Halil Bárcena, "Perlas sufíes. Saber y sabor de Mawlânâ Rûmî" (Herder, 2015).

«Es verdad que jamás un amante busca a su amado sin haber sido buscado antes por éste» (Mawlânâ Rûmî, Maznawî III, 4393. Traducción: Halil Bárcena).

¡... Eyval·lah ...!

AVISO PARA NAVEGANTES

Amigas y amigos, salâms:

Bienvenidos al blog del "Institut d'Estudis Sufís" de Barcelona (Catalunya - España), un centro catalán e independiente, dedicado al estudio de la obra del sabio sufí Mawlânâ Rûmî (1207-1273) y el cultivo del sufismo mevleví por él inspirado, en nuestro ámbito cultural.

Aquí hallarán información puntual acerca de las actividades públicas (¡... las privadas son privadas!) que periódicamente realiza nuestro instituto. Dichas actividades públicas están abiertas a todo el mundo, ya que nadie ha encendido una luz para ocultarla bajo la cama, pero se reserva siempre el derecho de admisión, porque las perlas no están hechas para los cerdos.

Así mismo, hallarán en el blog diferentes textos y propuestas relacionados con el islam, el sufismo y la sabiduría tradicional. Es importante saber que nuestra propuesta sufí está enraizada en la sabiduría coránica y la
sunna muhammadiana, porque el sufismo es el corazón del islam, pero el islam es el corazón del sufismo.

El blog está pensado como una herramienta de trabajo para todos aquéllos que tienen un sincero interés por Mawlânâ Rûmî, en particular, y la senda del sufismo islámico, en general. Por ello, sus contenidos se renuevan puntualmente. Si se suscriben al blog podrán recibir información puntual sobre todas las novedades que se produzcan.

Para cualquier tipo de consulta o información, no duden en ponerse en contacto con nosotros, a través de nuestra dirección de correo electrónico: sufismo786@yahoo.es

También nos pueden encontrar aquí:

www.facebook.com/Institut.d.Estudis.Sufis

www.facebook.com/halil.barcena

Reciban un cordial saludo, sean quienes sean y lo que sean, estén donde estén, y muchas gracias por su visita. Huuu...!

Halil Bárcena

Director de l'IES

Yâ man Hû...!

Yâ man Hû...!

CONTACTO

Si está interesado en los contenidos del presente 'blog',
póngase en contacto con el 'Institut d'Estudis Sufís' aquí:

Entrada destacada

IES / ACTIVIDADES (Septiembre-Diciembre 2025/1447)

  INSTITUT D'ESTUDIS SUFÍS (BARCELONA) / ACTIVIDADES (Septiembre-Diciembre 2025/1447) Información e inscripciones: sufismo786@yahoo.es


lunes, 15 de junio de 2009

Cuentos: Ver, no buscar


El pez grande y el pez pequeño




Un pez pequeño le pregunta a un pez más grande:
- ¿Dónde está el océano?, porque aquí no hay más que agua.
Respondió el pez grande, un tanto contrariado por tan extraña pregunta:
- ¿El océano? ¡... pues esto es el océano!
El pez pequeño lo miró con discplicencia... y marchó a seguir buscando.

En el camino no hay que buscar; lo que hay es que ver.

Halil Bárcena


viernes, 12 de junio de 2009

Ni lo bello ni lo feo


"Tanto da que lo que te aparte de Él
sea una forma bella o fea.
Tanto da que lo que te aleje de Él
sea la religión o la incredulidad"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)





Comentario:

Gracias a los sabios sufíes, entre otros, hoy, por fin, sabemos que espiritualidad y religiosidad no son sinónimas. Hoy, sabemos también que religiosidad y cualidad humana profunda tampoco significan ni implican lo mismo. Hay muchos hombres de religión (hombres y mujeres, se sobreentiende) cuya cualidad humana es escasa, por no decir nula. El dios de los religiosos no existe, no es eso Dios, por lo tanto resulta tan absurtdo sostenerlo como rechazarlo vehementemente. No es esa, pues, la batalla del derviche. Una u otra actitud apartan de lo real. Lo realmente real, lo único que en verdad es, el Amigo del que hablan los derviches, no cabe ni en formas ni en formulaciones, ya sean éstas bellas u horripilantes. Lo bello, que no es más que lo que subjetivamente nos satisface o agrada, también nos aleja del camino de la comprensión de la naturaleza real de las cosas, algo que a menudo se olvida. Cuando lo bello se confunde con lo que nos interesa, se convierte en un velo que oculta y ciega, que separa y confunde, pero eso poco tiene que ver con la Belleza con mayúsculas, que es el esplendor de la verdad. Y es que la rosa es el perfume, pero también las espinas. En resumen, se ha de romper la cáscara, dicen los derviches, para degustar el fruto. Halil Bárcena

Del ritmo y la geometría


Arte islámico:

del ritmo y la geometría


Halil Bárcena





Dos son los elementos, rigor geométrico y ritmo melodioso, que combinados pretenden mostrar plásticamente la que es la intuición espiritual fundamental expresada en el Corán, esto es, el tawhîd o unidad absoluta de la existencia, que afirma que "No hay más divinidad que Dios" (Lâ ilâha il.lâ Al.lâh), lo cual, expresado en términos no teístas y más laicos, quiere decir que no hay más realidad que la realidad realmente real. Sólo lo real es, y no mi interpretación de ello.

Ambos elementos, geometría y ritmo, los hallamos, por ejemplo, en la caligrafía, tal vez la más singular y original de las diversas manifestaciones artísticas islámicas; pero, también, en las distintas músicas cultas islámicas (persa, turca, árabe e, incluso, indopaquistaní), así como en la arquitectura, de la que nos ocupamos aquí, más concretamente. El entrelazado geométrico, rítmicamente combinado, constituye la forma predilecta de los artistas y artesanos musulmanes, al objeto de plasmar el tawhîd, la unidad subyacente que está bajo la variedad inagotable de lo existente. En sus manos, el rigor geométrico y el ritmo melodioso persiguen expresar la armonía del mundo, que no es sino otra forma de referirse a la unidad de la multiplicidad (al-wahda f al-kazra), equivalente a la multiplicidad en la unidad (al-kazra fi al-wahda).

lunes, 8 de junio de 2009

Olvidar y... recordar


"Si alguna vez has gustado el azúcar, aunque te fuera ofrecida en cien diferentes tipos de
halva [dulce oriental], reconocerás su sabor. Aquél aue mordió una vez la caña de azúcar, si luego no reconoce su gusto, ¡sin duda tiene dos cuernos!".


