Halil Bárcena, "Perlas sufíes. Saber y sabor de Mawlânâ Rûmî" (Herder, 2015).

«Es verdad que jamás un amante busca a su amado sin haber sido buscado antes por éste» (Mawlânâ Rûmî, Maznawî III, 4393. Traducción: Halil Bárcena).

¡... Eyval·lah ...!

AVISO PARA NAVEGANTES

Amigas y amigos, salâms:

Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del sabio sufí Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví por él inspirado, en nuestro ámbito cultural.

Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro instituto. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.

Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la
sunna muhammadiana, porque el sufismo es el corazón del islam, pero el islam es el corazón del sufismo.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan puntualmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.

Para cualquier tipo de consulta o información, no duden en ponerse en contacto con nosotros, a través de nuestra dirección de correo electrónico: sufismo786@yahoo.es

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Halil Bárcena

Director de l'IES

Yâ man Hû...!

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IES / Seminario sufí de verano: "MAWLĀNĀ RŪMĪ Y LA CIENCIA DE LAS LETRAS"

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jueves, 10 de octubre de 2013

El principio del Corán


El inicio de la revelación coránica

(Azora Al-'Alaq, El coágulo)

Abderramán Mohamed Maanán
(Traducción y comentarios)


1. íqra bísmi rábbika l-ladzî jálaq*
¡Lee, con el Nombre de tu Señor que ha creado,
2. jálaqa l-insâna min ‘álaq*
que ha creado al ser humano a partir de un coágulo!
3. íqra wa rábbuka l-ákramu
¡Lee, pues tu Señor es el Más Generoso,
4. l-ladzî ‘állama bil-qálami
el que ha enseñado con el cálamo,
5. ‘állama l-insâna mâ lam yá‘lam*
ha enseñado al ser humano lo que no sabía!  

La Revelación del Corán comienza con un imperativo: íqra¡lee! (del verbo qáraa-yaqraleer). Esta orden es una invitación a la lectura, el estudio, el aprendizaje, la reflexión. Es así como empieza el Corán (cuyo nombre mismo, precisamente, deriva de ese imperativo: Qur’ânLectura, por tanto, Reflexión). Imaginemos por un momento las resonancias que esta orden tuvieron para alguien como Muhammad (s.a.s.) que no sabía leer: no se trata, por tanto, de la orden de hacer algo mecánico como es la lectura, sino pensar, meditar, llegar al conocimiento como sea. El Profeta (s.a.s.) dijo: “El saber es obligatorio para cada musulmán”. Y también dijo: “El conocimiento es lo que anda buscando el musulmán, y debe recogerlo aunque sea de recipientes impuros”.  Y también dijo: “Buscad el saber, aunque para ello tengáis que llegar hasta China”.

No hace falta decir que este imperativo inicial del Corán ha impulsado y prestigiado el conocimiento en el Islam, de lo cual, como hemos visto, se hizo eco el mismo Profeta (s.a.s.). Entre los musulmanes, la mayor virtud es el saber (el ‘Ilm, la ciencia), cuya nobleza y mérito son respaldados por la orden que encabeza esta sûra, primera palabra -cronológicamente- del Corán. El saber es el desencadenante sensato de todas las virtudes. La acción no precedida de reflexión es irrelevante en el Islam: es el resultado de un impulso y no es el fruto de la capacidad con la que Allah ha privilegiado al ser humano, haciéndole destacarse de las demás criaturas, y capaz por tanto de hacer destacar sus propios actos gracias al uso de esa facultad.


Éstas fueron las primeras enseñanzas que el Málak Yibrîl -‘aláihi s-salâm- comunicó a Muhammad -sallà llâhu ‘aláihi wa sállam- en medio de la solitaria Cueva de Hirâ. ‘Leer (reflexionar, recordar), enseñar, saber, ciencia, cálamo,...’ son las palabras claves, y sobretodo, ‘Allah Creador’, que es Origen de la conciencia y Estímulo en el hombre (del que es Señor, Rabb). Allâh es el Nombre Supremo que debe ser aprendido para que sirva de puerta hacia una sabiduría infinitamente aún más profunda y una paz que embargue por completo al ser humano, inquieto en sus mismos adentros por saber. Recordar a Allah es recordar todas esas cosas. Cada vez que el musulmán dice Allâh rememora esas enseñanzas contenidas en tan pocas palabras a la cabeza del Corán. Con ellas identifica a su Verdadero Señor: no es el ídolo que imagina el común de los hombres, no es una fantasía, ni un dios conceptualizable, ni un mito,... sino el Infinito que está en los orígenes y en los finales, el Creador Presente y Secreto en cada instante: “Él es el Primero y el Último, el Manifiesto y el Oculto”.

