
Le dije: ahora estás
madura, cual manzana.
Una parte de ti es una mujer
y la otra algo indescriptible:
Las palabras
huyen de mí
y yo huyo de ellas.
Ambos fluimos
hacia la infancia de este rostro trigueño
y este cuerpo cálido y lozano.
Ahora suplico
y, sediento, acerco mi rostro
a esta fuente rebosante.
El último día, le dije:
Eres el fuego de los bosques,
el agua del río
y el secreto del fuego.
Una parte de ti es indescriptible
y la otra: sacerdotisa en el templo de Ishtar.
Las fuentes
Moriré de amor bajo su jaima,
regresaré a la infancia
siendo pastor del ganado de la tribu,
como Harún Al-Rashid,
rey y sultán
sobre las bandadas del reino de las perdices
y las tribus de las lluvias en todas las estaciones.
Mi oro: las fuentes de la vida.
Mi riqueza: la angustia de la existencia.
Abd Al Wahhab Al Bayati, El jardín de Aisha, 1989 (Traducción de Maria Luisa Prieto)

sábado, 17 de diciembre de 2011
Shab-i 'arûs - 2011
Shab-i 'arûs - 2011
"Shab-i 'arûs" - "Noche de bodas"
Aniversario de la muerte de Hazrat Mawlânâ Rûmî
(17 de diciembre de 1273 - 17 de diciembre de 2011)

Yâ Hazrat-i Mawlânâ...!
viernes, 16 de diciembre de 2011
Dîwân de Hal·lâj (32)
Dîwân de Hal·lâj (m. 922)

32
1. L’essència de la veritat és una llum esclatant,
un clam potent llançat al vent per recordar.
2. L’essència de la veritat s’ha revelat del tot,
però és arriscat el camí de qui la vol trobar.
(Traducció de l'àrab al català a càrrec de Halil Bárcena)
martes, 13 de diciembre de 2011
Del sabor de la música 'mevleví'
y el sufismo 'mevleví'

Como bien refleja este blog, la música y la cocina son dos ámbitos especialmente queridos por el sufismo mevleví. Precisamente por ello les queríamos referir una curiosa peculiaridad del lenguaje musical turco, el cual, para describir los distintos modos musicales o maqâmât (plural de maqâm), utiliza un término culinario, çeşni, que significa gusto, sabor, condimento, especia y, de forma más genérica, mezcla de rasgos que permiten identificar algo. En la música turca, existen numerosos tetracordios y pentacordios (grupos de cuatro o cinco notas), cada uno de los cuales tiene, como las especias, su propio sabor y efecto. De la elección y combinación de las distintas “especias musicales” dependerán el aroma y el gusto de los distintos maqâmât, y en definitiva de la obra musical de que se trate.
Este símil con la cocina no es baladí, puesto que explica mucho de la pedagogía musical sufí y, en definitiva, de cómo aprender lo que hay que aprender. Explica que, al igual que el aprendiz de cocinero sólo será capaz de reconocer y utilizar las distintas especias después de haberlas visto, probado y olido, también el estudiante de música deberá aprender por experiencia “gustativa” y “olfativa”; explica el modo de transmisión de un saber que exige una estrecha relación maestro/discípulo, la necesidad de cultivar la paciencia, la atención, etc. Pero en cualquier caso, explica que el conocimiento verdadero ha de ser, literalmente, un saber in-corporado.