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)



Comentario:
Afirman los derviches que el hombre es, por naturaleza, un ser fundamentalmente olvidadizo. Lo olvidamos todo, incluso qué somos. De ahí que, según ellos, la tarea fundamental en el camino interior sufí, la única que en verdad cuenta, sea el recuerdo o dhikr. Pronto, los derviches dieron en llamarse ahl ad-dhikr, o lo que es lo mismo, "los del recuerdo". Y es que lo que primero caracteriza a quienes hollan la senda sufí es su capacidad de recordar o, dicho de otro modo, de no olvidar. Recordar, que quiere decir traer algo, nuevamente, al corazón, el cordis latino; actualizarlo, hacerlo presente una y otra vez. No obstante, el recuerdo no es, para el derviche, un mero ejercicio de la memoria. Recordar es rememorar, sí, pero también, y sobre todo, reconocer. Pero, ¿recordar o reconocer qué? o ¿no olvidar qué? Pues, lo que siempre se ha sido y se es, pero se ha olvidado, fruto de la ignorancia y el deslumbramiento que produce en nosotros el brillo efímero de lo cotidiano. Recordar lo que verdaderamente se es; reconocer lo único que realmente es. Así pues, somos seres olvidadizos, pero, afortunadamente, nada se pierde en la consciencia humana. Y ese es el gran aliado interior que todos, sin excepción, llevamos dentro. Quien probó una vez la dulzura del amor, lo reconocerá de nuevo, a no ser que, ¡ay!, más que un hombre se sea un buey... ¡o un asno!, que entonces, sí, será demasiado tarde, pero para todo. Halil Bárcena

domingo, 31 de mayo de 2009

Del Corán y sus intuiciones espirituales


Del Corán

y sus intuiciones espirituales


Inara Asensio*





El mundo entero y todo cuanto de él percibimos es una llamada, un signo. Nada escapa a esta condición de signo. Todo cuanto percibes, absolutamente todo, incluido tú mismo es susceptible de mostrar lo Real, de ser una evidencia de lo que Es; efectivamente, como si el universo entero fuera un libro pidiendo ser leído y comprendido. Pero para comprender ese libro es necesario conocer las claves que nos permitan entender el significado de los signos y su mensaje. Y tanto el mensaje como las claves para comprenderlo están en el tawhîd, sintetizado en la fórmula: “No hay más divinidad que Dios”. Ese es el mensaje primero y fundamental del Corán y, por extensión, del islam; sí, y, al mismo tiempo, es la clave o la herramienta que nos puede abrir la vía para comprender.

Etimológicamente tawhîd implica una acción y concretamente la “acción de hacer que sea uno”. “No hay más divinidad que Dios" implica situarse en un constante proceso de desmitificación sin excepción alguna. Desmitificación de verdades apriorísticas, de personas, de deseos, de posesiones, de logros personales, de actitudes, de aspiraciones, etc.; es decir, de todo aquello que el hombre convierte en intocable porque deposita en ello su confianza; de todo lo que fabrica a su medida siguiendo el dictado de sus necesidades y también de sus miedos. El hombre tiene tendencia a ponerse “a resguardo” ante la inmensidad de la dimensión inabarcable de la existencia y, por lo tanto, tiende a quedarse detrás de la barrera, en lugares donde se siente seguro. Tanto la necesidad como el miedo impulsan al hombre a fabricar mundos a su medida, mundos que multiplica sin cesar y que va superponiendo como capas sobre sí mismo. El resultado es siempre una visión cerrada y definitiva de la vida, que embota sus sentidos y limita su capacidad de comprensión.

La dirección a la que apunta el tawhîd es la contraria: no fabriques, quítate de encima todos esos añadidos, todas esas “prótesis”, y mira, escucha lo que aquí mismo hay, porque es en ti mismo, en tus adentros, en tu naturaleza primigenia o fitra donde tienes todo lo necesario para comprender. Y comprender siempre es recordar; recordar lo Uno y Único, lo que Es, pero hemos olvidado, enterrado bajo la montaña de nuestras construcciones. No hay rechazo ni del mundo ni de la naturaleza humana, no puede haberlo, puesto que todo cuanto existe es un signo y al mismo tiempo es Eso mismo a lo que apunta, puesto que solo Uno existe. Lo que sí se rechaza radicalmente es el kufr, es decir, esa manera de estar en el mundo, que lejos de prestar atención a los signos los ignora, los esconde, los oculta y acaba provocando el olvido; el olvido de no sólo aquello a lo que apuntan, sino de aquello mismo que manifiestan, que no es otro sino el Único.


* Inara Asensio es abogada. Coordinadora del Instituto de Estudios Sufíes y profesora de islam del CETR (Centro de Estudio de las Tradiciones de Sabiduría)

Simbolismo de la mezquita


Notas sobre el simbolismo
de la mezquita

Halil Bárcena





Gracias a la simbología y a la geometría sagrada, la mezquita (masyid en árabe, esto es, lugar de postración y admiración) resume y nos recuerda al cosmos entero con sus ritmos y armonías. La mezquita es música hecha piedra. En cierta forma, la mezquita no es sino una reproducción de la mezquita primordial que es la naturaleza virgen. Arte, ciencia, conocimiento... sabiamente integrados. De hecho, la mezquita es una réplica humana del cosmos, de la misma manera que la ciudad lo es del universo y el jardín del paraíso. Por eso, cuando uno se sienta en una mezquita -y lo mismo podríamos afirmar de una catedral gótica- se siente en el centro del mundo, enmedio del latir de la vida. Dice un hadîz o aforismo sapiencial atribuido al profeta Muhammad: "Un espiritual en la mezquita es como el sol reflejándose en el agua".

miércoles, 27 de mayo de 2009

Poetas: Allamah Muhammad Iqbal


1
Tú has creado la noche, yo he forjado la lámpara.
Tú has creado el fango, yo he modelado la copa.
Tú has creado el bosque, la montaña y el desierto,
yo he cultivado la alameda, el jardín y el huerto".



2
La melodía volandera puede regresar o no,
la brisa puede soplar de nuevo desde el Hiyâz o no,
los días del faqîr se extinguen,
otro adivino volverá o no.

3
Contémplate a la luz de Dios.
Si permaneces inconmovible frente a esta luz,
considérate tan vivo y tan eterno como Él.
Sólo es real el hombre que se atreve...
que se atreve a ver a Dios cara a cara.
¿Qué significa "Ascensión"?
Únicamente buscar un testigo
que por fin confirme tu realidad;
un testigo cuya sola información te convierta en eterno.
Nadie puede permanecer inconmovible en Su presencia.
Verdaderamente es de oro puro
quien puede permanecer inconmovible.
¿Eres sólo una partícula de polvo?
aprieta el nudo de tu ego
y agárrate fuerte a tu minúsculo ser.
¡Cuán glorioso es bruñir el propio ego
y poner a prueba su brillo en presencia del Sol!
Vuelve a cincelar tu vieja forma
y crea un nuevo ser.
Este ser es un ser real;
si no tu egono es más que humo"


Allamah Muhammad Iqbal (Sialkot, India, 1876-Lahore, actual Pakistán, 1938). Poeta nacional de Pakistán, país cuyo nacimiento no alcanzó a ver, jurista, filósofo y poeta en inglés, urdú y persa, Iqbal ha traspasado con creces el ámbito del subcontinente indio, para convertirse en uno de los referentes del islam contemporáneo. Su obra filosófica más destacada es La reconstrucción del pensamiento religioso en el islam. Por lo que hace a su obra poética, impregnada de valores místicos de aliento sufí, destaca el poemario Los secretos del yo (Asrâr-e Judi). Crítico contumaz del sufismo popular indio y de los excesos de lo que dio en llamar pirismo (los abusos de los pîrs o maestros sufíes), Iqbal hizo de Mawlânâ Rûmî su guía interior y el referente de su pensamiento espiritual.

lunes, 25 de mayo de 2009

De las perlas


"No busques perlas en un cubo de agua.
Has de sumirte en el profundo océano
para encontrarlas"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)