Y con esas palabras que están al principio del Corán el ser humano se identifica también a sí mismo: reconoce la nada de sus principios y el privilegio del que, sin embargo, disfruta, y sabe que tiene dos obligaciones, primero ser agradecido, que es sinónimo de ser sabio, pues agradecer es reconocer y reconocer es saber, y la segunda obligación, una vez detectado que él es receptáculo de una potencia que ha depositado en él la Majestad de Allah, es activarla y alcanzar la meta insospechable que Allah ha puesto ante él, una meta que tiene las proprorciones de la Grandeza de Allah mismo.

Surf, ¿deporte o espiritualidad?


Surf, entre el deporte 

y la espiritualidad


Tom Frost


El surf comenzó a cambiar de verdad en 1966, cuando Nat Young ganó el Campeonato del Mundo sobre la primera tabla corta de la historia. En realidad no era la primera tabla corta de la historia, es cierto, y el surf había comenzado a cambiar mucho antes, en 1935, cuando Tom Blake introdujo la quilla en las tablas, y éstas comenzaron a ser cada vez más ligeras y cortas. Para ser sinceros, el triunfo de Nat Young en el 66 no hizo sino acelerar los cambios en el mundo del surf. Para entonces hacía ya siete años que una peliculita llamada Gidget había popularizado el surf en el mundo Ha’ole, y los campeonatos y pruebas puntuables atraían a multitudes ansiosas de evadirse de realidades como las sucesivas guerras de Corea y Vietnam, y, de paso, disfrutar de sus nuevas condiciones de «clase media» ganadas con sudor, sangre y lágrimas por sus padres durante la Segunda Guerra Mundial. Si el triunfo de Nat Young es importante es por una doble razón: en primer lugar, porque cambió la manera de surfear para siempre. Su tabla, más corta y maniobrable que los troncos de 10 pies (y más) de los americanos, accedía a zonas de la ola antes inexploradas, y hacía del surf una actividad mucho más espectacular. Los australianos llevaban por vez primera la iniciativa, y el surf nunca volvería a ser el mismo. 

En segundo lugar, el triunfo de Nat Young, una persona irascible, incluso violenta en el agua, apodada «el Animal» por amigos y enemigos, constituiría el primer acto de un cambio en la mentalidad de los surfistas de todo el mundo: el paso de una actividad de recreación a una actividad deportiva, y el paso del ideal surfista de armonía con la naturaleza al surfista violento, localista e implicado en actividades poco lícitas. Una ópera cuya aria más violenta se viviría pocos años después con el conflicto entre los Bronze Boys australianos y los locales hawaianos, que estuvo a punto de llegar a actos de violencia inauditos, como relata Jeremy Gosch en Bustin’ Down the Door. 


Se trata de una ópera, un culebrón, que se repite de manera cíclica allá donde una minoría de surfistas con cierto tiempo a sus espaldas en el mar se ve desbordada por un nuevo contingente de surfistas noveles. Cada vez que eso ocurre se escenifica el enfrentamiento entre dos maneras diferentes de concebir y percibir el surf. Y, nuevamente, el conflicto llega, en algún momento, a salirse de madre. El tema principal del conflicto gira, invariablemente, en torno a la pregunta clave acerca de la naturaleza del surf: ¿se trata de una actividad espiritual o de un deporte?

No pretendo ni mucho menos dar una respuesta a esta pregunta. Gente mucho más preparada que yo, y con muchas décadas de surf a sus espaldas, han intentado en vano hacerlo, así que no voy a venir yo con la solución mágica. Por otra parte, sería, la mía, una respuesta parcial e interesada. Pero no deja de ser interesante que un Nat Young ya viejo y rehabilitado de su tendencia a la violencia escribiera lo siguiente: "I wish that when they asked us: What is surfing? I would have said it’s a spiritual activity, and not just a sport, because that’s what put us on the wrong track" («Ojalá que, cuando nos preguntaron: “¿Qué es el surf?” hubiéramos respondido que es una actividad espiritual, y no tan sólo un deporte, porque eso es lo que nos puso en el mal camino…»).