En su lúcido conocimiento de nuestros más recónditos resortes, continúa diciendo el maestro persa de Konya: “Cuando un sentido, al desarrollarse, pierde las cadenas, los demás sentidos se modifican. Cuando se captan cosas que no son objetos de percepción sensorial, lo que pertenece al mundo invisible resulta aparente para todos los sentidos. Cuando una oveja cruza el río, las demás la siguen” [2]. El derviche es, pues, quien, habiendo sutilizado sus sentidos, se ha transformado en un formidable sensor del mundo (para nosotros) invisible. Ha transmutado su sentir en un conocimiento que es directo, sin intermediarios, pura certeza: en palabras del propio Mawlânâ: “una verdad que es inmediata e intuitiva, en la que no hay lugar para la interpretación”. Es hombre de conocimiento aquel que ha sabido conectar su sentir a la fuente primigenia, al lugar-no lugar del que brota a espuertas la Vida con mayúsculas, y en el que se hace evidente que nada existe sino Él. Los sentidos, la sensualidad, y con ellos la sexualidad, a través de los cuales el ser humano entra en diálogo con los demás y con su entorno, se vuelven así espacios sagrados, vías de conexión y a la vez de manifestación de la gracia divina, de la fuerza vital, de la baraka. Por ello, seguramente, aquel que es transitado por este conocimiento muestra una extraordinaria energía de vida y fertilidad. Y así, Mawlâna, a quien se ha puesto al amparo bienhechor del Agua de Vida, le dice: “(Has conseguido) no quemar tu rosaleda, tu justicia y tu bien hacer. Después de lo cual, todo lo que siembres dará fruto; producirá anémonas, rosas silvestres y tomillo”.
[1] y [2] Rûmî, Masnawî II, verso 3230 y ss.
[3] Rûmî, Masnawî II, verso 1250 y ss.
Sufismo, una alquimia espiritual

Es cierto que la asimilación de las verdades doctrinales es indispensable; verdades doctrinales que no son sino las intuiciones espirituales fundamentales del sufismo, sintetizadas en el llamado tawhîd espiritual o concepción de la unidad y unicidad del ser. Sin embargo, dicha asimilación por sí sola, esto es, cuando sólo es racional, por llamarle de alguna forma, no lleva a cabo la transformación del ser, salvo en casos muy excepcionales, fuera de la norma. Y es que el ser no puede transformarse sin el concurso de la voluntad, que representa el elemento dinámico de la vía o tarîqa, cuya finalidad no es otra que la transmutación alquímica de eso que los clásicos denominaban las potencias naturales del alma. Y decimos transmutación alquímica, ya que el ser del hombre es como una suerte de ‘materia’ que debe ser transformada, a semejanza del plomo que en el lenguaje simbólico de los antiguos alquimistas musulmanes debía ser transmutado en oro. Dicho en otras palabras, la nafs o ‘yo fenoménico’, caótica y opaca por naturaleza, ha de ser ‘formateada’ y transparente, sabiendo que adquirir una nueva forma no significa aquí coagulación limitativa, sino, por el contrario, apertura y, en palabras de Titus Burckhardt, “liberación virtual de las condiciones limitadoras de la arbitrariedad psíquica”.

En consecuencia, y prosiguiendo con el lenguaje alquímico que venimos empleando, el ser del hombre, coagulado en una forma endurecida e infecunda, ha de ser ‘licuado’, primero, ‘congelado’ después, a fin de liberarlo de sus deterioros y adulteraciones; y más tarde ‘fusionado’, hasta llegar, por último, a la ‘cristalización’ final, que no es sino la adquisición de una nueva forma geométrica, a partir de un centro coherente y luminoso, conectado a la vida y su misterio, y abierto a lo celestial, tal como sugiere la geometría sagrada característica tan del arte islámico. Indudablemente, dicha transmutación alquímica precisa del despertar, actualización y ordenación de las distintas potencias naturales del ser, habitualmente adormecidas e inutilizadas; potencias que bien podrían compararse con las fuerzas de la naturaleza y sus diferentes cualidades y acciones transformadoras, a saber: el calor, el frío, la humedad y la sequedad.
Dichas cuatro fuerzas de la naturaleza están estrechamente relacionadas con los dos principios alquímicos, complementarios entre sí, simbolizados por el azufre y el mercurio. Según Ibn ‘Arabî, apodado por algunos como Al-Kibrît al-Ajmar o Azufre Rojo, el azufre se identifica con el acto divino, mientras que el mercurio no es sino la naturaleza total, que en el ámbito humano sería algo así como la plasticidad del ser, esto, es, su capacidad de recibir.
Cuentos: 'La luz de la vela'