Comentario:
Las perlas habitan en los fondos del océano, como la sabiduría en los textos de los grandes maestros del camino interior. No pierdas el tiempo, pues, removiendo las aguas insalubres de esos cubos de plástico y colores artificiales que se te ofrecen en cada esquina, ya que en ellos hay menos que nada. Y no te engañes pensando que se comienza por dichos cubos de agua para saltar después al océano, porque eso es una falacia. El agua estancada de los cubos anulará tu capacidad de distinguir entre lo que es y lo que no es, entre las perlas y las baratijas. No pienses que todo vale o que todo ayuda o que todo sirve. En el camino interior, sólo aprovecha la luz. Por consiguiente, que sepas que todo aquello que no ilumine, ensombrece. Así pues, no pierdas el tiempo en naderías, ya que... ¡no tienes toda la vida por delante! No malgastes esfuerzos inútilmente y sumérgete ya, de cabeza y sin condiciones, en el océano de los grandes maestros del espíritu, pues sólo allí habitan las perlas, perlas de sabiduría. Cuando lo hagas, verás si no, te sonrojarás de los cubos de agua. ¿Acaso ilumina igual el sol que una cerilla? Halil Bárcena

jueves, 21 de mayo de 2009

Corán, intuiciones espirituales


Corán, intuiciones espirituales


Halil Bárcena



El Corán todo él gira en torno al tawhîd o principio de la unicidad absoluta de la existencia, que aparece condensado en la fórmula “Lâ ilâha il·lâ Al·lâh”, “No hay más divinidad que Dios”, e incluso “Lâ ilâha il·lâ Hû”, “No hay más divinidad que Él”. Ese es el núcleo de la cosmovisión islámica, del que se desprende una concepción holística de la existencia como un todo integrado.

Sin embargo, resiguiendo los pasos dados por Muhammad, hasta donde nos lo permiten los datos que de él disponemos y lo que alcanzamos a intuir de lo que fue su experiencia espiritual, podemos afirmar que el Profeta no arranca del tawhîd, sino que llega a él, algo que aparece explicitado en los pasajes coránicos más significativos referidos a los signos, como veremos más adelante.

Por consiguiente, del tawhîd no se parte, sino que al tawhîd se llega. Ello quiere decir que el tawhîd no es una ideología previa, no puede serlo, ni una creencia, ni tampoco un dogma, sino una forma de ver el mundo (y, por ende, de comprenderlo) y de estar en él. Hoy, para nosotros, el tawhîd posee un doble alcance: es, por un lado, la cristalización de la intuición espiritual fundamental a la que llega Muhammad, y, al mismo tiempo, la puerta de acceso que se nos invita a franquear, a fin de que actualicemos por nosotros mismos dicha intuición muhammadiana.

Gramaticalmente, la palabra tawhîd no es un sustantivo, sino un masdar o nombre de acción, peculiar categoría gramatical de la lengua árabe que remite siempre a la actuación y el movimiento, lo cual implica que el tawhîd no sea una conceptualización cerrada, sino una acción abierta que jamás concluye, como el mundo que, afirma el Corán, no es estático, sino que se está creando y recreando a cada instante. Cuando Muhammad proclama el tawhîd, así pues, no está diciendo en qué cree, sino cómo ve, vive y experimenta el mundo, puesto que el tawhîd tiene que ver, justamente, con el funcionamiento de las cosas.

A pesar del lenguaje teísta en el que está expresado el tawhîd, su sentido profundo es que nada es real, verdadero y operativo salvo lo Real (esto es, Al·lâh, Hû/Él, “El que es”, que de esas formas lo ha dicho la tradición islámica). No existe más realidad que la realidad realmente real. Todo es relativo, excepto lo absoluto. Sólo hay una Realidad, lo que significa que sólo la Realidad es y que toda realidad no es sino en virtud de su participación en la Realidad. A fin de cuentas, el tawhîd no es sino la manera islámica de decir la intuición universal de la unidad, que toda tradición religiosa y de sabiduría expresa de un modo más o menos explícito según sus propias categorías lingüísticas.

El tawhîd no suma nada a la realidad, no se trata, pues, de una interpretación superpuesta al mundo, sino que, justamente, es la operación de radical despojamiento de todo añadido o asociado (shirk) a lo único que es. El tawhîd es desnudamiento de la mirada, hasta ver la realidad tal cual es. Dice un aforismo sapiencial o hadîz, atribuido a Muhamamd: “¡Señor, hazme ver las cosas tal como son!”.



La revelación de Muhammad, su experiencia espiritual de lo que él llama Al·lâh, tiene que ver con la comprensión profunda del funcionamiento intrínseco de la realidad, con eso que gobierna las cosas desde su interior y las hace ser lo que son y no otra cosa. El islam de Muhammad (de hecho a lo único que podemos llamar realmente islam, pues lo que viene después no es sino un constructo sobre dicha experiencia primordial muhammadiana), no es algo aparte de la vida, sino la vida misma en su máxima plenitud. El islam de Muhammad es vivir naturalmente lo que hay.

Y lo que hay es más que lo aparentemente observable. Eso es lo que intuye Muhammad desde un principio y esa es la rendija a través de la que se cuela y sale de sí mismo. Lo que hay es la trama de la vida. El mundo es un texto (que etimológicamente quiere decir tejido) de teofanías, o si se quiere, de signos teofánicos. Este mundo es, en consecuencia, el mundo de los signos, por cuanto no contiene nada que no sea un signo, que es otra forma de decir que en todo late vida, que nada es inerte. Y es, justamente, el conocimiento de los signos lo que permite presentir la dimensión absoluta de la realidad e intuir la unidad de todo cuanto es. Obsérvese, al respecto, que en árabe ‘âlam, mundo, ‘alâma, signo e ‘ilm, conocimiento, comparten la misma raíz gramatical. Por consiguiente, el tawhîd no es un dogma misterioso, sino algo, en principio, accesible a la comprensión humana. En definitiva, lo que el Corán preconiza es un saber de los signos y no un saber de las esencias.

La existencia es el escenario donde se expresa y multiplica la vida en múltiples e infinitos matices. Todo es expresión de lo que el Corán denomina la rahma o fuerza creadora y misericordiosa de Al·lâh, que es la materia prima, o si se quiere, la estructura interior que constituye un universo en el que todo cuanto existe, incluido el ser humano, es signo de la vida expresándose a sí misma a través de todo.


Llegado a este punto, el reto que plantea Muhammad es el siguiente: cómo estar en el mundo, que se resume en los dos aforismos o ahâdîz siguientes. Dice el primero: “El mundo es maldito”; y el segundo: “El mundo todo él es una mezquita”. La contradicción, obsérvese, es sólo aparente. El mundo es maldito, y fuente perpetua de sufrimiento, si te identificas con él; pero es una mezquita, esto es, un lugar de postración y constante admiración (hayrat), si eres capaz de entrever que todo en él es signo de una realidad única que las formas no agotan. El mundo es maldito, tal como un infierno, para quien cree ser por sí mismo, mientras que es una mezquita para quien es consciente de que todo le pertenece a Él y que tenemos las cosas, también la vida, en depósito.