No deja de ser interesante porque fue Nat Young, precisamente, quien encendió la mecha de la bomba. Claro que había habido campeonatos del mundo antes. Por supuesto que había quien consideraba el surf como un deporte antes de Young. Pero, como en la mayoría de actividades humanas, un cambio tecnológico implica un cambio social. Cuando Tom Blake inventó la quilla el surf dejó de ser aquella actividad exclusivamente hawaiana y espiritual de los nativos polinesios para pasar a ser a la vez ciencia y disfrute. Es la naturaleza dual que acompaña a la civilización occidental: la constante búsqueda y mejora de lo existente… a cambio de su alma. Pero tras 1966, y tras el campeonato del mundo de Nat Young, el surf pasó a considerarse algo más: un deporte.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La fotografía de Mustafa Dedeoǧlu

La fotografía sonora 
de Mustafa Dedeoǧlu

Leili Castella

Foto: Mustafa Dedeoglu
El fotógrafo turco Mustafa Dedeoǧlu expone estos días en Barcelona, en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (IEFC) su bellísimo trabajo "Istanbul: rostros de una ciudad sin tiempo", exposición organizada conjuntamente con el Consulado General de Turquía en Barcelona. Sus fotografías en blanco y negro hablan, en palabras de su propio autor, “de la eterna sabiduría que ha estructurado una ciudad… Istanbul” en cuyo seno han florecido, a lo largo de los siglos, distintas culturas. Las imágenes captadas por Dedeoǧlu reflejan los vestigios que el paso del tiempo ha ido depositando en la ciudad, y son por lo tanto tremendamente evocadoras. Ello hace que el espectador “entre” en ellas a tal punto que se vuelven  sonoras, haciéndose audibles  el aleteo de los pájaros, el rumor de los pasos en las calles solitarias, el vaivén de las frías olas de invierno, el quedo caer de la lluvia… Es como si el fotógrafo hubiera “oído” algo que va mucho más allá del bullicio de una ciudad tan viva como es Istanbul.
Tuvimos la ocasión de preguntar a Mustafa Dedeoǧlu cómo suena para él Istanbul, y nos respondió que suena a pasado. Añadió que el sonido del pasado lo identifica y se le hace presente a través de las melodías del ney, la flauta derviche de caña. No en vano Mustafa Dedeoǧlu nació en Üsküdar, el istanbulí barrio por excelencia de los derviches....

Para saber más:
Leili Castella es licenciada en Derecho y pianista. Rebâbista del grupo musical 'Ushâq, es coordinadora del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona y Directora de la escuela de música 'Báraka. Música con alma'.

Un caballero llamado Masûd

Un caballero llamado 
Ahmad Shâh Masûd

Reza Shah-Kazemi


El verdadero guerrero del islam rompe el cuello de su propia ira con la espada de la tolerancia (como dice Mawlânâ Rûmî en el Masnaví, siguiendo el discurso de 'Alî); el falso guerrero rompe el cuello de su enemigo con la espada de su ego desenfrenado. Para el primero, el espíritu del islam determina a la jihâd; para el segundo, la ira amarga, haciéndose pasar por jihâd, determina al islam. El contraste entre ambos difícilmente podría ser más claro. No hay que creer que los episodios narrados aquí como ilustraciones de la auténtica jihâd representan un ideal sublime e inalcanzable, sino que expresan la norma sagrada en la tradición islámica de la guerra; puede que esta norma no se haya aplicado siempre en la práctica -siempre se pueden encontrar desviaciones y transgresiones-, pero se mantuvo continuamente en principio y la mayoría de las veces dio origen al tipo de caballerosidad, heroísmo y nobleza de los que aquí hemos dado unos pocos ejemplos entre los más sobresalientes y famosos.