José Tomás, el torero 'guerrero'
José Tomás,

Un guerrero, según las enseñanzas del citado Don Juan, reúne estas cuatro condiciones: va a la guerra despierto, con miedo, con respeto, pero a la vez con absoluta confianza. Como Jesús de Nazaret cuando "decidió emprender resueltamente el camino a Jerusalén" (Lucas 9, 51). Y es que no hay otra forma de liberarse del miedo a la muerte. Quien es consciente de la muerte y la respeta, sabe que la vida, su vida, es única e irrepetible y, por lo tanto, sumamente valiosa. Quien asumiendo la muerte se libera de ella queda totalmente libre para crear. Irrepetibilidad, libertad y poseer la decisión de un guerrero son las condiciones para que el existir sea creación, conocimiento de esa dimensión irrepetible y libre de la realidad. Conocimiento libre de la muerte, conocimiento libre y más allá de toda necesidad, interés y deseo, que es lo que trae la muerte como dolor; conocimiento y experiencia religiosa. Porque no otra cosa que eso es la religión: conocimiento y experiencia totalmente libres y creadores, conocimiento y experiencia únicos, irreductibles a ningún otro.

El toreo de José Tomás tiene un sello inconfundible, el mismo sello que llevan todos los grandes, ya sean artistas, deportistas olímpicos, toreros como él, todos los creadores, en definitiva; el mismo sello, sólo que más radical, que debieran llevar todos los hombres y mujeres religiosos. La religión es el conocimiento más radical que se puede tener de la realidad, el más desinteresado y desegocentrado, hasta el punto de que en él no hay necesidad, no hay interés, no hay deseo, no hay 'yo', no hay muerte, sólo Eso, la Realidad. Y por ello demanda de quien quiera vivirla la condición de ser un guerrero. Cualquier otra cosa no es religión ni experiencia religiosa, aunque así las llamemos. La religión exige decisión y muerte. Jesús de Nazaret lo tenía bien claro: "Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios". "Si alguno quiere seguirme olvídese de sí mismo, tome su cruz y sígame". Y, según san Juan, hablaba de que hay que 'renacer de nuevo'. Para lo cual hay que morir, hay que ser guerreros. Por cierto, el bautismo para san Pablo es esa muerte y ese renacimiento. ¡Pero qué lejos de este bautismo está nuestro ritual del mismo nombre!
José Amando Robles, español nacionalizado costarricense, es licenciado en teología y letras y doctor en sociología. Profesor de la Universidad Nacional de Heredia (Costa Rica), así como de otros ámbitos académicos. Es autor, entre otras obras, de Repensar la religión, de la creencia al conocimiento (2001), Hombre y mujer de conocimiento. la propuesta de Juan Matus y Carlos Castaneda (2006), Para una nueva espiritualidad cosmoteándrica. Aportes en Raimon Panikkar (2006) y ¿Verdad o símbolo? Naturaleza del lenguaje religioso (2007).
sábado, 10 de diciembre de 2011
Ahâdîz: "Del saber inútil"
Del saber inútil
Dijo el mensajero de Al·lâh [Muhammad] a los suyos: "Me refugio junto a Al·lâh frente a un saber que no me sirve de nada".
[Hadîz recogido por Bujârî]

Comentario:
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Cocina sufí: 'Helva'
Descripción:
Ingredientes:
Dos medidas de vasos de agua de harina de trigo moreno o blanco
Dos cucharadas soperas de almendras
Una medida de un vaso de agua de azúcar moreno o blanco.
Un vaso de agua
Preparación:
lunes, 28 de noviembre de 2011
Sufismo, centro y origen