Vivir en el recuerdo, reconocimiento y presencia de la rahma o fuerza creadora de la vida que se expresa a través de los signos, comporta un obrar amoroso y solidario en el mundo a favor de la vida, la paz y la justicia, dado que el amor y la solidaridad derivan del sentido de la unidad subyacente de toda la existencia. Amar a una criatura, solidarizarse con ella, es reconocer su vínculo con lo real y con el todo y, llegado el caso, incluso, ayudarla a no perder dicho vínculo, que está en la base de su realidad. Para Muhammad, la perfección del conocimiento se verifica con la perfección de las obras. A fin de cuentas, el tawhîd es, ya lo hemos dicho, una acción.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Yo soy tú


"De día te alababa y nunca lo supe.
De noche contigo estaba y nunca lo supe.
Siempre pensé que era yo,
pero no: yo era tú. ¡Y nunca lo supe!"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)




Comentario:

Eres eso, aun sin saberlo, o por mucho que lo hayas olvidado. De hecho, siempre has sido eso y nada más que eso, aunque, es cierto, hubo un tiempo en que creíste ser otra cosa: creíste ser tú, cuando, en el fondo, no hay más que Él. ¡Y es que has vivido durante tanto tiempo en la desmemoria y el extrañamiento de lo que realmente eres! La invitación del derviche no admite duda: que regreses como el exiliado a tu sí mismo más profundo, pues esa es tu auténtica patria de origen, donde late tu naturaleza primordial o fitra, que no es sino la cualidad que te permite considerarte realmente humano. Nada has de buscar fuera que no esté inscrito ya en los pliegues más recónditos de ti mismo. A fin de cuentas, lo espiritual participa de la consciencia humana más profunda. Él reside en ti desde siempre, más cercano que tu propia vena yugular, como afirma el dictum coránico (Corán 50, 16). Por eso, el derviche, que actúa en vida como un exiliado, no persigue conocer lo desconocido, sino reconocer lo de siempre. El derviche no progresa, sino que regresa a lo que es, al que es, pues él es eso y, a diferencia del hombre común, lo sabe. Halil Bárcena

lunes, 11 de mayo de 2009

Volverse amor


"Ya has pensado en el amor lo suficiente.
Ahora, vuélvete amor, ¡vuélvete amor!"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)








Comentario:
El filósofo se pasa la vida dando vueltas y más vueltas alrededor de cuanto de sagrado hay en la vida. El predicador moralista, por su lado, nos pide ser buenos y que sometamos nuestro pensar y nuestro sentir a creencias que ya no producen el menor eco en el interior del ser humano. ¿Y qué hay del derviche? Su senda no es ni la de la especulación ni la de la fe ni la de la moral voluntariosa. El derviche penetra en lo sagrado, provisto de un arrojo irreductible no exento de la más implacable lucidez. El filósofo filosofa -¡en algunos casos, pobre, no alcanza sino a balbucear!-; pero filosofar no es saber. El filósofo filosofa y el predicador predica, pero sus verbos -florido el del primero, rancio el del segundo- dejan indiferentes. Unos y otros, filósofos y predicadores, hablan, pero sus palabras están gastadas y dicen poco, muy poco, casi nada, de la vida y sus signos maravillosos. Y es que la palabra "vino" no embriaga, del mismo modo que pensar en el agua no quita la sed. A vivir se aprende viviendo; y a amar, amando. El amor no te exige que creas en él, sino que te transformes en amor, que es el motor de la vida, y para ello un único requisito es necesario: que salgas fuera de ti mismo. Halil Bárcena

miércoles, 6 de mayo de 2009

Poetas: Jalil Yubrân


1
Tráeme el ney (flauta derviche de caña) y canta conmigo
que el cantar encierra en sí el secreto de la inmortalidad
y el rumor del ney perdura
aun después de que todo se haya extinguido.

Tráeme el ney y canta junto a mi.
Olvida cuanto dije,
pues las palabras no son más que estrellas fugaces.
Así, háblame de ti.
¿Acaso has escogido morar en el bosque como yo
y no en palacios suntuosos?
¿Has seguido el curso de los ríos
o trepado hasta la cima de las montañas?

¿Acaso te has bañado en perfumes naturales
y secado con la luz del sol?
¿Has paladeado el vino de la aurora en copas relucientes?
¿Has reposado al atardecer, como yo lo he hecho,
entre viñas repletas de racimos
cual lámparas de araña de fúlgido cristal?

¿Acaso has dormido alguna noche al raso,
cubierto tan sólo por el manto del firmamento,
despreocupado ante el futuro
e indiferente ante lo que pudo haber sido y no fue?

¿Has sentido alguna vez el silencio nocturno
abrazándote como un mar,
al tiempo que el seno de la noche
sembraba e tu lecho un corazón palpitante?

Tráeme el ney y acompáñame con tu canto.
Olvida ofensas y también halagos,
pues cuanto la gente dice
no son sino versos escritos sobre el agua.

¿Qué provecho podrías hallar tú
en cenáculos en los que todo es fatuo,
discutiendo entre quienes no desean sino oír banalidades,
o protestando a gritos entre la multitud?

Muere con celeridad aquél cuyo destino
es cavar en la oscuridad como los topos
o trepar telas de araña que pronto se descomponen.





2
La felicidad no es más que un falso mito
que perseguimos en balde.
Una vez obtenida, nos aburre y cansa.
Como el río que se dirige veloz hacia los campos
y una vez en ellos desciende enlodado hacia el mar,
así es la vida del hombre.

Uno sólo es feliz en la búsqueda constante.
Cuando lleganmos al final de nuestro camino
todo deja de interesarnos.
Por eso emprendemos el viaje de nuevo
en pos de otros horizontes.







3
Tráeme el ney y canta conmigo,
que no existe plegaria alguna que al cantar iguale,
y el rumor del ney perdura
aun después de que la vida se haya extinguido.



(Fragmentos del libro Al-Mawâkib -Las procesiones-, traducidos del árabe por Halil Bárcena)


Yubrân Jalil Yubrân (Bicharre, Líbano, 1883-Nueva York, Estados Unidos, 1931). Poeta y pintor libanés. De origen cristiano maronita, es una de las grandes voces de la literatura árabe contemporánea. Su obra, de un lirismo muy personal, exhala toda ella una espiritualidad libre que se nutrió de diversas tradicones, la sufí entre ellas. De adolescente, partió con su familia hacia Estados Unidos, donde viviría el resto de su vida, anhelando el retorno imposible a su amado Líbano natal. Es autor de El Profeta, una de las obras más bellas y evocadoras de la literatura contemporánea universal.

lunes, 4 de mayo de 2009

Dentro de ti


"¿Por qué vas de un lado para otro
buscando por todas partes,
si todo aquello que deseas está en ti?"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)






Comentario:
Nada hay más alejado del verdadero camino interior, nada aparta más de él, que la búsqueda compulsiva, aquí y allá, de experiencias mal llamadas espirituales o de otra índole, que exacerban el sentimentalismo, pero ofuscan la razón y el sentir profundo. La senda sufí tiene por fundamento la reunificación de la mirada, de tal suerte que todo cuanto existe deviene para el derviche signo que apunta a la dimensión absoluta de la realidad. De hecho, eso es, en cierto modo, el tawhîd, la cosmovisión unitaria del sufismo, según la cual sólo existe la realidad realmente real y no nuestras construcciones egoicas. Dicho en lenguaje mitológico, todo perece salvo el rostro de la divinidad. El derviche invita a caminar del takzîr, o dispersión del hacer que descentra, al tawhîd, que es centramiento e interiorización que silencia. Nada puede sustituir a la verdad. Nada tiene valor salvo lo real. Y todo ello late en nuestro interior, en el centro del corazón. Por consiguiente, ¿a qué buscar fuera? Halil Bárcena

miércoles, 22 de abril de 2009

Rosas y espinas


"Si quieres la luna,
no te escondas de la noche.
Si quieres una rosa,
no huyas de las espinas.
Si quieres amor,
no te escondas de ti mismo"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)