Esta norma sagrada se destacaba claramente a la vista de todos, respaldada por los valores e instituciones de la sociedad musulmana tradicional. Los que presten suficiente atención todavía pueden discernirla a través de las nubes de la pasión y de la ideología. El Emir [Abdelkader] lamentaba la escasez de "campeones de la verdad" en su época; en la nuestra, nos encontramos con un espectáculo aún más grotesco: los campeones de la auténtica jihâd son descuartizados por terroristas suicidas que pretenden ser mártires de la fe. Uno de los mujâhidìn verdaderamente grandes de la guerra contra los invasores soviéticos de Afganistán, Ahmad Shâh Masud, cayó víctima de un ataque traicionero llevado a cabo por otros dos musulmanes, en lo que fue evidentemente la primera fase de la operación que destruyó el World Trade Center (...). La razón de que Masud fuera tan popular era precisamente su fidelidad a los valores de la guerra noble en el islam, y fue esa misma fidelidad a esa tradición lo que hacía de él un peligroso enemigo de los terroristas -más peligroso, se puede decir, que el más abstracto enemigo que era "Occidente"-. Para presentar el asesinato indiscriminado de civiles occidentales como "jihâd", los valores de la verdadera "jihâd" tenían que estar muertos y enterrados.


El asesinato de Masud fue, por tanto, doblemente simbólico: él personificaba el espíritu tradicional de la jihâd que necesitaban destruir los que deseaban adoptar su manto roto; y fue sólo mediante el suicidio -la subversión de la propia alma- cómo esta destrucción o, mejor dicho, esta aparente destrucción pudo perpetrarse. La destrucción sólo es aparente por cuanto, por una parte: "No se destruyen sino a sí mismos, los que preparan un foso de fuego virulentamente ardiente [para todos los que ha alcanzado la fe]" (Corán 85, 4-5). Y por otra parte: "No digáis de los que mueren en el camino de Dios: están muertos. No, están vivos, aunque no lo percibáis" (Corán 2, 154).

Finalmente, señalemos que, si bien es realmente cierto que al mártir se le promete el Paraíso, el verdadero mártir (shahîd) es aquel cuya muerte verdaderamente da "testimonio" (shahâda) de la verdad de Dios. La conciencia de la verdad es lo que debe animar y articular el espíritu del que "lucha en el camino de Dios"; luchar por cualquier otra causa que no sea la Verdad no se puede llamar una "jihâd", al igual que el que muere luchando por tal causa no puede ser llamado "mártir". Sólo es un mártir el que puede decir con absoluta sinceridad: "En verdad mi oración y mi sacrificio, mi vida y mi muerte son para Dios, Señor de toda la creación" (Corán 6, 162).

[Reza Shah-Kazemi, "Recordando el espíritu de la jihâd", en Joseph E. B. Lumbard (ed.), El islam, el fundamentalismo y la traición al islam tradicional, J. J. de Olañeta editor, Palma de Mallorca, 2007, pp. 228-230].         

miércoles, 2 de octubre de 2013

Caballería espiritual y sufismo

Caballería espiritual y sufismo

Dr. Javad Nurbakhsh


El sufismo [tasawwuf] fue fundado sobre los valores de la yawânmardi [futuwwa en árabe] o caballería espiritual, cuya esencia es la constancia, la gratitud y el reconocimiento de los derechos de los demás. Haz todo lo posible para ser fiel a las promesas que has hecho a Dios y al maestro de la senda, ya que el valor del hombre reside en su fidelidad. Los que no permanecen fieles a sus promesas y aquellos en los que no se puede confiar, no tienen cabida en la senda del amor y la pureza.

Dr. Javad Nurbakhsh, SUFÍ nº 26, otoño e invierno 2013, p. 2.

viernes, 27 de septiembre de 2013

'Des-nuevaerizarse'


'Des-nuevaerizarse'