Del mismo modo, la idea de origen en el sufismo hace referencia al instante histórico preciso en el que el cielo les habló a los hombres, valga la expresión, a través de una figura profética o bien a través de la inspiración de los awliyâ’, sus amigos íntimos, esto es, los grandes maestros de la senda interior sufí. Dicho sentido histórico de la idea de origen se refiere, pues, a un instante privilegiado en el que el cielo pareciera estar más cercano a la tierra, siendo tanto los seres como las cosas terrenas semicelestiales.
En el sufismo, centro (wasat) y origen (asl) se conjugan a la perfección. Así pues, tener un centro (wasat) es vivir en la presencia ininterrumpida de Él y, por consiguiente, permanecer vinculado al propio origen en Él. Igualmente, y citando a Schuon una vez más, “ser conforme a la tradición es permanecer fiel al origen y, por este mismo motivo, situarse en el centro”.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
'Muqâbala', danzar con el ser
'Muqâbala', danzar con el ser
Halil Bárcena

El sentido subyacente de la muqâbala es la transformación del conocimiento en poder. A eso Frithjot Schuon le llamaba ‘tener un centro’, que entre otras cosas significa también una nueva conformación de la estructura corporal, a partir del omphalos, el hara de los japoneses, verdadero centro vital del hombre, que exprese el pleno vaciamiento humano y su entrega confiada a la divinidad. El aprendizaje de la muqâbala, que se ha de efectuar con el máximo rigor y precisión, ya que sin exactitud el trabajo deviene superficial, exige la participación incondicional de todo el ser, una presencia total que supone la intensificación de la atención. Sólo así es posible ponerse en disposición de recibir una fuerza vital, baraka la llaman los sufíes, que ha de tener su propia vida en el practicante.

Tres son los instantes que definen el aprendizaje y la práctica de la muqâbala, coincidentes con tres estados distintos y progresivos del ser. Hay un 'tiempo para hacer', un 'tiempo para estar' y un 'tiempo para ser'. ‘Hacer’ aquí tiene que ver con el aprendizaje riguroso y preciso de la técnica en sí y de su conocimiento intrínseco, que debe ser descifrado correctamente, lo cual exige el acompañamiento de un guía competente; esto no se puede hacer solo. En dicho instante inicial es preciso cultivar un tipo de atención, primero, y presencia, después, que sea más poderosa que el propio automatismo; de otro modo la propia nafs o ‘yo fenoménico’, el ego vulgar, es el que ejecuta los movimientos. ‘Estar’, por su parte, comporta transcender la forma, teniendo en cuenta que sólo se puede transcender lo que se ha integrado. Y, por último, ‘ser’, que significa sentirse partícipe de algo más grande que nosotros mismos y nuestra ínfima individualidad. Y es que el derviche giróvago participa en la vida, se siente ser en ella, a través de la danza del giro. Esa es su manera de existir, ese es su modo de confiar.
Aquí tienen algunos ejemplos de 'muqâbala', a cargo del Hamza Shakur y el Ensemble al-Kindi con los Derviches de Damasco:
http://www.youtube.com/watch?v=lFIQMM8bZQk&f
martes, 22 de noviembre de 2011
Dîwân de Hal·lâj (31)

1. Tinc dos zeladors que donen fe del meu amor envers ell,
i dos més que testifiquen que tu em mires.
i la llengua no enuncia res més que el teu amor.
però si vaig cap a ponent, allà ets tu, davant dels ulls.
i si baixo, et trobo arreu.
en tot ets el seu tot, sense anorrear-te.
l’eco rítmic de l’alè, el punt nodal del meu ésser.
Lecturas recomendadas
- Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
- Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
- Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
- Shams de Tabriz, La quête du Joyau. Paroles inouïes de Shams, maître de Jalâl al-din Rûmi. Trad. Charles-Henry de Fouchécour (CERF, 2017).
- Tom Cheetham, El mundo como icono. Henry Corbin ya la función angélica de los seres, (Atalanta, 2018).
¡Ah... min al-'Eshq!
"A nosotros que, sin copa ni vino,
¡... del movimiento a la quietud!
... de la palabra al silencio !!!
pero será Él quien te lo diga
Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)