Comentario:

Hay quien sólo presta atención a lo que quiere oír; quien únicamente ve lo que desea ver. Hay quien afirma querer participar en el combate interior del sufí o jihâd, pero en cambio rehuye timorato las heridas y sus consecuencias, las cicatrices, que lo marcan a uno de por vida. Hay quien sólo acepta la ayuda que reclaman sus deseos, y éstos, ya se sabe, siempre son volubles y caprichosos. Hay quien quiere rosas, pero huye despavorido de las espinas; quien anhela la luna, pero se esconde temeroso de la noche. No seas tú de esos que corren de aquí para allá a merced de los antojos de sus egos, ni tampoco te apesadumbres por ellos. El derviche no se aflige jamás ni por los vivos ni por los muertos. Halil Bárcena

Arnes (Catalunya)


En el sur de Catalunya, en el límite de la provincia de Tarragona con Teruel, hay una comarca, la Terra Alta, que es alta no tanto por su altitud, (aunque también), como por su belleza superlativa. Tal vez, uno de los lugares más propicios para comenzar a descubrir y saborear dicho rincón catalán único sea la población de Arnes, desde la cual hay una vista inmejorable de los Ports, un macizo montañoso que si no fuera por el temor a parecer cursi calificaría de mágico. Mejor aún, lo diré con el lenguaje de los sufíes: los Ports, las montañas más salvajes de la Catalunya meridional, poseen báraka, esto es, un don y una fuerza telúrica privilegiadas.



Desde Arnes, villa declarada bien de interés cultural que incluye numerosos edificios singulares, como, por ejemplo, su recio ayuntamiento renacentista, lo primero que uno avista de los Ports son las imponentes Rocas d'en Benet, cuyas caprichosas formas (una de ellas se asemeja a la cabeza de un perro) parecen esculpidas a propósito por ese legendario escultor llamado paso del tiempo, cuyo gusto estético resulta irreprochable.




La vista desde la cima de las Rocas d'en Benet, que albergan una importante colonia de cabras hispánicas, así como de buitres, alimoches y águilas reales, es sencillamente impresionante. Desde lo alto, se divisa la silueta recortada de algunos de los pueblos de la comarca, como el propio Arnes, Bot u Horta de Sant Joan, donde residió el joven Picasso por dos veces, antes de alcanzar la fama como pintor en París. La impronta que Horta y sus alrededores dejaron en el artista malagueño es de sobras conocida. ¿Acaso no está el cubismo picassiano insinuado ya en las formas cúbicas de las Rocas d'en Benet?



Cualquier época del año es buena para acercarse a la Terra Alta, pero quizás sea la primera quincena del mes de marzo, antes de la eclosión primaveral, la más propicia, pues es entonces cuando florecen los almendros, un acontecimiento natural de una belleza paisajística tan sobrecogedora como inenarrable. Pero, tampoco pasaría nada si por lo que fuere uno decidiese visitar la comarca poco después, ya que le saludaría entonces la floración de los melocotoneros y los cerezos. ¡Y qué decir del color de los melocotoneros! ¡Y qué, del sabor de las cerezas!




Y es que, de hecho, lo que más cautiva y seduce de la Terra Alta es su paisaje, sabia combinación de olivos centenarios, almedros, viñas y márgenes de piedra, que, en algunos casos, datan del tiempo árabe, un pasado que se deja sentir con fuerza en la toponímia de la comarca y en las norias y acequias que aún perviven.



Por último, el viajero no puede dejar de destacar uno de los dones más preciados que brinda la tierra marronosa de la Terra Alta, como es su vino, algo que, a buen seguro, hubiera hecho las delicias de Omar Jayyâm, el poeta y astrónomo persa, cantor, justamente, de las excelencias del vino tanto humano como místico. Y es que el vino se ha hecho cultura en la Terra Alta, como también en la comarca no muy lejana del Priorat; pero de ésta hablaremos en su momento.

Adentrarse desde Arnes hasta los Estrets y el desvencijado Mas de la Franqueta, testigo de un tiempo y de un estilo de vivir finiquitado para siempre, siguiendo el curso saltarín del río Estrets, arteria principal del lugar; para recostarse, más tarde, bajo un cerezo en flor, sintiendo el zumbido de las abejas y degustando un buen vino de la tierra (vino rojo de la intensidad del rubí y de la rosa), al tiempo que se leen unas cuartetas de Jayyâm, resulta, lo confieso, una experiencia irrepetible.

Halil Bárcena (marzo 2009)

domingo, 19 de abril de 2009

Como una mariposa


"Debes desear las alas de cientos
de miles de mariposas
para quemarlas ante la luz:
un par cada noche.
La mariposa ve la luz y se incendia.
Tú deberías ver el fuego y dirigirte a la luz"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)




Comentario:
Fue Mansûr-e Hallây, el sufí mártirizado en Bagdad (m. 922), quien por vez primera usó la imagen de la mariposa lanzándose hacia la llama encendida, como metáfora del derviche que atraido por la luz del conocimiento se adentra en él y perece en su fuego. Y es que en la senda interior no hay lugar para dos "yoes", no caben dos voluntades. Tomarse a sí mismo por alguien real es una auténtica ruina. De ahí que todo el afán de los grandes maestros sufíes haya sido posibilitar darse cuenta que, al fin y al cabo, uno no es sino el escenario privilegiado en el que la vida, que el hombre no ha elegido vivir, se despliega y se dice a sí misma. De ahí que podamos afirmar que el hombre de conocimiento es un vacío hecho transparente a través del cual habla lo divino. Por eso, sostienen los derviches, verse a sí mismo en ninguna parte es, simbólicamente hablando, ver a Dios en todas partes. Quien se vive a sí mismo como nada, lo vive a él como todo. Pero, que nadie se lleve a engaño, Dios no es más que una torpe -¡aunque eficaz!- figura antropomorfa para expresar lo que, justamente, no se puede expresar; una forma simbólica de referirse a la dimensión absoluta de la realidad. Nada, pues, en que creer; nadie al que someterse o pedir algo. Bien entendido, "Dios" no es, no puede ser jamás Dios. Halil Bárcena

jueves, 16 de abril de 2009

Adiós a Cortés y De Epalza


Cortés y De Epalza,

adiós a dos grandes arabistas


En los últimos meses, la islamología y el arabismo han perdido a dos de sus figuras más relevantes: Míkel de Epalza y Julio Cortés, traductores ambos del Corán, al catalán y castellano, respectivamente, dos obras excepcionales.
Catedrático del área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, De Epalza, uno de los mayores expertos en la cuestión mudéjar y morisca, falleció el pasado mes de diciembre, tras haber sufrido un grave accidente de coche el último verano.


De Epalza, nacido en la localidad francesa de Pau (1938), de familia vasca, dedicó buena parte de sus investigaciones a la que fue una de sus grandes pasiones intelectuales, según su propia confesión: la curiosa figura del franciscano mallorquín del siglo XIV Anselm Turmeda (después Abdallâh al-Taryumân, tras convertirse al islam en Túnez), a quien De Epalza dedicó su tesis doctoral, el año 1967, luego publicada en forma de libro, con el título Fray Anselm Turmeda (Abdallâh al-Taryumân) y su polémica islamo-cristiana. Edición, traducción y estudio de la Tuhfa (Madrid: Hiperión, 1994).