Halil Bárcena


La 'nueva era', también llamada 'nueva conciencia' (new age en su formulación original), es un producto estrictamente occidental de poco valor espiritual (salvo las honrosas excepciones de siempre), pero muy interesante como síntoma de los tiempos tan atribulados que corren. Uno de los rasgos más característicos de la 'nueva era' es el culto a la salud y la vida (supuestamente) natural, de ahí que todo se juzgue por su valor curativo, tanto a nivel corporal como emocional. Así, uno de los dramas al que nos aboca la 'nueva era' es que lo que en oriente son grandes tradiciones de sabiduría, como el sufismo islámico por ejemplo, entran en Occidente a través de lo terapéutico. Para que algo posea valor ha de acompañarse de la coletilla 'terapia' (arteterapia, musicoterapia, danzaterapia, etc.). Lo importante es que algo cure, no que nos haga abrir los ojos y menos aún el 'ojo del corazón', órgano de la percepción espiritual, según los sufíes. La 'nueva era' se caracteriza también por el desprecio de la teoría frente a la práctica. Lo importante es siempre practicar; practicar y sentir; practicar y fluir. Por supuesto, el desprecio por el conocimiento tradicional, por las doctrinas tradicionales, es insultante. Y practicar suele reducirse a mover el cuerpo, valga la expresión, es decir, a hacer técnicas. De ahí que se pase de las prácticas budistas (sin budismo), al yoga (sin hinduismo) o el sufismo (sin islam) sin el mayor problema. Al fin y al cabo, todo es lo mismo, todos los 'místicos' dicen lo mismo, algo muy oído en ambientes 'nueva era'. Dado el hipersentimentalismo que anida en el fondo de la 'nueva era' (ya lo hemos dicho, lo importante es sentir), los cuerpos y actitudes corporales que genera son siempre blandos, carentes de tono vital. Pues bien, con dichos cuerpos sentimentalizados es imposible acercarse al samâ' mevleví y mucho menos comprenderlo. El giro derviche precisa 'desnuevaerizar' cuerpo, mente, corazón e inteligencia, cosa que en algunos casos resulta una tarea imposible. Afirma Mawlânâ Rûmî (m. 1273): "Cuando el cuerpo se quiebra, brilla el espíritu". Y es que en el límite, más allá del esfuerzo convencional, brota una fuerza interior indescriptible. He ahí el secreto de la disciplina derviche, he ahí el misterio del samâ'. Por cierto, la palabra 'disciplina' está ausente del lenguaje de la 'nueva era'.                

viernes, 20 de septiembre de 2013

Sufismo en Madrid

Sufismo hoy


Dentro de las jornadas "La espiritualidad en la vida cotidiana", celebradas en Madrid, el pasado mes de julio, y organizadas por la Fundación Caminos de Sabiduría Oriente-Occidente, impulsada por el maestro zen Willigis Jäger, tuvo lugar la participación de Halil Bárcena, director del Institut d'Estudis Sufís de Barcelona, con la ponencia titulada "Del más allá al más aquí. Una visión sufí de la práctica espritual". Al mismo tiempo, el grupo 'Ushâq de música sufí, formado en esta ocasión por el propio Halil Bárcena (ney, voz y samâ' mevleví) y Leili Castella (rebâb y voz), ofreció un concierto de música sufí turca que incluyó secuencias de samâ' o danza derviche del giro. Desde este blog sufí agradecemos la colaboración de los amigos Celso Navarro y Julia Reyna, impulsores del evento. 

Para ver tanto la conferencia como el concierto, pinchad aquí:

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Equívocos sobre el sufismo

Equívocos sobre el sufismo

Annemarie Schimmel


'Sufí' escribió una estudiante estadounidense en el recuadro 'religión' de un cuestionario que, con fines estadísticos, debía ser completado por los asistentes a un seminario sobre fenomenología de las religiones. "¿Sufí?" -le pregunté-. ¿Qué significa ser sufí?". "Nos dedicamos a bailar danzas sufíes y leer poemas de Rûmî!". "¿Acaso habla persa?". "No, ¿para qué? ¡SI Rûmî está traducido al inglés!".

Es cierto que la traducción filológicamente exacta del gran poema didáctico de Yalâl al-Dîn al-Rûmî, el Masnaví, transmite su contenido en forma correcta e inobjetable. Sin embargo, apenas permite adivinar la hermosura de su poesía. Por otra parte, las interpretaciones muy libres basadas sobre traducciones inglesas en prosa muchas veces tuercen el sentido, pasando por alto los maravillosos juegos de palabras y de ideas. Suspiré. "¿También estudian el Corán?" le pregunté a la muchacha sufí. Me miró perpleja: "¿Por qué? ¡Nosotros somos sufíes, no -¿cómo se dice?- mahometanos...!". Disentí con la cabeza. "¡Pero si un sufí es un místico musulmán!" exclamé. "No, nosotros amamos todas las religiones. ¡Lo único importante es el amor...!" manifestó exultante. Hice un último intento: "¿Qué sabe del profeta Muhammad?". Tal como yo temía, la chica no sabía nada acerca de él, siendo que para todo genuino sufí Muhammad es el referente de su cadena de iniciación, el primer sufí verdadero. Tuve que darme por vencida, pues.

¿Pero qué cabe esperar, si un escritor muy leído sostiene audazmente que Goethe, san Francisco, Napoleón y muchos otros han sido sufíes?* ¿Cómo se puede pretender entonces que el público en general tenga un conocimiento más acabado de la historia y la esencia del sufismo? De hecho las preguntas sobre qué es en verdad el sufismo y qué caracteriza a un sufí son difíciles de contestar de forma correcta y universalmente válida.

(Annemarie Schimmel, Introducción al sufismo, Kairós, Barcelona, 2007, pp. 7-8).

* La autora, reconocida islamóloga germana, se refiere a Idries Shah, quien, junto a su hermano Omar 'Alî Shah, propagó dichas ideas en Occidente (Nota de la redacción). 

Maragall i les muntanyes

Les muntanyes

Joan Maragall


"A l'hora que el son se pon,
bevent al raig de la font,
he assaborit els secrets
de la terra misteriosa"

martes, 17 de septiembre de 2013

Danza sagrada

Danza sagrada

Maurice Béjart



"Se entra en una sala de danza como se entra en un templo, en una mezquita, en una iglesia, en una sinagoga, para encontrarse, relacionarse, unificarse".

Maurice Béjart, Cartas a un joven bailarín, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2005, p. 28

Y aquí el ballet de Maurice Béjart, con música de Kudsi Ergüner, inspirándose en Mawlânâ Rûmî:

lunes, 12 de agosto de 2013

Qué hacer

Saber qué hacer

Halil Bárcena


El derviche no sabe adónde va, pero sabe lo que hace.

jueves, 25 de julio de 2013

El ayuno, según Ibn 'Arabî


Acerca del ayuno del mes de Ramadân

Ibn 'Arabî


El ayuno no es un acto, sino el abandono de un acto (tark). La negación de todo parecido con cualquier otra cosa en sí misma, un atributo negativo, lo que refuerza la analogía entre el ayuno y Al·lâh. El Altísimo ha dicho de Sí Mismo: “Nada se le parece” (Corân XLII, 11). Ha negado así la posibilidad de que exista algo que se Le parezca o con lo que pueda comparárseLe. Nasâ´î transmite el siguiente relato de Abû Umâma: “Me acerqué al Enviado de Al·lâh –que Al·lâh derrame sobre él su Gracia Unitiva y su Paz-, y le dije: 'Dame una orden que reciba directamente de ti´. Me respondió: `Ayuna, porque el ayuno no tiene nada que se le parezca´”. De esa forma negó que el ayuno pudiera ser comparado con cualquier obra de las que Al·lâh ha prescrito a Sus servidores.
Aquel que sabe que el ayuno es un atributo negativo –puesto que consiste precisamente en abstenerse de las cosas que podrían romperlo- sabe con certeza que no existe nada similar o con lo que se le pueda comparar. En efecto, el ayuno no tiene una esencia propia que sea susceptible de revestir una cualificación de realidad (wuyûd) inteligible para nosotros. Por esa razón, Al·lâh el Altísimo ha dicho también: “El ayuno Me pertenece”. No se trata, en realidad, ni de una obra de adoración ni de un acto ('amal). El uso de la expresión “acto” comporta una cierta impropiedad; lo mismo sucede con el término “existente” (mawyûd) aplicado a Al·lâh, tal y como la inteligencia humana comprende dicho término. En efecto, su realidad sostiene su Esencia (dhâtuhu) y no puede serle atribuido de la misma manera que a nosotros.
(Ibn 'Arabî, Textos sobre el ayuno, Mandala, Madrid, 2005)