Conocí al profesor De Epalza, de quien fuí alumno de islamología, a principios de los años 90. Hombre de una gran afabilidad y trato exquisito con sus alumnos, me dirigió un trabajo universitario sobre la imagen del islam en la prensa occidental, lo cual me sirvió entonces para familiarizarme con la obra, aguijoneadora como pocas, del intelectual palestino-norteamericano Edward Saïd.

Por su parte, Julio Cortés Soroa (Bilbao, 1924), falleció el pasado 13 de abril en la población tarraconense de Creixell. Autor de una de las traducciones más reconocidas del Corán al castellano, publicada el 1980 y reeditada en varias ocasiones por Herder, el arabista vasco compuso también el Diccionario de árabe culto moderno (Madrid: Gredos, 1996), una de las aportaciones al arabismo más decisivas de las últimas décadas.


A pesar de su dilatado currículum académico, no lo tuvo fácil para integrarse en la pacata y endogámica vida universitaria española de la década de los sesenta, con lo que, el año 1967, hubo de buscar nuevos horizontes en Estados Unidos, donde ejerció de profesor de árabe y español en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapell Hill, hasta su jubilación. Al parecer, dedicó los últimos años de su vida a elaborar un diccionario de arabismos que, esperemos, vea la luz pronto. Vaya desde aquí nuestro más sincero reconocimiento y homenaje a ambos. Halil Bárcena

'Ushâq con Raimon Panikkar


'Ushâq pone música

a Raimon Panikkar


El pasado 1 de abril, tuvo lugar la presentación del primer volumen de la Opera Omnia en catalán de Raimon Panikkar (Barcelona, 1918), el pensador catalán contemporáneo más conocido internacionalmente. Doctor en filosofia, en ciencias y teología, su pensamiento alrededor del diálogo interreligioso e intercultural, desplegado en más de cincuenta libros y en más de mil quinientos artículos, ha merecido la celebración de congresos monográficos y ha sido estudiado por una cuarentena de tesis doctorales.



El acto, realizado en un CaixaForum de Barcelona lleno, contó con la presencia del propio autor y los testimonios de Victor Jou (catedrático de física de la UAB y poeta), Milena Carrara (responsable de la edición y presidenta de la Fundación Vivarium), Jordi Pigem (coordinador de la edición catalana) e Ignasi Moreta (editor de Fragmenta Editorial).

Abrió el acto la artista Anna Caixach, que recitó fragmentos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, acompañada por el grupo de música y danza sufíes 'Ushâq, formado por miembros del Instituto de Estudios Sufíes de Barcelona. Tras los parlamentos, intervino, nuevamente, 'Ushâq, que cerró el acto con una muestra del repertocio musical mevleví, que incluyó el samâ', la danza derviche del giro.



No era esta, sin embargo, la primera vez que 'Ushâq ponía música a Raimon Panikkar. Ya el otoño del 2004, 'Ushâq intervino en Tavertet, lugar de residencia de Panikkar, con motivo del 86 aniversario del pensador catalán.


Desde aquí nos sumamos al merecido homenaje recibido por el Dr. Panikkar y saludamos la iniciativa editorial de Fragmenta, que a lo largo de los próximos años ofrecerá al lector catalán los doce volúmenes que integran la Opera Omnia de Raimon Panikkar. Halil Bárcena

(Fotos de Josep Mañà)

lunes, 13 de abril de 2009

Cantar y beber


"Solía ser recatado.
Tú me hiciste cantar."
Solía rechazar las copas de la mesa.
Ahora pido vino a gritos.
Con dignidad sombría solía sentarme
en mi estera a rezar.
Ahora los niños la atraviesan,
haciéndome muecas"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)






Comentario:
El derviche preconiza un combate feroz contra el error y contra la pereza moral, pero también contra toda afectación. Y es que en la senda interior se transita con naturalidad, jamás con gesto artificioso y rebuscado. De ahí que sea un imperativo espiritual desenmascarar tanto la moralidad hueca de la religión, como la gravedad afligida de una cierta espiritualidad, que no es sino sentimentalismo y pedantería metafísica al cabo, que se toma a sí misma demasiado en serio, lo cual constituye el más ponzoñoso de los venenos. Así pues, el derviche, desbordante de gracia en el interior, ha dejado atrás toda timidez y recato, para vivir y beber; vivir plenamente y beber sin medida. Vivir y beber, y cantar la belleza, esplendor de la verdad, que anuncia lo divino en todo, incluso la mueca de un niño. Y... ¡nada más! Es de torpes aferrarse a los ritos y las reglas, si bien ignorarlos gratuitamente constituye una temeridad y, en un momento dado incluso, un incumplimiento del deber. ¿Rezar? Para el derviche, la atención perfecta, presencia viva, es oración. Halil Bárcena

Al.lâh no es un ser


"Al.lâh" no es un ser


Halil Bárcena





No existe comprensión posible de lo que el sufismo islámico es y representa sin una meditación en profundidad de las fuentes en las que se éste se basa, principalmente el Corán, texto sagrado del islam, del cual los propios sufíes llevaron a cabo, desde bien temprano, una fértil lectura estrictamente simbólica de su contenido.

En las líneas que siguen, nos detendremos en un punto crucial: la estrecha relación existente entre la naturaleza de la lengua árabe y el concepto de "Al.lâh", que hemos dado en traducir por "Dios" en nuestras lenguas occidentales. Ello nos ayudará a comprender la idea que sobre la divinidad se forjó el primer sufismo.

Desde sus inicios, el sufismo islámico aparece estrechamente ligado a la lengua árabe, lengua del Corán. Varios son los pasajes del propio texto coránico en los que se explicita que se trata de un “Qur’ân ‘arabî”, esto es, un “Corán árabe” (cfr. Corán 20, 113, por ejemplo).

De todos es conocido que el pensamiento del ser humano viene conformado por la naturaleza de la lengua en la que habla. Ésta, su estructura y andamiaje tanto sintáctico como semántico, nos da una visión del universo. No se trata sólo, pues, de un mero instrumento de comunicación, sino que modela y estructura todo nuestro pensamiento.

Un primer dato fundamental a tener en cuenta es que la lengua árabe carece de verbo ser, algo que causa no pocos dolores de cabeza al estudiante europeo, habituado a pensar y expresarse en lenguas muy distintas, cuando se inicia en el estudio del árabe. Y es que el núcleo fundamental de toda la filosofía europea gira, justamente, en torno a la cuestión del ser. La sorpresa que uno halla al adentrarse en el árabe es que es posible expresarse sin el verbo ser.

Más allá de otras cuestiones, lo que ahora nos interesa a nosotros aquí es darnos cuenta de que aquellas culturas, como la árabe, que carecen del verbo ser han de poseer por fuerza una apreciación de la realidad harto diferente a la nuestra. Pero, luego volveré sobre ello.