miércoles, 24 de julio de 2013

Neoespiritualismo occidental

Neoespiritualismo occidental

Agustín López Tobajas


Cualquiera de las grandes tradiciones espirituales de Oriente es un hecho integral, unitario, del que no es posible la separación de un elemento parcial sin la pérdida fatal de su sentido. Pero la fragmentada y fragmentadora mente del racionalista occidental no es capaz de concebir una realidad que no sea susceptible de ser desmontada en piezas, como si de un mecanismo se tratase. Así, tomando elementos dispersos de aquí y allá, se fabrica un yoga que ignora el hinduismo, un zen que no tiene nada que ver con el budismo o un sufismo escindido radicalmente del islam. En suma, unas doctrinas empobrecidas y tergiversadas, privadas de raíces y de savia cuya anemia teórica no es disimulada, sino subrayada, por un amasijo metodológico donde se confunde el yoga con la gimnasia, el sufismo con la danza, el taoísmo con las artes marciales, el tantra con el incremento del placer sexual, y se mide el karma en términos de contabilidad bancaria y rentabilidad económica (...).

En definitiva, estamos ahí ante un experiencialismo primario e infantil, cuyos adeptos, orgullosos, al parecer, de su indigencia intelectual, huyen, como si del demonio en persona se tratase, de cualquier esfuerzo serio de reflexión. Como la más definitiva de las descalificaciones, se tilda despectivamente de 'mental' todo recurso al pensamiento que vaya un centímetro más allá de lo inmediato, como si la mente no formara parte de la vida y la inteligencia no tuviese relación con el Espíritu. En la Babel generada por ese batiburrillo de buenas intenciones, confesados intereses económicos, caos mental y fuerzas psico-físicas de procedencias variadas y dudosas, los adeptos de la new-age, con dificultades para entender que una cosa es transcender la mente y otra permanecer por debajo de sus posibilidades más elementales, imaginan haber superado cosas de las que en realidad no han entendido una sola palabra. Pero qué más da... Lo que importa es fluir.

(Agustín López Tobajas, Manifiesto contra el progreso, J. J. de Olañeta, Palma de Mallorca,  2005, pp. 80-82).

Símbolos, según Seyyed Hossein Nasr

Símbolos 

Seyyed Hossein Nasr


Otro elemento de permanencia en la relación del hombre con el universo es la manifestación de lo Absoluto en lo relativo bajo la forma de símbolos (rumûz) en el sentido tradicional de la palabra. El símbolo no está basado en reglas convencionales hechas por el hombre. Es un aspecto de la realidad ontológica de las cosas y como tal es independiente de la percepción que el hombre tiene de él. El símbolo es la revelación de un orden superior de realidad en otro inferior a través del cual el hombre puede ser reconducido al reino superior. Comprender los símbolos es aceptar la estructura jerárquica del universo y los estados múltiples del ser. 

Durante ciertas fases del proceso histórico, símbolos a los que una religión revelada otorga (por la revelación misma) significación y poder especiales, pueden perder gradualmente su eficacia, ya sea parcialmente o por completo, como resultado del debilitamiento de la base espiritual de dicha religión, como puede observarse en el caso de los 'desmitificadores' de nuestros días. Pero los símbolos que existen en la naturaleza son permanentes e inmutables. Lo que el cielo significa simbólicamente, como por ejemplo la dimensión de transcendencia y el Trono Divino (al-'arsh), para usar la imagen islámica, es tan permanente como el propio cielo. Mientras el sol brille simbolizará el Intelecto universal; de forma parecida, el árbol con sus ramas extendidas seguirá siendo un símbolo de los múltiples estados del ser mientras los árboles crezcan sobre la faz de la tierra.

(Seyyed Hossein Nasr, Sufismo vivo, Herder, Barcelona, 1984, p. 110-111).    

lunes, 22 de julio de 2013

Acerca de la 'jânaqa' derviche

Acerca de la jânaqa derviche

Halil Bárcena


La jânaqa o taberna derviche es un lugar seguro, una suerte de oasis, donde realizar algo (la tarea sufí) sumamente arriesgado. 