Otro rasgo característico de la lengua árabe es la preeminencia del verbo, que acostumbra a encabezar toda proposición gramatical, yendo el sujeto después. Y que el verbo sea preeminente significa que también lo es la acción. Por consiguiente, para la mentalidad semita árabe el fundamento de la existencia no es el ser, ya hemos visto que no puede serlo dada la ausencia de dicho verbo, sino la acción. La vida, la existencia en su totalidad, es pura acción. El gnóstico sufí murciano Ibn ‘Arabî lo expresaba afirmando que todo en la vida viaja y es viaje; incluso la lectura del Corán es un viaje. El persa Rûmî, por su parte, utilizaba la imagen plástica del derviche danzante para mostrar la misma idea. Todo gira, todo danza, o lo que es lo mismo, todo es acción. Eso es lo que el Corán trata de expresar mediante el concepto "jalq al-yadîd" o “creación constante”. La existencia, pues, para un árabe del siglo VII como el profeta Muhammad es una completa acción, sin un substrato o ser que la fije o soporte. Lo importante es el devenir y no el ser.

Dicho esto, ¿a qué se refiere un árabe como Muhammad cuando habla de Al.lâh? En primer lugar, no se trata de un sujeto, esto es, un ser, ya que no existe tal palabra para calificarlo, como hemos visto. ¿Qué es, pues, Al.lâh? Al.lâh no es un sujeto (ni tampoco un objeto), sino más bien una acción. Por consiguiente, el mundo no es sino el espacio en el que sucede la acción de Al.lâh, que podría ser equiparado a la naturaleza de verbo, más que a la de sujeto. Al.lâh es, en definitiva, el “existiendo”, el “sucediéndose” de las cosas. Así fue como se lo representó Muhammad y como lo vivió el primer sufismo.

domingo, 5 de abril de 2009

Intuiciones espirituales coránicas


Intuiciones espirituales

del Corán


Halil Bárcena







1. Del tawhîd o unidad de la existencia
El núcleo espiritual del sufismo se resume en una sola palabra: tawhîd o unidad de la existencia. Y esa es, al mismo tiempo, la intuición espiritual fundamental que nos lega el Corán, como libro de sabiduría, a los hombres y mujeres de hoy. El tawhîd afirma que todo cuanto existe es uno y, por consiguiente, expresión de la unidad.

2. Alcance espiritual del tawhîd o unidad de la existencia
El tawhîd o unidad de la existencia aparece formulado en el tahlîl, que es la expresión central del islam espiritual: “Lâ ilâha il.lâ Al.lâh”, cuya traducción es “No hay más divinidad que Dios”. En algunas ocasiones, el tahlîl aparece así también: “Lâ ilâha il.lâ Hû”, o lo que es lo mismo, “No hay más divinidad que Él”.

Dicha expresión, formulada en palabras y figuras mitológicas teístas, posee un doble alcance espiritual, que constituye, al mismo tiempo, su sentido más profundo: por un lado, la exclusión de toda dualidad en la realidad y, por otro, la llamada al reconocimiento de la unidad total y completa de la existencia.

Así pues, el tawhîd, leído con ojos de hoy, expresa que no hay más realidad que la realidad realmente real, que no es, por supuesto, la que construyen y modelan los deseos y necesidades de los individuos. Dicho de otra forma, el tawhîd expresa que todo es relativo excepto lo absoluto.

3. Implicaciones del tawhîd
Cuatro son las intuiciones espirituales que se despliegan a partir del tawhîd o unidad de la existencia, y que podríamos decir que son sus implicaciones:

a) La existencia es el campo de acción donde se expresa y multiplica la vida en múltiples e infinitos matices. Todo es expresión de la rahma o fuerza creadora de la vida, que es la materia prima, o si se quiere, la estructura interior que constituye el universo.

b) Todo cuanto existe en el universo, incluido el ser humano, es signo (ayâ) de la vida diciéndose a sí misma a través de todo.

c) El camino espiritual no es sino dhikr o recuerdo, que es reconocimiento y presencia viva también, de la realidad realmente real que se dice a través de signos.

d) Vivir en el recuerdo, reconocimiento y presencia de la rahma o fuerza creadora de la vida comporta un obrar amoroso y solidario en el mundo a favor de la vida, la paz y la justicia.

lunes, 30 de marzo de 2009

Muda elocuencia


"Vi, pero no puedo decir"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)





Comentario:
Primero es la conmoción, luego la denominación. Para el derviche, ver es comprender. La ceguera o la miopía, también bizquear, no son maneras de mirar, sino incapacidades de ver. En el derviche, la comprensión espiritual se acompaña siempre del sentido de la belleza, puesto que la verdad, esto es, la realidad realmente real, es en sí misma la esencia de la belleza; y ésta, el esplendor de la verdad. Pero, la comprensión, que exige la interiorización unitiva, hurta las palabras, las cuales pertenecen al mundo de la dualidad, de los sujetos y objetos. Por ello, el decir del derviche es un silencio penetrante y cristalino, nada más que muda elocuencia. Halil Bárcena

lunes, 23 de marzo de 2009

De la luna


"¡Oh, luna! Por ti el corazón se alegra.
Los demás existen, pero tú eres
el fuego de mi corazón.
El mundo se regocija con la fiesta de Nowrûz,
pero tú eres hoy mi fiesta y mi año nuevo"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)








Comentario:
En el simbolismo sufí, la luna representa al sabio, al hombre de conocimiento que es capaz de guiar a los demás con la pureza de su luz y su verbo profético, como la luna guía en la noche al peregrino que busca temeroso la casa de su amigo. La luna es, justamente, quien aviva el fuego interior del derviche con sus destellos de luz. Y es que sólo las palabras del sabio son capaces de encender de verdad los corazones. Quien holla la senda sufí sólo tiene oídos para el decir de los que saben. ¡Hay tanta palabrería huera! Al llegar la primavera, y con ella el nowrûz, el año nuevo persa, el mundo bulle de alegría. Pero, para quien reside en la presencia de la luna, que es el maestro, cada día es nowrûz, siempre es primavera. Halil Bárcena

lunes, 16 de marzo de 2009

De los signos de Él


"Nada conmovió mis ojos
salvo el manantial que brotaba"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)





Comentario:
El derviche ve y, por consiguiente, conoce lo que otros saben o creen (¡o creen saber!). No hay, pues, necesidad de creer para quien ha visto. Quien alza los ojos y mira más allá de sí mismo ve que todo es un signo divino, como el manantial tintineante que brota de la tierra y salta montaña abajo. Y eso es, y no otra cosa, lo que en verdad le conmueve. Todo es el rostro del Amigo, tal como lo llaman los derviches, que se nos insinúa haciéndonos guiños a través de cuanto existe. Porque Él, el que es, no constituye un añadido a la existencia, un otro de nada. Es interior al mundo y patente, al mismo tiempo, en todas las formas existentes. Y es que todo en el cosmos es una misma acción: la de Él, que no es un sujeto ni tampoco un objeto, sino el cumplimiento de las cosas, lo que hace que éstas sean lo que son. Halil Bárcena

lunes, 9 de marzo de 2009

Ver, no creer


"Tu mundo se extiende
hasta donde alcanza tu vista;
el mar que ves
tiene la misma proporción que tu ojo"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)