Fanâ' y baqâ'

Fanâ' y baqâ':

lo que queda y lo que no 


Halil Bárcena





Lo que nunca fue se apaga (fanâ') y subsiste (baqâ') lo que nunca ha dejado de ser. He ahí la primera piedra sobre la que se sostiene la espiritualidad sufí. Otra forma de decir el tawhîd o principio de la unidad y unicidad divinas, esto es, que sólo Él es existente y que nada ni nadie está 'al lado' de Él ni fuera de Él.    

viernes, 19 de julio de 2013

Acerca del simbolismo

Simbolismo

Martin Lings




Se sabe que la respuesta a la pregunta “¿Qué es el simbolismo?”, si se entiende en profundidad, ha cambiado por completo la vida del hombre, y podría decirse sin duda que casi todos los problemas del mundo derivan de la ignorancia de esa respuesta. Ahora bien, si nos volvemos al pasado, no hay doctrina tradicional que no enseñe que este mundo es el mundo de los símbolos, por cuanto no contiene nada que no sea un símbolo. Un hombre, pues, debería al menos comprender lo que esto significa, no sólo por tener que vivir en el aquí y ahora, sino también y sobre todo porque sin tal comprensión no sería capaz de comprenderse él mismo, que es el símbolo supremo y central del estado terreno.

No es necesario decir que este librito (1) no pretende ser exhaustivo. Su intención es permitirle al lector detenerse en ciertos aspectos básicos del simbolismo en relación con la Divinidad, la jerarquía del universo, la función del hombre, sus facultades y cualidades, las condiciones a las que está sujeto, los objetos naturales que lo rodean, sus obras de arte y sus fines últimos, todo ello con referencia a las grandes religiones vivas del mundo, y en particular al cristianismo y el islam.

El primer capítulo servirá como introducción. Apenas si le antepondremos la siguiente afirmación, que alguna vez pudo ser ociosa pero que ahora, por decir lo menos, no necesita ninguna justificación: el simbolismo es lo más importante de la existencia, y es a la vez la única explicación de la existencia.

Notas:
1. Cfr. Martin Lings, Símbolo y arquetipo. Estudio del significado de la existencia, J. J. de Olañeta editor, Palma de Malllorca, 2006, p. 7.

Istilâhât (Léxico sufí): 'Derviche'

Acerca de la palabra 'derviche'

Henry Corbin


Así, por una parte, el ángel Sraosha vela sobre el mundo adormecido; es el ángel tutelar y la cima de una sodalidad de migradores que 'velan' sobre el mundo y por el mundo; son calificados por un término que da cuenta de su pobreza sacral, el término avéstico drigu (pehlevi drigôsh, pazend daryôsh), que tiene por equivalente en persa moderno la forma darwîsh, 'derviche' nombre por el que todavía se designa en la actualidad a los sufíes de Irán: los pobres de espíritu.

(Henry Corbin, El hombre de luz en el sufismo iranio, Siruela, Madrid, 2000, p. 72).

jueves, 18 de julio de 2013

Dîwân de Hal·lâj (52)

Dîwân de Hal·lâj (m. 922)


52
1. Has habitat el meu cor; hi tens secrets.
¡Que se n’alegri la llar i, més, el qui l’habita!

2. No té a dins, que jo sàpiga, més secrets que tu;
guaita, si no, amb els teus ulls: ¿que hi ha cap intrús a
la llar?

3. I en la nit de l’allunyament, tant si és llarga com si és curta,
m’acompanyen l’esperança i la presència viva del teu
record.

4. Em complac en la ruïna, si és aquest el teu desig,
matador estimat, ¡car el que tu triïs és el que trio jo!

(Traducció de l'àrab al català i cal·ligrafia àrab, a càrrec de Halil Bárcena)
http://www.fragmenta.cat/ca/cataleg/sagrats/4214

Kilian Jornet, camino del Everest

Camino del Everest



"La gente quiere ir al Everest, pero no quiere seguir el camino para hacer el Everest, que supone muchos años de alpinismo, de buena preparación…" (Kilian Jornet).

[Entrevista al corredor catalán Kilian Jornet, uno de los referentes mundiales de las carreras de montaña, que prepara su nuevo reto: ascender y descender el Everest de un tirón].


Lecturas recomendadas

  • Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
  • Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
  • Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
  • Shams de Tabriz, La quête du Joyau. Paroles inouïes de Shams, maître de Jalâl al-din Rûmi. Trad. Charles-Henry de Fouchécour (CERF, 2017).
  • Tom Cheetham, El mundo como icono. Henry Corbin ya la función angélica de los seres, (Atalanta, 2018).

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī

¡... del movimiento a la quietud!

... de la palabra al silencio !!!

"Queda mucho por decir,
pero será Él quien te lo diga
para que lo entiendas, no yo"

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)