Comentario:
La realidad es mucho más que lo que a simple vista vemos. Al cabo, damos por real lo que no es sino nuestra parcial interpretación del mundo. Pero, el mundo, todo cuanto existe y es, no cabe en nuestros ojos, aquejados de miopía. Y es que lo que llamamos realidad sólo es nuestra lectura parcial e interesada de las cosas. De ahí que hollar la senda sufí implique ensanchar la mirada para ver más y mejor. Y digo ver, no creer. Al cabo, en la senda no se indicará jamás nada que uno no pueda comprobar -¡ver!- por sí mismo. El fundamento de la espiritualidad es la indagación, no la creencia acrítica. El problema estriba en que ¡son tan pocos los que prefieren ver a creer! Halil Bárcena

viernes, 27 de febrero de 2009

Del amor y el conocimiento


"Por amor,
las cosas amargas se vuelven dulces;
por amor,
pedazos de cobre se tornan oro;
por amor,
los sedimentos se aclaran;
por amor,
el dolor se vuelve cura,
por amor,
el muerto vive;
por amor,
el rey se convierte en esclavo.
Pero este amor es fruto del conocimiento"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)






Comentario:

El amor, expresión más sublime de la unidad de todo cuanto existe, es la fuerza del mundo, la que lo mueve y transforma desde dentro a cada instante. Así lo entendieron los derviches del pasado, quienes nombraron a su vía, justamente, la senda del amor. Con todo, no es la suya una enseñanza que apele al sentimiento. El amor del que habla el derviche es fruto del conocimiento. De ahí que las intuiciones espirituales fundamentales del sufismo, destiladas de la lectura simbólica que del Corán llevan a cabo los derviches, vayan dirigidas, primariamente, a la razón del hombre. Al fin y al cabo, lo que cuenta es ver. Y es que el sentimiento por sí sólo nunca puede proporcionar una base suficiente y sólida para el camino espiritual. Halil Bárcena

De la indagación


"Cuando has indagado y tu búsqueda
ha sido de todo corazón, tal empeño no falla"


Mawlânâ Rûmî (m. 1273)







Comentario:
La esencia de la senda sufí consiste en volverse con la totalidad del ser hacia el único que realmente existe y es, el Amigo, Él, Hû. No lo llamo Dios, puesto que hoy dicho concepto es más un estorbo que una ayuda en el camino espiritual. Si sigues las premisas de la senda, ensayadas durante siglos por linajes enteros de mujeres y hombres sabios y de conocimiento, no hay lugar para el extravío. Dos elementos previos se habrán de considerar siempre: eje de coordenadas bien colocado y sinceridad en la búsqueda. Poseer bien colocado el eje de coordenadas supone algo así como orientar el rumbo mediante el timón, que es la inteligencia, y tensar las velas, que son la fuerza de la pasión. Pero, recuerda, las velas son ciegas, a diferencia del timón. Y es que el viento sólo es favorable cuando el rumbo que marca el timón está bien orientado. Se llegará a puerto entonces, sin ninguna duda. Será más tarde o más temprano, pero se acabará llegando. Una indagación bien planteada, de todo corazón (y con todo el corazón), sin ambages ni titubeos, sin medias tintas ni líneas rojas infranqueables, jamás es fallida. Pero, ¿cuántos hay dispuestos a embarcarse en una tarea como esa? Halil Bárcena

jueves, 19 de febrero de 2009

Adiós al Shayj Hamza Shakûr


Adiós al Shayj Hamza Shakûr




El pasado 3 de febrero la cálida voz del Shayj Hamza Shakûr calló para siempre. Nacido el 1942 en Damasco, fue munshid, himnoda, y muqri, maestro recitador de Corán, de la gran mezquita de los Omeyas de la vieja capital siria. Poseedor de una atípica voz de bajo, Hamza Shakûr fue discípulo de Saïd Farhat y Tawfiq al-Munajjid, dos de los más importantes cantantes sirios del siglo pasado. Gran conocedor del repertorio musical de las distntas escuelas sufíes damascenas, especialmente la mevleví de los derviches giróvagos, Hamza Shakûr, cuya figura era tan imponente como entrañable, pasaba por ser uno de los últimos depositarios de una añeja tradición musical y de canto, hoy amenazada por el avance imparable de las modernas tendencias musicales.



Desde el año 1991, Hamza Shakûr encabezó el extraordinario Ensemble Al-Kindi, fundado por el qanunista francés Julien Yalal al-Dîn Weiss, con el que realizó más de cuatrocientas actuaciones musicales por todo el mundo, algunas de ellas en nuestro país, habiendo grabado varios CD's, referentes indispensables hoy de la música clásica árabe bien entendida y bien ejecutada. Personalmente, lo conocí a mediados de los años 90, cuando me hallaba estudiando en Damasco. Años después, durante un mes de Ramadán, lo visité en el aula en el que enseñaba. Jamás olvidaré ni las clases de recitación coránica, ni los consejos vocales que me brindó, ni su afable acogida. Era un hombre sencillo, cuya pasión fue la gran tradición vocal y musical de su país, que él interpretaba sin afectación y máximo rigor. Descanse en paz. ¡Rahimahu-l·lâh! ¡Hûuuu....! Halil Bárcena

miércoles, 11 de febrero de 2009

Eres lo que buscas


"Te convertirás en sol
si giras alrededor del sol.
Te convertirás en hombre verdadero
si giras alrededor de los sabios"

Mawlânâ Rûmî (m. 1273)




Comentario:
Serás lo que busques. Tan sencillo como eso. De hecho, eres ya ahora mismo lo que buscas. Si persigues la gloria de tu ego perecerás en sus garras. La codicia jamás se satisface del todo. No se puede ser al mismo tiempo un depredador y un amante. La presencia del derviche, del hombre de conocimiento en suma, es como un sol que ora quema ora reconforta, pero siempre ilumina. Búscalo y frecuenta su compañía tanto como puedas pues sólo su presencia podrá rescatarte de la mediocridad. Rodéate de buscadores que como tú ansíen de verdad algo más que el gris monótono de la vida cotidiana. Su estímulo resulta imprescindible cuando de caminar por la senda sufí se trata. Pero que sepas también que los hombres de conocimiento del pasado habitan en sus textos. Su lectura a fondo es casi como conversar con ellos. Por supuesto, me refiero a los grandes maestros de la espiritualidad sufí, no a los aprendices de brujo ni a los vampiros espirituales, esos cuyo propósito es vivir a base de robarte tu libertad y tus afectos. Y no te demores. No lo dejes para mañana. De verdad, podría ser demasiado tarde. Una persona que persiste en obrar desde y para el ego pierde gradualmente la capacidad de percibir lo sutil de la verdad. Es como si su corazón estuviese sellado. Y recuerda: es a quien más sabe a quien más le duele perder el tiempo. Halil Bárcena


Lecturas recomendadas

  • Abbas Kiarostami, Compañero del viento (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2006).
  • Khalili, Una asamblea de polillas (Mandala, 2012).
  • Masood Khalili, Los susurros de la guerra (Alianza, 2016).
  • Shams de Tabriz, La quête du Joyau. Paroles inouïes de Shams, maître de Jalâl al-din Rûmi. Trad. Charles-Henry de Fouchécour (CERF, 2017).
  • Tom Cheetham, El mundo como icono. Henry Corbin ya la función angélica de los seres, (Atalanta, 2018).

¡Ah... min al-'Eshq!

"A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”.
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos"

Mawlānā Ŷalāl al-Dīn Rūmī

¡... del movimiento a la quietud!

... de la palabra al silencio !!!

"Queda mucho por decir,
pero será Él quien te lo diga
para que lo entiendas, no yo"

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (m. 1273)